Prohibido levantar faldas

blogeditor · 14 de marzo de 2016

Prohibido levantar faldas

Prohibido levantar una falda, a menos que la mujer quiera.

El micromachismo es la práctica de violencia en la vida cotidiana que sería tan sutil que pasaría desapercibida, pero que reflejaría y perpetuaría las actitudes machistas y la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres.

Esos pequeños gestos cotidianos. Los que se dan en el ámbito más íntimo, el de la pareja principalmente. Aquellos que se ignoran por pequeños. Son, ni más ni menos que la base del iceberg, el que sostiene las creencias, la educación, la desigualdad en el trabajo, en lo doméstico, en la trata de personas… hasta llegar a las más de 600 mujeres asesinadas en la última década.

Yo recuerdo cuando era pequeña que mis hermanos estaban exentos de hacer quehaceres en la casa y eso es algo ante lo que siempre me rebelé.

La primera batalla ganada fue en el hogar, no paré hasta que conseguí que ellos hicieran sus camas. Ese paso, que podría parecer tan pequeñito, fue toda una victoria y me hizo comprender como niña que tendría que trabajar duro para conseguir mi lugar como mujer en el mundo.

Training to be Batman's wife

La mujer sigue dedicando el doble de tiempo a las tareas domésticas que el hombre y si hablamos del cuidado de los hijos e hijas y de las personas dependientes que pueda haber en casa, también las máximas responsabilidades siguen recayendo sobre nosotras.

Desde niñas a las mujeres se nos ha educado para ello. Los primeros regalos que recibimos son cocinitas, bebés a los que hay que cambiarles los pañales y darles de comer… No recibimos pelotas ni coches de carreras. Se nos educa en la desigualdad, a asumir esos roles, a ser princesitas y no heroínas.

Por eso ellos no asumen ser cuidadores ni hombres entregados a las tareas del hogar. A las mujeres, a través de la literatura infantil, por ejemplo, se nos ha educado a cuidar y a esperar, a que sean los demás los que tomen las decisiones por nosotras, a esperar al príncipe azul, a que alguien nos salve y nos rescate. Por eso hay que romper, a través de la educación, con todos estos roles y comprender que somos nosotras las únicas que podemos ser las protagonistas de nuestras vidas.

[contextly_sidebar id=”2EDdEGyQzVtcgzcYCRMglCXtTLPw3Uc1″]El síndrome de la cenicienta, consistente en la autopercepción como parienta pobre pero afortunada, viviéndose como torpe, mutilada, poco diestra, siendo enseñada o reprendida por cualquier razón o sinrazón, sólo para mantenerla como dependiente es un papel atroz, pero que sigue vigente en cada hogar.

Y digo con esto que la punta del iceberg se deja entrever cuando pasan cosas como ataques en la vía pública, desde alzarle la falda a una mujer hasta solicitarle requisitos burocráticos para validar su denuncia, todo apoyado de comentarios nefastos en las redes sociales.

Este tipo de microviolencias parece llevar a las mujeres a pagar un precio muy alto, la propia libertad y autodeterminación, a la hora de plantearse el formar una familia si encuentran frente a sí hombres que utilizan este tipo de estrategias de permanencia en el poder.

Si bien cada día la violencia ejercida contra la mujer ha sido censurada cada vez más en su forma explícita, las formas más silenciosas (microviolencias) se siguen ejerciendo y son causa de explosiones de violencia de carácter grave contra éstas.

Tenemos que empezar las mujeres a no ser ni sentirnos “víctimas”, a consolidar nuestra autoestima, a denunciar sin miedo el abuso, a negarnos a la intimidación y lo que es sumamente importante, a no guardar silencio.

Tengo una amiga a la que le cuesta encontrar camisetas de deportes o superhéroes para su hija, porque la sección de niñas es rosa y con princesas y a ella no le gustan. Otra que hace poco tuvo un bebé y como no quiso saber si sería niño o niña, le compró la ropa gris y amarilla…

¿Estamos cambiando?

Echénle un ojo a este video. Y nos leemos pronto.

 

@maricelarosales