blogeditor · 6 de diciembre de 2011
a) PRI-Ley
Vaya inicio de diciembre que hemos tenido. Primero con la noticia de que a Humberto Moreira lo está alcanzando la realidad poco a poco. La ley del PRI (PRI-Ley) fue la primera que se hizo valer a través de esos mecanismos bien conocidos pero poco claros que dan como resultado decisiones consensuadas entre los miembros del octogenario partido. El resultado de esta deliberación al interior del PRI fue que Moreira dejara la presidencia (¿no que no? Puebla 1-Santos 0) en el mejor punto posible en cuanto a resultados se refiere al haber ganado las elecciones de Michoacán, pero insostenible en términos políticos lo cual se confirmó el mismo día de su dimisión cuando Reforma publicó que desde 2008 su gobierno “contrató deuda, en algunos casos de manera irregular, sin reportarla en las cuentas que entregaban al Auditor para su revisión.” (ver “Tima Moreira desde 2008” por Lorenzo Cárdenas, Reforma 2 de diciembre de 2011).
Hasta la vista, Mr. Moreira a quien desde hace meses analistas, políticos de todos los partidos y cibernautas, incluyéndome, piden que rinda cuentas más detalladas que las que acostumbraba en sus ruedas de prensa, asuma su responsabilidad y dejara la dirigencia del PRI.
Para ponerlo en números que den más claridad, la deuda estatal de Coahuila a septiembre de 2011 sumando la que se descubrió con el escándalo y la que se generó como parte de las medidas impuestas por el gobierno estatal justo antes de la llegada del hermano (Rubén Moreira) al frente, significa lo siguiente:
Lo que queda ver ahora es si la verdadera Ley -ésa, la del Estado de Derecho- hace lo suyo para llegar hasta la últimas consecuencias. Hago votos porque así sea.
b) PRI-lee:
Aún calientita la silla de Moreira en el CEN del PRI el sábado por la noche ya no podía uno leer el Twitter con seriedad porque todo mundo estaba mofándose del resbalón de Peña Nieto en la FIL. Incontables chistes, reclamos, muestras de apoyo, etc. se llevaron la noche y el día siguiente en las redes sociales y algunos noticieros, para que no quedara duda que es el aspirante más popular hoy en día, en las buenas y en las malas…
Además del cotorreo generado por la situación tan particular, protagonizada por el personaje del momento en el lugar menos indicado, la verdad es que lo que pasó no nos dice nada nuevo. Somos un pueblo con muy bajos estándares de educación y de lectura, y nuestros políticos en lo general son una muestra de ello.
De hecho, siempre me he preguntado quiénes son nuestros políticos vistos desde todos los ángulos y sobre todo en términos relativos a la población. Siguiendo esa inquietud busqué los datos de la Encuesta Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Justicia Municipal 2009 realizada por INEGI en la que, entre otras cosas, se preguntaron los niveles de estudios de los presidentes municipales, los síndicos y los regidores de 2,408 municipios en México o sea, casi todos. Comparando esos datos con las mismas variables obtenidas en el Censo de 2010 me encontré con lo siguiente:
Casi el 50% de nuestros presidentes municipales a 2009 tenían por lo menos una licenciatura (área azul arriba), y de hecho 7% hasta un posgrado (área naranja hasta arriba). En contraste, sólo el 19% tenían estudios de primaria o menos, o simplemente no respondieron. Estas cifras empiezan a “deteriorarse” si analizamos a los síndicos, y aún más a los regidores, y cuando los comparamos con la población en general mayor a 20 años nos encontramos con la triste realidad: solamente el 15% tiene licenciatura y poco más del 1% un postgrado. Un apabullante 40% de este grupo poblacional tiene primaria o menos (o no respondió). Parte de la “prole” dirían algunos…
Mi conclusión de bote pronto fue: Parece que en cuanto a los municipios se refiere tenemos en promedio a representantes que no representan a la población, valga la redundancia, en términos de niveles de educación, lo cual en esta singular ocasión es algo bueno dado los números de la población general. ¿Pero son más “educados”? No necesariamente ya que los logros académicos aún cuando generan capital humano no generan automáticamente mayor inquietud intelectual, capacidad de análisis y crítica por no decir sofisticación literaria. Desafortunadamente aún cuando existen datos que nos podrían ayudar a responder esta pregunta de manera parcial INEGI no los comparte aún cuando en esa misma encuesta realizó preguntas a los presidentes municipales tales como: ¿Cuál es el medio de información que utilizó la semana pasada para informarse de lo que sucede en su municipio, en su estado, el país y/o en el mundo? o ¿Con qué frecuencia utiliza usted una computadora personal? Sería interesante conocer las respuestas. Pero bueno, poco a poco obtenemos nuestra muestra y hacemos nuestras inferencias sobre la naturaleza endógena de la formación de la clase política mexicana.
c) Prole:
Aún no terminábamos de definir bien a bien cuáles son los tres libros que nos marcaron la vida por eso de que un día nos pregunten (Facebook no es respuesta válida, compañeros), cuando Paulina Peña, la hija del aspirante prisita, protagonizó otro hashtag twittero debido a un twitt que publicó en el que se descalificaba a la gente que criticaba a su papá como “prole”, por decir lo menos. ¡Yisus!
Potencialmente 67 millones de mexicanos podrían caer en esa categoría, dependiendo a la definición que adoptemos. “¡Qué bueno que sólo un puñado tiene acceso a internet!”, gritarían algunos. “Gracias, Elba Esther por tu apreciable colaboración”, dirían otros. Mientras tanto seguiré investigando quiénes son los que nos dirigen y por qué son ellos, pensando a la vez en los libros que hayan marcado mi vida por si un día me lo preguntan…