cynthiaram · 20 de abril de 2011
La cursilería no tiene horario ni fecha en el calendario. Prueba de ello es la cursilería galopante de las telenovelas de este májico país que en 2008 cumplieron 50 años de edulcorar la vida de la gran familia mejicana.
Después de ver un par de capítulos de cualquier melodrama telenovelesco uno no puede evitar tener la sensación de que si ya vio una telenovela, las ha visto todas. [Sí, sí, los 827 títulos que cinco décadas de miel arrojan como saldo]
Hagamos una prueba ¿les suena conocida la siguiente historia?:
Un protagonista pobre y de familia numerosa [of course] queda huérfano a temprana edad [El drama desde la cuna es básico] y es encomendado a su malévolo y explotador tío campesino [El villano a escena].
El protagonista, harto de los maltratos de su tío, huye a la Gran Ciudad con la esperanza de poder contactar a la hermana [Amable y bonachona] que trabaja como cocinera [Guisos con sabor a hogar perdido] para una acomodada familia de origen extranjero [El sueño a alcanzar].
Al llegar a la Gran Ciudad, el escenario no puede ser más desolador. Nuestro protagonista lleva días de camino, está muerto de hambre, sus huarachitos son hilachas y solo conoce su lengua materna [Una lengua indígena para imprimirle máaas dramatismo]. No puede hacerse entender, no sabe leer ni escribir. [Sniff, sniff]
Con el visto bueno del patrón de la hermana, un comerciante de apellido corto pero más o menos rimbombante, se inicia como trabajador doméstico [De criadito, pues]. Poco tiempo después conoce a la hija de los patrones [El amor a escena], 20 años menor que él y quien por cierto ¡es adoptada! [Aquí tiene un drama paralelo].
La hija del patrón es harto fina y jodona y se la pasa haciéndole el fuchi al pobrecito protagonista [La imposibilidad del amor]. Él no puede hacer otra cosa sino “amarla cada día más”. En algún momento, entre los maltratos y ojitos pispiretos, el protagonista se pone las pilas, [Inicia la moraleja de superación personal] y decide darle un giro a su vida: se mete al seminario, aprende latín, filosofía, teología y luego, ¡tómala!, se nos hace abogado y se gradúa con honores. Se casa con otra mujer [La Otra, La rival] y tiene “por lo menos” dos hijos con ella.
Años más tarde, su fina y jodona expatroncita lo empieza a mirar con buenos ojos. Él, abandona a La Otra y se casa con la expatroncita. De ahí en adelante todo es miel sobre hojuelas [Final feliz]. Nuestro protagonista se forja una larga y pujante carrera política: diputado, gobernador, ministro de Gobernación, presidente de la Suprema Corte de Justicia, Presidente errante de México, Leyes de Reforma, Presidente de nuevo, Presidente otra vez, y así hasta ser Benemérito de las Américas. ¡Ah! y claro, en el ínterin, una prole numerosa. [ 12 hijos que se conciben fuera de cuadro en atención a los contenidos “no aptos” para menores de edad]
– FIN-
Como ya se habrán dado cuenta, este melodrama -que ciertamente pudieron haber visto en televisión- no solo es un melodrama de la vida real sino que es uno melodrama patrio.
Los créditos de la historia son:
Protagonista pobre que habla zapoteco: Benito Juárez
Tío campesino y explotador: Bernardino Juárez
Hermana: Josefa Juárez
Patrón de la casa: Antonio Maza
Patroncita adoptada y remilgosa: Margarita Maza [de Juárez, cuando dejó de hacerle el fuchi]
Ahora pienso que tal vez que eso que yo tachaba de cursilería en las telenovelas no es más que un agudo y profundo conocimiento sobre la melodramática historia de Méjico.
Contado esto, parto ahora a la tierra del Benemérito de las Américas. Planeo, entre otras cosas, brindar con mezcales por el melodrama que nos dio patria.
¡Feliz muerte y resurrección de Cristo! (Felices vacaciones)
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La primera telenovela mejicana fue Senda prohibida (1958) Historia de la mejicana Fernanda Villeli, surgida originalmente como un cuento corto, luego exitoso guión radiofónico, más tarde libro y, finalmente, telenovela.