Redacción Animal Político · 7 de octubre de 2023
Que en Cuba no hay libertad de expresión no es realmente noticia. No hay libertad de expresión ni en su dimensión estructural -que requeriría la posibilidad de una prensa no atada a los designios del Estado y espacios de expresión en asociaciones civiles, con garantías mínimas para su ejercicio- ni en su dimensión pragmática, pues los intentos de libre expresión se encuentran, inevitablemente, con la restricción y el castigo. Sin embargo, la libertad de expresión no depende únicamente de los espacios que el Estado diseñe para ella. Depende, fundamentalmente, de la decisión de ejercerla a pesar de los obstáculos que encuentra.
Hace poco más de dos años, el 11 de julio de 2021 la ciudadanía cubana mostró que estaba dispuesta a manifestar, en el espacio público, su raigal descontento. Ese día, como gritó una señora en la calle, los cubanos “nos quitamos el ropaje del silencio”. El 11J, como pasó a conocerse, derrumbó con su irrupción uno de los mitos fundamentales del sistema político cubano: el del apoyo masivo e irrestricto del pueblo cubano a su gobierno.
A pesar de esa emergencia, las graves violaciones de derechos básicos en Cuba, carecen de la atención que requieren. Varias organizaciones regionales e internacionales reportan sistemáticamente sobre ellas pero estos reportes suelen caer en oídos sordos pues a la falta de libertad de expresión hay que sumar, en el caso cubano, el gigantesco esfuerzo de las narrativas oficiales por demeritar a quienes hacen el trabajo de visibilizar el problema, y la aceptación naturalizada de un supuesto excepcionalismo cubano, que haría de la ausencia de libertades civiles básicas, un precio a pagar por la existencia de derechos sociales.
Y a pesar de todo ello, la ciudadanía cubana va abriéndose paso, rompiendo su propio ropaje de silencio autoimpuesto, y empujando las barreras construidas a su alrededor para impedir que su voz sea escuchada. El proyecto Cubadata ha publicado un informe analítico con los resultados de una encuesta realizada en marzo de 2022 a 1775 personas dentro del país: Libertad de expresión en Cuba: Prevalencia de una mayoría silenciada. La conclusión del informe afirma que “3 de cada 4 cubanos(as) cree de forma sistemática que no existe libertad de expresión en Cuba. Esta mayoría se caracteriza por usar preferentemente medios alternativos de información, en vez de medios oficiales. Además, está en contra de poner restricciones a la LDE [libertad de expresión] y no cree que el gobierno garantice el ejercicio pleno y sin censura de la LDE, tanto en la vida civil como en los medios de comunicación. En esta mayoría hay comparativamente más desempleados, empleados privados e independientes.”
Los resultados de esta encuesta no resultan sorprendentes. Confirman, a través de una herramienta sociológica, lo que sabíamos por otras vías (análisis de las condiciones estructurales para el ejercicio del derecho, opinión pública en redes sociales y sistematización de datos sobre hostigamiento a la libertad de expresión). La opinión producida -vía encuesta y procesamiento de las respuestas- de que “tres de cada cuatro cubanos(as) cree de forma sistemática que no existe libertad de expresión en Cuba”, confirma que escenas como las de una mujer que grita “nos quitamos el ropaje del silencio” en las manifestaciones más grandes de todo el ciclo de revolución y totalitarismo cubanos de poco más de seis décadas, son evidencia tangible de la emergencia de una conciencia ciudadana, a pesar de la imposición del silencio, y de su deseo de conquistar los derechos que le han sido secuestrados durante ya demasiado tiempo. Puesto que la única respuesta a los reclamos ciudadanos ha sido más represión y más castigo, es probable que no falte mucho para que la libertad de expresión se haga palpable y tome nuevamente las calles. Porque los derechos se conquistan ejerciéndolos.
* Hilda Landrove Torres es doctora en Estudios Latinoamericanos y ensayista.