blogeditor · 5 de julio de 2014
Por: Narciso Suárez Flores
Dentro de todo el fervor mundialista que está llegando a su cúspide, un tema frecuentemente analizado por los expertos[1] en futbol es el de por qué equipos considerados favoritos han quedado eliminados y por qué otros, ni remotamente favoritos, han seguido avanzando. Que si América es para los americanos, que si la humedad de Brasil afecta especialmente a los europeos, o que si los asiáticos son simplemente muy malos, son hipótesis que se comentan casi cada noche durante el último mes en los diferentes programas mundialistas en la televisión.
Sin embargo, una hipótesis que considero especialmente interesante, y que creo ya se convirtió en lugar común, es que las selecciones en cuyas ligas juegan un alto número de extranjeros se han visto afectadas, ya que estos extranjeros obstaculizan el desarrollo del talento local. Esta hipótesis infiere que una buena solución sería la de disminuir, a través de alguna regulación, el número de extranjeros en los equipos de las ligas locales.
En el presente texto examinaré algunos sucesos que considero relevantes y que han consolidado un modelo de libre tránsito internacional en el mercado laboral del futbol. También intentaré mostrar por qué los incentivos de los participantes en este mercado (FIFA, clubes, jugadores) no están alineados, y lo que es importante o prioritario para unos no necesariamente lo es para los otros. Por último, presentaré algunas hipótesis a favor y en contra del establecimiento de cuotas para extranjeros en las ligas locales con el objetivo de mejorar el rendimiento de las selecciones nacionales. Complementaré estas hipótesis con evidencia que fortalece la posición de que el libre tránsito (importaciones, en especial) de futbolistas puede tener un efecto neto positivo en las selecciones nacionales.
El mercado laboral de futbolistas, en muchos sentidos, se parece a un mercado de bienes de capital o de producción: una organización paga a otra un monto por hacerse del uso exclusivo de los servicios de los jugadores y éstos, como cualquier activo, se aprecian o deprecian con base en su desempeño relativo. No se me ocurre otro mercado laboral legal en el que esta dinámica tenga lugar. Se puede discutir –y con todo el sentido– si este mercado es ético o no, pero eso puede ser tema para otra ocasión.
Una vez que tenemos claro lo anterior, no nos debería de sorprender que el boom en el tránsito internacional de futbolistas comenzó a principios-mediados de la década de 1990 con el surgimiento de diferentes tratados de integración económica y de comercio internacional, con la caída del comunismo y la consolidación de la Unión Europea. Esto último tiene especial relevancia, ya que también abrió las fronteras a la migración laboral entre los países miembros.
A causa de esta transformación económica laboral en Europa, ocurrió un evento que cambió radicalmente la migración laboral de futbolistas: el Caso Bosman. Jean Marc Bosman era un futbolista belga, prácticamente desconocido fuera de su país, que en julio de 1990 estaba a punto de finalizar contrato con su club en Bélgica, el RFC de Lieja. Otro club, el francés Unión Deportiva Dunkerque, estaba interesado en contratarlo, pero el RFC de Lieja pidió una indemnización que el club francés no estaba dispuesto a pagar. En consecuencia, Bosman llevó su caso a los tribunales belgas, los cuales resolvieron que Bosman podía continuar su carrera en Francia si así lo decidía. Inmediatamente después, la UEFA (Unión Europea de Fútbol) se puso del lado de la Federación Belga, ya que temía que esto creara un precedente y se convirtiera una amenaza a su control, y apeló esta decisión ante un tribunal europeo. Finalmente, en 1995 un tribunal europeo declaró prohibidas tanto las indemnizaciones por traspasos como las cuotas de extranjeros de países miembro de la Unión Europea.
A partir de este momento, empezó el fenómeno de flujos masivos de futbolistas alrededor del mundo y la diversidad de las plantillas de los clubes de futbol, especialmente en Europa, se incrementó sustantivamente. Para darnos una idea del impacto que este acontecimiento, veamos la tabla 1 a continuación:
Tabla 1: Porcentaje de extranjeros sobre el total de futbolistas en algunas ligas
| País / Liga de Primera División | 1995 | 2014 |
| España | 20% | 38% |
| Italia | 12% | 54% |
| Alemania | 23% | 46% |
| Inglaterra | 28% | 69% |
Fuente: Transfermarket
Por otro lado, estos cambios político-económicos en los países y en el mercado laboral de los futbolistas también tuvieron implicaciones muy importantes en los clubes. Los equipos con más recursos económicos en las principales ligas del mundo (Barcelona, Real Madrid, AC Milan, Bayern Munich, entre muchos otros) tuvieron acceso a una oferta de futbolistas más amplia, quienes a la vez les generaron más ingresos, y la brecha entre “ricos” y “pobres” se amplió entre los clubes de fútbol. Para ilustrar lo anterior, en el 2014 el valor de mercado estimado del total de los jugadores del Real Madrid es de $571 millones de euros, mientras que para los del Almería (también de la primera división de España) es de $32 millones de euros. En Inglaterra, el valor estimado de la plantilla del Machester City es de $451 millones de euros, mientras que la del Leicester City es de $30 millones de euros. Y casos similares se pueden encontrar en las principales ligas de Europa.
La atracción de los más talentosos jugadores, por parte de los principales clubes europeos, también ha generado beneficios para sus respetivas ligas, ya que sus juegos son más atractivos tanto para sus seguidores locales como para la creciente base de aficionados alrededor del mundo. A raíz de todo lo anterior, las competiciones entre clubes han logrado convertirse, en algunos casos, en la prioridad para muchos aficionados, incluso por encima de las competiciones entre países, incluido el mundial de futbol.
Creo que antes habría que complementar la pregunta anterior con un importante ¿para quién?
Justo hace unos días se publicó una encuesta que se aplicó a 21,000 personas a lo largo de 15 países. Entre otras cosas, la encuesta trata de medir las preferencias de aficionados al futbol en estos países. Para una ligera mayoría del total de los encuestados –el 52%– su equipo favorito es su selección nacional. Sin embargo, hay excepciones, como es el caso de los encuestados en el Reino Unido y en España, para quienes sus equipos favoritos son sus respectivos clubes en un 66 % y 52 %, respectivamente. Es importante tener este tipo de información, ya que nos permite entender la varianza que existe en cuanto a las preferencias de los aficionados, y cómo a partir de eso hay toda una cadena de decisiones de consumo en la que para muchos, la prioridad no es su selección nacional.
Obviamente otro grupo importante cuyas prioridades habría que analizar es el de los jugadores. No conozco alguna encuesta sobre si los jugadores prefieren jugar con su selección o con sus clubes. Si existiera, sospecho que estaría muy sesgada y no contestarían con la verdad. Es entendible que un jugador no quiera quedar mal con ningún posible empleador, o con los aficionados de su club o de su selección. Sin embargo, existen casos que permiten inferir que para muchos jugadores la gran prioridad son sus clubes. Un ejemplo familiar y reciente es la negativa de Carlos Vela –para muchos el mejor jugador de México– de ir al mundial de 2014 con la selección mexicana. Aunque menos escandaloso, otro caso es el de Francesco Totti, histórico jugador italiano del AS Roma, que a sus 31 años renunció a la selección italiana.
Creo que es muy fácil ponerse la camiseta nacionalista y criticar a los jugadores cuya prioridad no es la selección nacional. Pero cómo no entender la lealtad que futbolistas como Xavi o Steven Gerrard le pudieran llegar a tener a sus clubes por encima de sus selecciones, si dentro de ellos han pasado más de 20 años, incluyendo gran parte de su infancia y adolescencia, desarrollando sus exitosas carreras profesionales hasta hoy.
Finalmente, otro grupo de interés relevante es el de las Asociaciones o Federaciones de futbol y el de la FIFA. En cuanto a las asociaciones o federaciones de futbol de los países, habría que irnos una por una para entender sus principales fuentes de ingresos, y en consecuencia su posición frente a darle prioridad a los clubes o a las selecciones. Habrá algunas cuyos ingresos dependen casi en su totalidad de los juegos de sus selecciones y habrá otras que se benefician más teniendo una liga atractiva y clubes con muchos ingresos.
En el caso de la FIFA, el 83 % de sus ingresos –de $4,189 millones de dólares durante el período 2007 –2010 (promedio de $1,047 millones anuales en este período) de acuerdo a sus estados financieros– se derivó de derechos de televisión y marketing del mundial de futbol. Por lo tanto, es evidente que para la FIFA las selecciones nacionales son lo más importante. Sin embargo, y como se mencionó anteriormente, los ingresos de los clubes han crecido de manera significativa en los últimos veinte años. De acuerdo a un análisis de la consultoría Deloitte, el Real Madrid y el Barcelona ingresaron en conjunto alrededor de $1,061 millones de dólares en el 2010. Solo dos equipos tuvieron los mismos ingresos que toda la FIFA. Si sumamos a los otros miembros de lo que era el G14[2], nos podemos dar cuenta de que la balanza de poder puede estar más cargada del lado de los clubes.
Dado el contexto anterior, propongo el siguiente diagrama que simplifica quiénes podrían estar a favor y en contra, con sus respectivas influencias en la toma de decisiones, del libre tránsito internacional de futbolistas.
Por un lado, existe una gran cantidad de comentaristas deportivos y periodistas en México[3], quienes piensan que definitivamente sí. La lógica es muy sencilla e intuitiva: entre más extranjeros lleguen a la liga local, menos oportunidades tendrán los jóvenes talentos nacionales para jugar y consolidarse. Un argumento generalmente usado es que a los clubes les sale más barato importar un extranjero con experiencia que invertir, con su correspondiente riesgo, en jóvenes nacionales. Consecuentemente habrá un universo muy limitado de jugadores nacionales para proveer a la selección nacional. Como evidencia de esta hipótesis, generalmente se da el constante mal desempeño (más adelante veremos si éste ha cambiado mucho a través del tiempo) de la selección inglesa y los recientes fracasos de las selecciones española e italiana en el Mundial en curso. Las ligas de estos países cuentan con porcentajes de extranjeros del 69%, 38% y 54% respectivamente. Como referencia, en México es del 24%.
Lo que no se menciona es que España e Italia son los dos últimos campeones del mundo y en ese entonces sus ligas ya tenían una gran presencia de extranjeros. Tampoco se menciona que Alemania, Bélgica y Holanda, queya están en cuartos de final del mundial en curso, tienen porcentajes de extranjeros en sus ligas de 46%, 48% y 30%, respectivamente.
Por otro lado, hay también periodistas y académicos aficionados al futbol (muy clavados, por cierto)[4] que han tratado de hacer investigaciones un poco más robustas y que han concluido lo contrario: la presencia de extranjeros genera no solamente una competencia, sino también una transferencia de capacidades y conocimientos, que es aprovechada por y hace más competitivo al talento local. Tal como en muchos otros sectores económicos.
Argumentan que el imponer una cuota de extranjeros en las ligas locales solo incrementaría el costo de los jugadores (tanto en su precio como en sus sueldos, debido a la menor oferta) y no su calidad. Adicionalmente, esta cuota tendría efectos regresivos, ya que el incremento en los costos sería más sensible para los equipos con bajos presupuestos.
Como se mencionó anteriormente, el caso típico para argumentar que demasiados extranjeros tienen efectos negativos en la competitividad de las selecciones nacionales es el de Inglaterra. En su libro “Soccernomics”, Simon Kuper y Stefan Szymanski muestran cómo en realidad el desempeño de la selección inglesa prácticamente no ha variado (ha mejorado un poco, incluso) desde la era “pre-apertura” a la era “post-apertura”. Muestran que el porcentaje de victorias del equipo desde 1968 a 1992 es del 52%, mientras que de 1998 al 2014 ese porcentaje aumentó al 62%. Es decir, si las expectativas en la selección inglesa son muy altas mundial tras mundial, es por la gran exposición que tiene su liga, pero eso no quiere decir que los futbolistas ingleses alguna vez hayan sido parte de la élite mundial de este deporte (una vez que se expandió globalmente, claro está). Aun así, y como se muestra, su selección sí ha tenido una mejora marginal en los últimos veinte años.
Adicionalmente, Baur, et al. 2008, llevó a cabo un análisis de las selecciones que participaron en el mundial del 2006. En él trata de encontrar una relación entre el número de extranjeros en las ligas de las selecciones participantes (importaciones), el número de jugadores de las selecciones participantes que juegan en el extranjero (exportaciones), y el desempeño de sus selecciones correspondientes. El análisis concluye que tanto el número de jugadores importados como exportados tienen una correlación positiva con el ranking de la FIFA de las selecciones correspondientes. Es decir, a mayor cantidad de jugadores importados y exportados, una selección tiende a estar mejor ubicada en el ranking de la FIFA. Dicho de otro modo, hay una relación entre una alta exposición a la competencia externa y un mejor desempeño de las selecciones nacionales.
En un ejercicio similar, se tomaron los datos de los jugadores y de las selecciones que asistieron a los mundiales del 2006 y del 2010. Por un lado, los jugadores que juegan en ligas (de primera división) fuera de los países que representan son considerados exportaciones. Por otro lado, los jugadores extranjeros que juegan en las ligas (de primera división) cuyos países asisten al mundial son considerados importaciones. La suma de esta dos variables (exportaciones e importaciones) nos da la “exposición a la competencia” de cada país. Por cierto, este enfoque es muy similar al que se usa para medir la integración de los países a las cadenas globales de valor en otros sectores. Adicionalmente, el desempeño de cada selección es medido de acuerdo a la posición en la que finalizó en dichos mundiales. Los hallazgos se encuentran en la figuras 1 y 2.
Como se observa, en el mundial de 2010 tres de los seis equipos con mayor exposición a la competencia terminaron en los tres primeros lugares (España, Holanda y Alemania). Es importante señalar que la exposición a la competencia de Inglaterra e Italia se dio solamente a través de jugadores extranjeros en sus ligas (81 y 50, respectivamente), ya que todos los seleccionados de dichos países jugaban dentro de sus propias ligas. En este mundial, México finalizó en la posición 14, y nuestra liga contaba con 7 seleccionados de otros países (importados) mientras que 9 de nuestros seleccionados jugaban en otras ligas (exportados).
En el mundial de 2006, esta correlación fue más sólida aún. De los países que terminaron en las nueve primeras posiciones, siete contaban con las exposiciones a la competencia más altas. Es importante señalar de nuevo que la exposición a la competencia de países como Italia e Inglaterra se debe principalmente a sus importaciones, mientras que la de Argentina y Brasil se explica por sus exportaciones. Países como Francia y Holanda la obtienen de las dos formas. México en ese mundial finalizó en la posición 15, con una exposición a la competencia de 8 (4 importaciones y 4 exportaciones).
Creo que es fácil –e incluso políticamente correcto– caer en el cliché de que bajar el número de extranjeros beneficiaría en el largo plazo a la selección nacional. Muchos, incluso intentan suavizar esto proponiendo que sí vengan extranjeros, pero solo de calidad. Pero si ese fuera el caso, no me explico cómo se implementaría esta propuesta: ¿acaso habría una comisión de sabios futboleros decidiendo quién sí y quién no es apto? ¿Forzarían a clubes y entrenadores a no contratar a quienes ellos consideran pertinentes con base en su análisis costo-beneficio? Hasta en las mejores ligas del mundo hay extranjeros pésimos.Por ejemplo, cada vez que se piensa en extranjeros en España, seguramente Cristiano Ronaldo y Lionel Messi son los primeros nombres que nos vienen a la cabeza, y no los de Jonathan Zongo o de RamonAzees (extranjeros del Almería, por cierto). Implementar una medida de cuotas con base en la “calidad” suena totalmente discriminatorio y poco asequible.
Por otro lado, la mayoría de los autores citados en el presente texto coinciden en que los factores que sí tienen un impacto en el desempeño en el largo plazo de las selecciones nacionales están relacionadosal ingreso per cápita de los países, el tamaño de sus poblaciones y a la experiencia acumulada (exposición a la competencia y transferencia de capacidades). Difícilmente las decisiones en el futbol tendrán impacto significativo en el ingreso per cápita de los países y en el tamaño de sus poblaciones. En lo que sí podrían tener un impacto es en la exposición a la competencia y transferencia de capacidades.
Para finalizar, propongo algunas ideas a explorar que podrían tener un impacto en estos últimos factores.
1. Desarrollo de las fuerzas básicas en los clubes
Existen casos de éxito rotundo de clubes en la formación y consolidación de futbolistas, notablemente el Ajax de Holanda y el Barcelona de España. Estos clubes no desarrollaron futbolistaslocales por altruismo con sus selecciones nacionales. Desarrollaron futbolistas porque, incluso en un mercado sin cuotas a las importaciones, identificaron que este mecanismo le generaba beneficios deportivos y económicos a sus organizaciones. En consecuencia, los jugadores españoles de las fuerzas básicas del Barcelona se convirtieron en el insumo principal de la selección española ganadora de las Eurocopas del 2008 y 2012, y del mundial de 2010.
Un aspecto fundamental de las fuerzas básicas de estos equipos es que no solo son academias de futbol, sino escuelas. Los muchachos no tienen que tomar la decisión entre estudiar o aspirar a ser futbolista profesional. La formación en estas instituciones permite que puedan intentar las dos cosas.
2. Más presencia de extranjeros en la liga mexicana (importaciones)
La verdad creo que amerita una buena investigación encontrar el origen del mito de que en México hay muchos extranjeros. Actualmente el 26% de los jugadores de la primera división en México son extranjeros. Comparado a países como Bélgica (48%), Alemania (46%), Francia (44%), España (38%), o hasta la MLS en Estados Unidos (44%), este porcentaje en México parece ser muy bajo. Mayor exposición a la competencia a través de este medio podría ser benéfico.
Una consecuencia indirecta de aumentar el número de extranjeros en México es que los sueldos relativos de los jugadores en México podrían bajar. Esto incentivaría que jugadores locales buscaran mejores opciones laborales en el exterior, incrementando también la exposición a la competencia a través de las exportaciones.
En todo caso, es importante no cometer un error que se comete continuamente en nuestro país en diferentes aspectos y en numerosas ocasiones: la implementación de ocurrencias. Por lo tanto, creo que al menos se necesitaría profundizar mucho más en las consecuencias que implementar una medida de menor o mayor apertura podría generar.
[1] Personas que se dedican profesionalmente a jugar, analizar, comentar o escribir sobre fútbol.
[2] Grupo de 14 equipos con ingresos muy altos: Barcelona, Real Madrid, Juventus, AC Milan, Internazionale, Liverpool, MachesterUnited, BayernMunich, BorussiaDortmund, Olympique de Marsella, Paris Saint-Germain, Ajax, PSV Eindhoven, FC Porto,
[3] Ver: André Marín,Roberto Gómez Junco,David Faitelson,Miguel Gurwitz,Javier Alarcón, y Pascal Beltrán del Río.
[4] Ver Baur, et al., 2008.; Lyttleton, 2013.; Ingersoll, et al. 2013. ; Simon Kuper y Stefan Szymanski, “Soccernomics“, 2014.