Prevenir con Educación: Actuar con Omisión

blogeditor · 15 de agosto de 2012

Prevenir con Educación: Actuar con Omisión

Por: Omar Feliciano, Medios Digitales

 

En Tamaulipas, de cada 10 mujeres jóvenes menores de 18 años 4 ya tenido al menos un parto, en Sonora el porcentaje es de 20%. En el Hospital Civil de Guadalajara casi la mitad de los nacimientos es de adolescentes.  Tijuana tiene el índice más alto de embarazo adolescente en menores entre 11 y 12 años, según afirma la responsable del Instituto Municipal de la Mujer quien señala que: “Vienen de un escape, representa el poder salir de lo que están viviendo en casa, buscar nuevos espacios donde ellos se sientan cómodos y felices”.

Donde hay la posibilidad de embarazo también existe la posibilidad de una infección de transmisión sexual. La mitad de las jóvenes ni planea su primera relación ni se protege adecuadamente. De acuerdo a las estadísticas más recientes, en 2012 se notificaron  234 casos de SIDA en hombres entre 15 y 25 años y 77 casos de mujeres en el mismo rango de edad; este mismo año se detectaron 492 hombres seropositivos y 152 mujeres seropositivas, es decir viven con el VIH pero no presentan ningún síntoma.

El Compromiso

En 2008, la ciudad de México fue sede de la XVII Conferencia Internacional de VIH/SIDA, ahí los ministros de salud y educación de América Latina y el Caribe firmaron la Declaración Ministerial de la Ciudad de México en la que se comprometían a “prevenir con educación. Este documento se fundamenta en una serie de acuerdos previos vinculados con los derechos humanos y  la salud sexual y reproductiva en relación con EL VIH.

La Declaración Ministerial se fundamenta en una serie de instrumentos en materia de derechos humanos y desarrollo, incluyendo la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración del Milenio, la Declaración de Compromiso en la Lucha contra el VIH/SIDA, por mencionar algunos. Asimismo, retoma  cuatro documentos de la Organización  de Naciones Unidas basados en consensos de expertos, que apuntan a la necesidad de servicios de salud reproductiva y aportan evidencia del impacto de la educación en materia de salud sexual y VIH en el comportamiento sexual de jóvenes.

La Declaración Ministerial establece dos metas para el 2015: reducir en 75 por ciento la brecha en el número de escuelas que no han institucionalizado la educación integral en sexualidad y reducir en 50 por ciento la brecha en adolescentes y jóvenes que carecen de cobertura de servicios de salud sexual y reproductiva.

¿Qué pasó con lo firmado?

La Declaración Ministerial recién cumplió su cuarto aniversario y de acuerdo con la investigación de la Coalición Mesoamericana para la Educación Integral en Sexualidad (llevada a cabo en México por la red Democracia y Sexualidad, Mexfam, Salud y Género y Aquesex), el porcentaje de implementación de la Declaración Ministerial es de 51 por ciento.  Además, de la celeridad que debe aplicarse para cumplir con la meta, se carece de un convenio de colaboración entre la Secretaría de Educación y la Secretaría de Salud para su implementación, no existe una campaña actualizada de educación integral en sexualidad en los medios de comunicación y, aunque la Secretaría de Salud cuenta con una estrategia oficial de alto nivel y con recursos para la ejecución de la declaratoria, la Secretaría de Educación carece de ambos.

Si miramos más de cerca, es posible ver que el avance en la implementación es mayor en la Secretaría de Salud. De acuerdo con la investigación de la Coalición Mesoamericana para la Educación Integral en Sexualidad, en los próximos tres años la Secretaria debe de avanzar 19 por ciento en los indicadores especificados para cumplir con la meta: Ha implementado servicios de salud sexual y reproductiva para jóvenes que incluyen la consejería y pruebas de detección del VIH, el tratamiento integral de infecciones de transmisión sexual, educación sobre el uso del condón masculino, orientación sobre decisiones reproductivas y métodos anticonceptivos.

Por el contrario, la Secretaría de Educación no ha realizado la evaluación de sus programas educativos para proveer una educación integral en sexualidad, apenas ha cubierto la mitad de la capacitación a la que se comprometió y no existe un mecanismo para evaluar a los docentes responsables de impartirla. La Secretaría de Educación logró un avance 36 por ciento en la implementación de la Declaración Ministerial en el periodo de 2008 a 2011. Le quedan dos años y medio para cumplir. Vale la pena mencionar que no existen partidas presupuestales asignadas para la implementación de la Declaración Ministerial.

Un apunte cultural

A diario leo notas sobre los casos de embarazo adolescente, que dependiendo de la región, van entre 15 por ciento y 20 por ciento de los partos en los hospitales públicos.  De acuerdo con IPAS en 2006 el 17.2 de los nacimientos fue de un embarazo adolescente, para 2009 la cifra fue de 18.4%. Si tomamos sólo los datos de la Secretaría de Salud el incremento pasó de 24.5 por ciento en 2007 a 26.7 por ciento en 2009: Se incumplieron las metas a favor de las adolescentes. El Programa de Salud Sexual y Reproductiva, de acuerdo a lo publicado por el presupuesto de egresos, no contó con recursos en 2008, 2009 y 2010. A esto hay que agregar a quienes han asegurado que el programa “Seguro Médico para una Nueva Generación” ha sido un incentivo perverso pues “garantiza la afiliación inmediata de toda la familia al seguro popular”. La “familia pequeña vive mejor” es un lema olvidado.

¿Por qué continúa el embarazo adolescente? Sin duda la falta de campañas, de educación y de acceso a servicios es un factor. Pero a veces olvidamos la llamada repronormatividad, es decir, la creencia de que ser mujer y ser madre es lo mismo, lo cual no sólo pasa sin ser criticado, sino que se celebra la equiparación. En muchas ocasiones para los y las jóvenes, el embarazo parece ser una forma de rebelión, un rito de paso, una forma de dejar de ser infantes a los ojos de sus tutores.  Poco importa si conocen los riesgos de un embarazo temprano o de una infección de transmisión sexual, atienden al imperativo reproductivo y la calidad de adulto honorario obtenido gracias a éste.

Sin duda es apremiante que la Secretaría de Salud y Educación firmen un convenio de trabajo conjunto, otorguen una rendición de cuentas del uso de recursos y de la evaluación de sus programas. También es indispensable que el poder legislativo armonice el marco legislativo para que sea acorde al más alto estándar en educación y salud sexual y reproductiva. Sin embargo, también es necesario que realicemos una crítica de la cultura sexual dominante, que considera a las jóvenes como potenciales madres, independientemente de su proyecto de vida. Decidir es su derecho, la maternidad es su opción, no su destino.