Las protestas en Bolivia

Joel Aguirre · 26 de mayo de 2026

Las protestas en Bolivia

Bolivia lleva ya varias semanas de intensas protestas, bloqueos en sus principales carreteras y enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del Estado. La ciudad de La Paz permanece prácticamente cercada por movilizaciones y enfrenta problemas de abastecimiento, mientras crece el temor a una posible crisis humanitaria. En el centro del conflicto se encuentran el aumento del costo de vida, la situación económica y el rechazo a las reformas impulsadas por el presidente Rodrigo Paz, quien apenas lleva seis meses en el poder y ya enfrenta demandas de renuncia por parte de diversos sectores sociales, sindicales e indígenas.

Uno de los principales detonantes de la crisis ha sido el deterioro económico, frente al cual organizaciones obreras y campesinas salieron a protestar bloqueando las principales carreteras del país. Bolivia enfrenta una inflación creciente, bajos salarios, una escasez de combustibles, la caída de las reservas internacionales y un agotamiento del modelo económico sostenido durante años por las exportaciones de gas natural.

Los manifestantes culpan al gobierno de Rodrigo Paz de la situación, pues impulsó recortes al gasto público y reducciones a los subsidios energéticos, medidas que provocaron un fuerte aumento en el costo de vida. La crisis se agravó por el escándalo de combustibles de mala calidad distribuidos por la estatal YPFB, situación que afectó a miles de personas y alimentó el descontento social. A la par, diversas organizaciones sindicales reclaman la depreciación de sus salarios frente a la inflación, mientras que organizaciones campesinas denuncian una reforma agraria que busca facilitar la venta de tierras agrícolas, pero que fue interpretada como un intento de favorecer la concentración de tierras en manos de grandes propietarios.

A la par, existe un creciente malestar por la posibilidad de una reforma constitucional en la que se abra la puerta a la privatización de los recursos naturales y reducir el papel del Estado en sectores estratégicos. Este cúmulo de denuncias encontró rápidamente apoyo en sindicatos, organizaciones campesinas e indígenas, históricamente vinculadas al partido Movimiento al Socialismo (MAS), que dominó la política boliviana durante las últimas dos décadas bajo el liderazgo de Evo Morales.

En este contexto, actores como la Central Obrera Boliviana (COB), sindicatos, organizaciones campesinas y agrupaciones indígenas aimaras y quechuas se sumaron a las protestas. Entre los actores más visibles destacan los Qaqachaka en Oruro y los “Ponchos Rojos” en La Paz, ambas, organizaciones indígenas reconocidas por su capacidad de movilización y confrontación política. Estos grupos acusan al gobierno de Paz de impulsar políticas contrarias al interés popular, favorecer intereses empresariales y de abandonar las bases populares e indígenas que históricamente sostuvieron al Estado plurinacional.

La influencia de Evo Morales es inocultable

El papel de Evo Morales es importante para entender la politización de la crisis. Aunque Morales enfrenta una orden de captura relacionada con un caso de presunta trata infantil y permanece políticamente atrincherado en el Chapare, continúa conservando influencia sobre importantes sectores campesinos y sindicales. El gobierno de Paz sostiene que Morales está utilizando las protestas para desestabilizar al nuevo gobierno y recuperar poder político tras la derrota electoral del MAS en las elecciones pasadas.

Incluso, se ha señalado que algunos de los bloqueos y movilizaciones más radicales han sido impulsados por sectores “evistas”, particularmente, sindicatos campesinos y movimientos cocaleros. Por su parte, Evo Morales rechaza estas acusaciones y afirma que las protestas son una reacción legítima frente al ajuste económico y la pérdida de derechos sociales.

Uno de los elementos más críticos del conflicto ha sido el uso sistemático de bloqueos carreteros. Las protestas han interrumpido rutas estratégicas que conectan La Paz con otras regiones del país, afectando el transporte de combustible, alimentos y suministros médicos al punto que se comenzó a temer por una posible crisis humanitaria en las ciudades bolivianas y el gobierno tuvo que buscar abrir “corredores humanitarios” para el tránsito de bienes esenciales.

Los bloqueos en distintas carreteras bolivianas han paralizado el país y los intentos de desbloquearlas han resultado en brotes de violencia. Las rutas entre Oruro y La Paz se han convertido en algunos de los principales focos de tensión entre manifestantes y fuerzas de seguridad.

La reacción del gobierno de Paz ha combinado intentos de negociación con medidas de contención y represión. El presidente anunció recortes salariales para él y sus ministros como gesto político frente al descontento social, además de impulsar cambios de gabinete y convocar un “consejo económico y social”. Paralelamente, el gobierno desplegó operativos policiales y militares para desbloquear carreteras y proteger instalaciones estratégicas. Aunque las autoridades afirman que no se han utilizado armas letales, organizaciones de derechos humanos y sectores opositores denunciaron muertes y uso excesivo de la fuerza durante enfrentamientos recientes cerca de La Paz.

Reacciones internacionales a la crisis en Bolivia

A nivel internacional, la crisis boliviana ha provocado fuertes reacciones diplomáticas. Estados Unidos expresó respaldo al gobierno de Paz y advirtió sobre posibles intentos de “desestabilización” o incluso un “golpe de Estado”, por parte de manifestantes que el Departamento de Estado considera como “delincuentes y narcotraficantes”.

Por su parte la Organización de Estados Americanos y la Unión Europea pidieron respeto al orden democrático y condenaron la violencia. Gobiernos afines a Paz, como Argentina, Chile y Ecuador, colaboraron con ayuda humanitaria y puentes aéreos para abastecer La Paz. En contraste, el presidente colombiano Gustavo Petro defendió públicamente a los manifestantes y criticó al gobierno boliviano, generando tensiones diplomáticas entre ambos países.

La situación en Bolivia, más que un conflicto coyuntural, es el agotamiento de un modelo político y económico que durante años logró contener las tensiones sociales mediante subsidios y cohesión política bajo el liderazgo del MAS. Lo que vemos hoy es una combinación explosiva de polarización política, crisis económica y fractura territorial que amenaza con profundizar aún más la inestabilidad del país andino.

La gran incógnita es qué depara el futuro para Bolivia, si un proceso de militarización como respuesta a las protestas, que podría derivar en un estallido social de mayor escala, o concesiones a las demandas de las organizaciones populares seguidas de reformas políticas o incluso nuevas elecciones como resultado de las protestas.

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@adrianmarcelo96