Redacción Animal Político · 7 de junio de 2023
En dos artículos previos, titulados La hebra de RNA y el primate que corre a la caverna y El primate que sale de la caverna, se ha expuesto cómo los seres humanos vinculan la antropogénesis, la vida cotidiana y la praxis: a) la relación con la caverna como lugar de habitación-refugio; b) la relación con la casa-caverna en tiempos de pandemia; c) la relación con la caverna como lugar de liberación y cura en la alegoría de Platón. Con base en el análisis de estos tres momentos histórico-evolutivos se ha mostrado que: 1) la antropogénesis no es un evento clausurado en el comienzo evolutivo de la especie; 2) en el sentido antropogenético, la relación de los seres humanos con la casa-caverna se actualizó de otra manera durante el confinamiento, y 3) la salida de la caverna o de la casa, de acuerdo con la alegoría platónica, conlleva un proceso ético de liberación de las cadenas y de cura de errores. De esta manera, al establecer la relación entre la antropogénesis —como evento que siempre está por actualizarse—, la casa-caverna —como espacio que permite la entrada y la salida de forma cotidiana—, y la praxis —como liberación de las cadenas y cura de errores—, exhortamos a que cada persona examine sus cadenas y cure sus errores (ética), y en la medida en que se convierta en un sujeto de liberación y cura, exhorte a sus congéneres a hacer lo mismo. A partir de esta conclusión, la propuesta estriba en presentar y desarrollar este argumento en el que antropogénesis, vida cotidiana y praxis se encuentran íntimamente ligadas.
La siguiente reflexión está basada e influenciada por el discurso de Peter Sloterdijk, titulado Apóstoles de la violencia. Sobre la metafísica del cine de acción, porque en él demuestra la transición del mono al ser humano y que en las escenas de acción se observa la dimensión formadora de la hominización. Tras advertir el problema que supone el gran formato de la Historia, cuyo afán -además de resaltar las grandes culturas y los imperios como imágenes primigenias de los seres humanos, como si desde siempre hubieran pertenecido a ellos en tanto son entidades que a su vez los producen- de alguna manera esconde el acontecimiento de los acontecimientos prehistóricos, Sloterdijk propone para su análisis la siguiente hipótesis:
[…] el moderno cine de acción es una especie de escritura experimental de la Pre y la Protohistoria que emplea los medios de la técnica cinematográfica más avanzada para incidir en los secretos arqueológicos de la humanidad. El cine de acción saca a la luz un aspecto de la verdad sobre el acontecimiento inaugural que creó la humanidad y que podríamos titular la secesión de las hordas humanas de la Vieja Naturaleza.1
En suma, en el cine de acción se hace evidente un aspecto de la antropogénesis, así como su vinculación con la vida cotidiana y la praxis.
Para realizar su análisis, Sloterdijk identifica tres aspectos universales del cine de acción: 1) correr, 2) disparar y 3) la espera, la tranquilización, el baño de calma del protagonista antes del ataque. Respecto a los dos primeros aspectos, correr y disparar, si bien caracterizan el cine acción por lo que comúnmente se llaman persecuciones, para Sloterdijk son, en su conjunción dinámica, el acontecimiento prehistórico “que dio origen al Homo Sapiens”, en la medida en “que se convirtió en el ser humano porque sobrevivió a las persecuciones. Para ello fue necesario que los primeros humanos se transformaran de fugitivos en contratacantes —arrojando piedras y blandiendo palos—”. 2
Según Sloterdijk, correr para escapar y luego volverse para lanzar proyectiles al atacante, “es el modelo de acción más antiguo de la humanidad; es realmente el patrón que hizo avanzar la hominización y permitió la formación de un medio ambiente grupal específicamente humano”. 3 Mediante la conjunción dinámica establecida entre correr y lanzar proyectiles, los seres humanos crearon, y siguen creando, lo que Sloterdijk denomina anillo invisible que encierra a quienes tienen esas capacidades y competencias, y también los distancia del resto de la naturaleza. Así, por la huida y el contraataque, los seres humanos llegaron a ser animales artillados: “un animal que arroja, dispara y marca distancias por medio del proyectil y fronteras con las piedras lanzadas”.4
Si el argumento de Sloterdijk demuestra la vinculación del cine de acción con la prehistoria en términos antropogenéticos, cabe destacarlo en la cotidianidad que se vivió durante la pandemia. Dado que esta serie de reflexiones está situada en el tiempo pandémico, en el que el primate corrió a la caverna-casa por miedo a contagiarse del virus SARS-CoV-2 y para evitar la muerte por COVID-19, resulta importante mostrar cómo se contraatacó a fin de marcar distancias y establecer fronteras. Muchos testimonios relatan la violencia que sufrió el personal de salud pública de México: ciertas personas lanzaron proyectiles-escupitajos y proyectiles-chorros de agua o cloro por miedo a contagiarse. Entre estos testimonios uno resulta paradigmático: el caso de Ligia Kantun, enfermera de Yucatán. A comienzos de la pandemia, en abril 2020, relató lo siguiente: “Pasó un coche y me gritó: ‘¡infectada!’, desde la ventanilla un hombre me tiró un café muy caliente que me alcanzó la espalda. Intenté meter las manos debajo de la blusa para despegarla de la piel. ¿Sabe lo que más me duele? Más que el daño físico, el daño moral. La gente está psicótica por este virus. Ahora fue un café, pero ¿y si la próxima vez es una piedra?”
Este relato demuestra que ante el riesgo de contagio, los seres humanos no se convirtieron en fugitivos ni se limitaron a escapar de la calamidad natural, sino que tomaron la iniciativa de contraatacar a un enemigo que, si bien era un virus, sólo se le podía atacar violentando al hospedero incluso sin tener evidencia de que estuviera infectado. Cabe señalar que no era el estado psicótico en el que se encontraban los seres humanos lo que los impulsaba a arrojar bebidas calientes o, llegado el caso, piedras u otro tipo de proyectil, sino porque, tanto en las películas de acción como en la prehistoria existe, tal como lo identifica Sloterdijk, un culto al disparo certero: “una constante ceremonia de la extinción que celebra el milagro original de la aniquilación por parte de la humanidad dividida en hordas como si fuese algo a lo que el actual sapiens-iactans [o que arroja] no puede renunciar”. 5 Más aún, estos casos de violencia a distancia actualizaron lo que los seres humanos prehistóricos inauguraron: la zona tecnológico-mágica, que a la distancia los lleva a destruir objetos. Como si el escupitajo, el café caliente, el agua, el cloro o la piedra no sólo aniquilaran al hospedero, sino también directamente al huésped.
Hasta aquí se observa que, durante los años pandémicos, los seres humanos no sólo corrieron a sus casas-cavernas para refugiarse de la calamidad natural; en algunos casos, contraatacaron con proyectiles teledirigidos con el fin de aniquilar al huésped, mediante la destrucción del hospedero. Cabría anotar que otra forma de contraatacar al enemigo viral fue la vacunación que, en sentido estricto, utiliza un proyectil altamente preciso como instrumento para transportar e introducir en el cuerpo una sustancia cuyo propósito no es aniquilar ni destruir al hospedero ni al huésped, sino mantener a raya los efectos mortíferos de éste para salvar la vida de aquél.
Continuará…
* Jorge Vélez Vega participa en el Programa de Becas Posdoctorales de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la UNAM. En el Departamento de Biología Evolutiva de la Facultad de Ciencias, en colaboración con el doctor Ricardo Noguera Solano, desarrolla el proyecto de investigación titulado “Bio-tecno-génesis: antropogénesis, biotecnologías y posthumanismo”. Sus áreas de interés e investigación son: racionalidad y tecnologías biopolíticas; ciencias y técnicas con/en/dentro de la vida; umbral de modernidad biológica y la biopoética de la regeneración.
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1 Sloterdijk, P. (2020). “Apóstoles de la violencia. Sobre la metafísica del cine de acción” en El imperativo estético. Escritos sobre arte, traducido por Joaquín Chamorro Mielke, editado por Peter Weibel, pp. 353-373.
2 Op. cit.
3 Ibid.
4 Ibid.
5 Ibid.