Redacción Animal Político · 11 de enero de 2023
Cuando comenzamos un nuevo año pensamos que traerá “torta bajo el brazo”, nos hacemos propósitos viables y otros no tanto, desde que este será el año para bajar de peso, conseguir pareja, comer saludable, comenzar a ahorrar para el retiro y conseguir una nueva chamba. Lo que nadie nos dice es que, para conseguir todos nuestros propósitos, tenemos que llevar a cabo un sinfín de esfuerzos y muchos de estos ni siquiera dependen de nosotros.
Empezamos el 2023 con la noticia de que el ISR bajará y que ahora los trabajadores pagaremos menos; también a finales del 2022 supimos que el salario mínimo aumentaría un 20 % para todos aquellos que ganaban entre uno y dos salarios mínimos, pero este panorama nos debe hacer preguntarnos: ¿será acaso que todos tendremos oportunidades de crecimiento para nuestros bolsillos?
Acorde con el Fondo Monetario Internacional (FMI) se estimaba que cerraría el 2022 con un incremento en la producción de 2.1 % y que para el 2023 la economía crecería 1.2 %, con un PIB menor que en años previos, teniéndose una recuperación después del 2024 con una inflación del 4.8 %. Estas cifras, a pesar de ser más “optimistas” para 2023, viene cargada de otras variables, entre ellas las constantes variaciones económicas y sociales del mercado nacional e internacional.
México es un país cuyas brechas en la población son sumamente visibles, la desigualdad económica y social está a simple vista. De acuerdo con el Banco Mundial (BM), formamos parte del 25 % de los países con mayores niveles de desigualdad y cuyo Coeficiente de Gini se ubica en 0.45, donde 1 es el punto que corresponde a la perfecta desigualdad y 0 es el punto óptimo de igualdad entre sus habitantes.
Cuando pensamos en trabajo, este escenario no se vislumbra de manera más optimista. La desigualdad laboral la medimos mediante el empleo formal e informal y tan solo en el tercer trimestre de 2022, según la ENOE (2022), la suma de las personas en todas las modalidades de empleo informal fue de 31.9 millones. Esto representó el 55.6 % de la población ocupada, un incremento de 500 mil personas respecto al mismo lapso de 2021. De estos, 16.2 millones conformaron específicamente la ocupación en el sector informal, un crecimiento de 180 mil personas que constituyeron 28.2 % de la población ocupada.
Entonces nos encontramos ante un escenario donde quienes laboran en el sector formal pueden pasar a la informalidad con total rapidez debido a la incapacidad de certeza laboral y al constante movimiento de los sectores en donde se encuentran insertos, así como la necesidad de la subocupación para poder hacer frente a la creciente necesidad de un ingreso que les dé calidad de vida para el trabajador y sus familias.
Otro de los indicadores de desempeño laboral es el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP), que estima el CONEVAL de manera trimestral con datos de la ENOE, que permite dar seguimiento trimestral a la evolución del ingreso laboral y su relación con la canasta alimentaria para obtener, en otras palabras, el porcentaje de personas que laboran pero que es insuficiente su ingreso para satisfacer sus necesidades alimentarias. De acuerdo con estas cifras del tercer trimestre del 2022, la población cuyo ingreso laboral fue inferior a la canasta alimentaria aumentó de 38.2 % a 40.1 %, que se traduce en la reducción de ingresos laborales por persona ya descontando la inflación. La pobreza laboral a nivel nacional del tercer trimestre de 2022 es mayor al porcentaje observado antes del inicio de la pandemia en el primer trimestre de 2020 (36.6 %).
En el ámbito rural y urbano se presenta una situación similar, ya que los porcentajes de pobreza laboral en el tercer trimestre de 2022, 53.2 % y 36.0 %, son superiores a los mostrados en el primer trimestre de 2020, cuando se encontraban en 50.3 % y 32.3 %, respectivamente (CONEVAL, 2022)
Las condiciones del mercado de trabajo siguen siendo vulnerables, aunado al efecto de la inflación y el mercado internacional que trae afectaciones en los bolsillos de todos los mexicanos, y que colocan a los trabajadores de la base de la pirámide en una situación frágil ante cualquier variación de la economía, donde quienes apenas habían mejorado un poco pueden caer en la precariedad y a niveles salariales empobrecidos. La tendencia en la desigualdad laboral es también cambiante entre hombres y mujeres, por grupos etarios, etnias, nivel de escolaridad y un largo etcétera.
Si bien aquí podemos tomarnos un momento y sentarnos a ver un panorama que pinta a no ser tan positivo, es también una llamada de atención para no quitar de vista el tema de mejora en las condiciones de los trabajadores, las regulaciones del trabajo del hogar, el subempleo y las condiciones no formales por los que muchos atraviesan.
El año 2023 llega con un sabor agridulce, pero con la esperanza de que se generarán cambios que beneficien al motor de la economía mexicana. Entonces los propósitos más bien deberían ir enfocados en el trabajo colectivo, en la lucha por la igualdad, la creación de oportunidades de nuevos empleos, estrategias para combatir la pobreza por medio de políticas públicas y la integración de reformas estructurales que aporten beneficios para todos.
* Adriana González (@ccocky5) es mercadóloga, socióloga y demógrafa, apasionada por las estadísticas, la población, la investigación y la geografía social.