blogeditor · 15 de agosto de 2016
Por: Martín del Palacio (@martindelp)
El fracaso de México en las olimpiadas de Río tiene muchos padres, pero algunos tienen más responsabilidad que otros. El problema es que los medios y los aficionados en redes sociales están apuntando al lugar equivocado, y ya va siendo hora de que se escriba algo sobre dónde radica el problema real.
En general, a quien se le ha cargado la mano es al Director de la CONADE, Alfredo Castillo. No cabe duda que el funcionario público ha actuado torpemente –por decir lo menos- durante los juegos. Sus errores no sólo han sido constantes sino notorios, y por ello las cámaras lo han enfocado constantemente.
Acreditar a su novia y pasearse con ella es no sólo increíble, sino tiene los resabios de nepotismo y valemadrismo habituales en los políticos mexicanos. Inventar miles de pretextos por las derrotas también molesta, porque es lo que suelen hacer los dirigentes en México. Tratar de justificar sus propios errores es sólo añadir más leña al fuego. Y ser amigo y recomendado de Enrique Peña Nieto es la cereza en el pastel. Antes de los juegos, el aficionado no conocía a Castillo; ahora lo detesta.
Pero Castillo, por más torpe que se haya mostrado hasta ahora, no es el culpable de las derrotas mexicanas. Apenas lleva un año en el cargo en el que, contra lo que se piensa, ha tratado de hacer mucho más que sus predecesores. Y lo ha pagado, porque su batalla ha sido contra el verdadero culpable de todo este desastre, el Comité Olímpico Mexicano.
Desde tiempos inmemoriales, el COM ha estado controlado por el clan Vázquez Raña. Primero Mario, que fue su cacique entre 1975 y 2001, y después una serie de sucesores bajo su control y el de su hermano Olegario, de los cuales el más reciente y quien ostenta el cargo actualmente es el ex político priista Carlos Padilla Becerra.
Durante los juegos, nada se ha escuchado de Padilla Becerra, esencialmente porque, como sus predecesores, es un político mucho más hábil que Castillo, pero eso no lo hace menos nocivo. Al contrario. Si bien hay muchas causas por las que el deporte en México está como está, el Comité Olímpico es una de las más importantes.
El COM coordina y regula a las federaciones deportivas mexicanas. Las federaciones, a su vez, regulan las actividades deportivas. Como no son autosuficientes, todo eso lo hacen con el presupuesto que les otorga la CONADE. Y, como no tienen que rendir cuentas a nadie, hacen lo que se les da la gana con el dinero. Y por “lo que se les da la gana” me refiero a “lo que se les da la gana”. Se pagan viajes, se perpetúan en sus puestos, contratan a los entrenadores que quieren, benefician a los atletas que quieran y deciden a su antojo.
Tomemos de ejemplo el boxeo. Los únicos juegos a los que me ha tocado asistir fue a Atenas 2004. Ahí, asistí a todas las peleas de los boxeadores nacionales que, con una sola excepción, perdieron en primera ronda. En mi mente quedó grabado el entrenador del equipo, un hombre de figura rotunda y prominente mostacho, llamado Francisco Bonilla. Doce años más tarde, sigue ahí en su puesto. Durante ese periodo, México ha ganado un total de cero medallas, pero qué importa, mientras haya hueso, pues a seguirle.
El presidente de la Federación Mexicana de Boxeo es un personaje llamado Ricardo Contreras, que lleva un cuarto de siglo en el cargo, viviendo del erario público y yendo de fracaso en fracaso en el segundo deporte más popular en el país. El ridículo llega al punto de que Joselito Velázquez, uno de los participantes en Río 2016, se quejó de que no tenía uniforme de su talla.
Como ese, hay muchísimos casos. Y la única persona que ha intentado poner orden en ese muladar es nada menos que Alfredo Castillo. El titular de la CONADE intentó condicionar la entrega de presupuesto a que las Federaciones fueran auditadas. Por supuesto, tanto éstas como el Comité Olímpico Mexicano pusieron el grito en el cielo. ¡Cómo se atrevían a pedirles cuentas del dinero que les entregaban! ¿Qué no se trataba de un regalo?
El COM fue a llorar al Comité Olímpico Internacional –organización en la que tampoco nadie rinde cuentas- y éste amenazó a México con quitar su bandera de los Juegos Olímpicos y forzar a los atletas a competir como apátridas. Al final se llegó a una solución de compromiso y eso no sucedió, pero la situación del deporte no cambió.
Con todos sus defectos, Castillo está intentando hacer lo correcto en el deporte mexicano. El principal culpable del estado del deporte olímpico en México es el organismo que lo regula. Y hasta que no haya cambios ahí, cada cuatro años seguirá pasando lo mismo.
* Martín del Palacio es periodista mexicano radicado en España. Fue editor en jefe de La Afición y Excélsior Deportes. Actualmente publica para varios medios internacionales. Puedes seguir a Martín en Twitter o Facebook.