El primate que sale de la caverna 

blogeditor · 7 de diciembre de 2022

El primate que sale de la caverna 

La ignorancia es siempre la madre del miedo.

  1. Melville, Moby Dick

En el artículo titulado “La hebra de RNA y el primate que corre a la caverna”, publicado en Animal Político el 5 de agosto de 2020, se hace evidente una imagen primordial que constituye uno de los hechos antropogenéticos por excelencia, a saber, hacer de las cavernas un lugar tanto de habitación como de refugio ante las posibles amenazas y calamidades naturales. En el sentido antropogenético, la relación de los Homo Sapiens con las cavernas no quedó clausurada en el pasado milenario, sino que se actualizó de otra manera durante el confinamiento llevado a cabo durante los últimos tres años a causa de la pandemia de COVID-19: por miedo al contagio del virus SARS-CoV-2, y en última instancia a la muerte por la enfermedad, los primates humanos contemporáneos corrieron a la casa-caverna para salvaguardarse una vez más.

En muchos sentidos, a lo largo de la pandemia el miedo gobernó el actuar de los individuos de nuestra especie, ya se debiera a la desinformación o a la desconfianza existente hacia los discursos científicos. Sin embargo, la generación de miedo no es lo peor que pudo haber pasado.

Como hecho antropogenético, la relación del Homo Sapiens con la caverna figura en la Filosofía desde sus orígenes. Platón, al inicio del capítulo VII de su Politeia (tradicionalmente conocida como República), pone en boca de Sócrates la alegoría de la caverna, que habla sobre un grupo de humanos que, desde su infancia, se encuentran “con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza” (514 a-b), de forma que sólo pueden mirar las sombras de ciertos objetos que pasan frente al fuego cuya luz ilumina el fondo de la caverna. Dichas sombras son las entidades más reales para ellos, en tanto son lo único que pueden percibir. Sócrates guía a su interlocutor, llamado Glaucón, a imaginar la “liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia” (515 c); llevados al exterior, al principio no lograrían percibir los objetos porque sus ojos sufrirían por la luz del sol, pero una vez acostumbrados a esa luz podrían reconocer y constatar, en primer lugar, que las sombras eran falsas y, en segundo, que el sol es causa de todo lo verdaderamente existente.

Si bien esta alegoría tiene un contenido referente a la teoría del conocimiento planteada por Platón (paso de las sombras a las ideas, de lo falso a lo verdadero, de lo irreal a lo real, de la ignorancia al conocimiento), bien podría afirmarse un contenido ético sobre cómo la salida de la caverna conlleva un proceso, tal vez largo y sufriente, de liberación de las cadenas y de curación de los errores.

Por el hecho antropogenético ocurrido durante la pandemia, que relacionó de otra manera a los Homo Sapiens con sus casas-cavernas, el miedo produjo nuevos encadenamientos y el surgimiento de nuevos errores de los que no ha sido fácil curarse. De prestar atención a la alegoría de Platón, cabe plantear la idea de que el encadenamiento en la caverna es en sí mismo el comienzo de un proceso de liberación que lleva a la verdad. Dicha verdad se alcanza solamente, al menos para Platón, por medio de las Ciencias, como el cálculo, la Geometría, la ciencia de la dimensión de la profundidad, la Astronomía y la Dialéctica. Ahora, si estas eran las ciencias oportunas en el tiempo de Platón (no sólo para poder contemplar la verdad, sino para comenzar el proceso de liberación), hoy cabe hacer caso también a las ciencias contemporáneas, sobre todo para no ser presas del miedo, de los nuevos encadenamientos y de los errores incurables.

Hacer caso a la Ciencia moderna y a la propia Filosofía de la Ciencia implica apropiarse del conocimiento que se genera en el terreno de la Biología y sus diversas disciplinas, entre ellas la Biología Evolutiva, ausente en la época de Platón. Implica también conocer y comprender el universo del DNA y el RNA, a través tanto de las disciplinas tradicionales de la Biología como de las nuevas ciencias “ómicas”

Estas últimas han sido creadas y desarrolladas para comprender la dinámica de las interacciones complejas entre genes, organismos o ambientes, que le imprimen al universo orgánico características ausentes tanto en las ciencias platónicas como en las ciencias mecanicistas: la historicidad y la contingencia. Dichas características requieren otra perspectiva de la Filosofía de la Ciencia, que nos lleve a comprender que las preguntas y respuestas sobre los fenómenos de lo vivo, de los organismos, de los virus, de las interacciones biológicas, no son universales, sino que están acotadas a su propia historicidad; una perspectiva, por lo tanto, que nos invite a mantenernos siempre alertas a la posibilidad de la verdad cambiante. Una perspectiva que nos permita romper las cadenas para que logremos mirar en las múltiples direcciones en las que transcurre la dinámica cambiante de lo vivo.

Si bien la pandemia y el confinamiento terminaron, la salida y el regreso a la casa-caverna todavía continúan de manera indefinida, con la advertencia de que esta misma o alguna otra pandemia pueda ser mucho más severa; y sin duda lo será si nuevamente viene acompañada de la ignorancia y el miedo. Tal vez sea el momento oportuno para examinar nuestras cadenas y nuestros errores, generados en gran medida por el desconocimiento de la naturaleza orgánica. Revertir ese desconocimiento es un paso necesario para comenzar con el proceso de liberación y cura, que en términos éticos se extiende a una forma de exhortación, en la que los primates humanos, al volverse sujetos capaces de liberación y cura, puedan entonces exhortar a sus congéneres a hacer lo mismo.

Entre los errores de los que es necesario curarse podemos incluir la confusión entre la metodología mecanicista, entendida como una metodología de investigación de la vida y sus fenómenos, y la ontología de esa naturaleza orgánica, que casi siempre va acompañada de historicidad y de contingencia.

 

Jorge Vélez Vega es becario del Programa de Posdoctorado de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la UNAM y en el Departamento de Biología Evolutiva de la Facultad de Ciencias, donde desarrolla el proyecto de investigación titulado “Bio-tecno-génesis: antropogénesis, biotecnologías y posthumanismo”. Sus áreas de interés e investigación son: racionalidad y tecnologías biopolíticas; ciencias y técnicas con/en/dentro de la vida; umbral de modernidad biológica y la biopoética de la regeneración. Ricardo Noguera Solano es Profesor de Tiempo Completo en el Departamento de Biología Evolutiva de la misma Facultad y miembro del Programa Universitario de Bioética, ambos de la UNAM. Su principal área de investigación es Historia de las ideas de la herencia y la evolución y en los últimos años se ha interesado por los debates y las investigaciones sobre el origen evolutivo de la capacidad moral.

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