Opinión y Análisis · 29 de octubre de 2026
Por Ulrick Noel*
Cada vez que me preguntan qué tan dependientes son hoy las startups mexicanas del capital de riesgo, y si algunas buscan inversión antes de comprobar un modelo rentable, contesto lo mismo: la premisa hay que corregirla antes de contestarla. Detrás de esa pregunta hay una idea muy extendida: que el venture capital es el motor del emprendimiento en México, pero los números dicen otra cosa. Lo que sigue es mi lectura de por qué, de cuándo conviene crecer con caja propia y de qué tendríamos que cambiar, y en qué orden.
La startup mexicana promedio no depende del capital de riesgo porque nunca lo tuvo. Según AMEXCAP, en 23 años el venture capital acumula cerca de 15,000 millones de dólares invertidos en México, en más de 3,000 transacciones y unas 1,200 empresas, y 70 % de ese dinero entró en los últimos cinco años. La industria invirtió 1,614 millones de dólares en startups mexicanas durante 2025 y 525 millones más en el primer trimestre de 2026.
Pongamos esas cifras en proporción. México tiene casi 5 millones de unidades económicas. Mil doscientas empresas con venture capital sobre 5 millones es 0.02 %: dos y media de cada diez mil. El VC no es el sistema circulatorio del emprendimiento mexicano; es un vaso capilar que acapara toda la conversación.
Lo que sí existe es una dependencia aguda de un segmento muy pequeño, y esa dependencia es doble.
La primera es del capital extranjero. Según TTR, en los primeros cuatro meses de 2025 el 91.8 % del capital de VC en México fue transfronterizo (459 millones de dólares); solo tres operaciones fueron completamente domésticas, con un valor conjunto de 41 millones. El número de operaciones, además, cayó de 161 en 2023 a 85 en 2024.
La segunda es de muy pocas rondas. Las tres rondas más grandes de 2025 fueron fintech (Plata, dos veces, y Klar) y suman entre 580 y 600 millones de dólares, más de un tercio del año. Quita tres cheques y el “ecosistema” se encoge a la mitad.
Los fondos lo ven con claridad: 83 % de los fondos activos identifica la falta de capital institucional local como el principal obstáculo; 75 %, la dificultad de salidas, y 46 %, la limitada participación de family offices mexicanos. Los fondos mexicanos dependen de LP extranjeros y las startups dependen de esos fondos. Dependencia al cuadrado.
¿Hay startups que buscan inversión antes de comprobar un modelo rentable? Sí, y es el diseño. El VC existe para financiar la búsqueda de un modelo. El problema no es levantar antes de ser rentable; es levantar antes de tener evidencia.
Lo viví de cerca. Cofundé Linio con Rocket Internet. El modelo funcionaba mientras la siguiente ronda llegara. Cuando en 2022 dejó de llegar, descubrimos qué empresas tenían clientes y cuáles tenían inversionistas.
De ahí sale una prueba sencilla que cualquier fundador debería hacerse antes de salir a levantar.
Si contestas no a las tres y estás levantando, financias una hipótesis.
Financiar una hipótesis se justifica en fintech regulada, deep tech, hardware. En todo lo demás, pides a un extraño que apueste a algo que tu propio cliente todavía no quiso comprar.
Priorizar clientes antes que inversionistas tiene ventajas y riesgos, y la respuesta cambia según el sector. Empiezo por el argumento en contra, porque es serio. En mercados donde el primero se queda con casi todo (marketplaces de dos lados, fintech con efectos de red, negocios con CAC alto y lealtad baja), el que crece con caja propia pierde contra el financiado. Cornershop y Rappi ganaron por tener más dinero que quemar.
Dicho eso, las ventajas son cuatro:
Los riesgos también son reales. El primero es convertirse en una consultora disfrazada de producto: cada cliente pide adaptaciones y, a los dos años, vendes horas. El segundo es terminar financiando el capital de trabajo del cliente: pagos a 90-120 días, ciclos de compra de 6-12 meses y áreas de innovación que hacen pilotos sin presupuesto ni dueño. Una startup que vive de corporativos mexicanos es un banco que les presta sin interés. El tercero es la concentración: un cliente que representa 60 % de los ingresos. El cuarto es el talento: sin equity no lo atraes, y en México las opciones se gravan como salario.
Para decidir yo uso una regla de bootstrapabilidad. Un negocio puede crecer con caja propia si cumple cinco condiciones.
Con esa regla, el bootstrapping resulta difícil en fintech regulada, porque la Ley Fintech exige capital; en biotech y deep tech, por los años sin ingreso y los procesos ante COFEPRIS o la FDA; en hardware y manufactura, por el CAPEX; en marketplaces, por el problema del huevo y la gallina que se resuelve con subsidio; y cuando el primer cliente es el gobierno mexicano, por el riesgo de que no te paguen.
La respuesta de moda es “cultura”, y es la menos importante. Los fundadores responden a incentivos; la cultura es resultado. Por eso propongo un orden.
Primero, acceso a clientes. El cuello de botella es la demanda. Compras exige tres años de estados financieros, fianzas y 120 días de pago; innovación hace POC sin presupuesto. En el Centro de Corporate Venture y Emprendimiento de EGADE convertimos empresas medianas y familiares en primeros clientes y coconstructores de ventures, con tres condiciones no negociables: dueño de negocio, presupuesto y fecha de decisión. Es venture clienting, como el que practican BMW y otros corporativos europeos. El gobierno, en cambio, está cerrado para startups: Estados Unidos lo resolvió con SBIR hace 40 años; México no tiene equivalente.
Segundo, la arquitectura de financiamiento, donde mi nivel de confianza es alto. La deuda de riesgo y el revenue-based financing casi no existen. Falta capital institucional local: las afores manejan cientos de miles de millones de dólares con exposición marginal a venture. Y falta capital no dilutivo condicionado a tracción para empresas científicas, un vehículo que diseñamos desde el Tec: el grant se libera contra un piloto pagado, no contra un pitch.
Tercero, las condiciones de mercado, con confianza media. Más de la mitad del empleo es informal, la digitalización de las pymes es baja, se cobra tarde y los tribunales son lentos. Aquí hay una paradoja: el tamaño del mercado mexicano es una trampa porque permite empresas “grandes” solo en México sin competitividad global. Lituania, por ejemplo, no tiene esa opción y exporta desde el día uno. México tiene la mayor ola de demanda global con el nearshoring y casi ninguna startup conectada.
Cuarto, la cultura, baja como causa y alta como síntoma. La prensa celebra la ronda, no el ingreso. Nadie publica cuando una empresa llega a 100 millones de pesos de ventas rentables; todos lo hacen cuando levanta diez. Cofundamos ASEM para representar al 99 % que nunca va a levantar. Cambien el marcador (ingresos, clientes, supervivencia a 24 meses) y los fundadores cambian solos.
Lituania tiene 2.8 millones de habitantes, una red de startups construida con bootstrapping y seis empresas de más de 1,000 millones de dólares. Nord Security, Hostinger, Kilo Health, Omnisend y CarVertical alcanzaron escala internacional sin VC. Kilo pasó de cero a más de 500 millones de euros de ingresos consolidados en 2025 sin inversionistas externos. Nord fue rentable en flujo desde el principio, con la mayoría de sus usuarios en Estados Unidos, y recibió su primer capital externo en 2022.
Según Dealroom, el ecosistema vale ~16,000 millones de euros, creció 6.8x en cinco años y levantó 128 millones de euros el año pasado (0.8 % del valor). Y per cápita, Lituania levanta más VC: ~46 euros por habitante frente a ~12 dólares en México (1,614 millones / 130 millones).
Lo que no aplica. El mercado único europeo y los fondos estructurales de la UE (INVEGA, fondos de fondos bálticos) no tienen equivalente en el T-MEC. El cliente lituano paga con tarjeta en Estados Unidos o Europa; el mexicano, en efectivo, así que la suscripción solo funciona vendiendo afuera. Y una coordinación de ecosistema que cabe en una sala no se replica en 130 millones: México debe hacerlo por ciudad (CDMX, Monterrey, Guadalajara).
Los casos mexicanos. Tenemos antecedentes. Softtek nació en Monterrey en 1982, es privada y, con Vector ITC, suma ~16,000 empleados y más de 1,100 millones de dólares de facturación. Blanca Treviño lo explica así: antes veían el capital como una necesidad para crecer; hoy son autosuficientes, mientras casi todas las empresas de su industria colocan capital o se hacen públicas temprano. Softtek vende 70 % fuera de México: la lección lituana, en Monterrey, 40 años antes. Enviaflores (Monterrey, 2001), de Jesús Martínez, creció con ingresos propios, sin rondas, en sus primeros años. KIO Networks y Genomma Lab crecieron reinvirtiendo flujo y capital familiar.
La parte incómoda. No conozco una startup mexicana de producto tecnológico reciente que haya pasado de 100 millones de dólares de ingresos sin VC. Los campeones de ingresos propios son de servicios, no de producto. México sabe crecer con caja cuando el cliente paga por horas o entregas; todavía no con producto, porque exige lo que México no produce: primeros clientes que compren rápido y paguen a tiempo.♦
*Ulrick Noel, cofundador de Linio y ASEM, desde el Centro de Corporate Venture y Emprendimiento de EGADE, Tecnológico de Monterrey.