“Presidente” (así, entre comillas)

blogeditor · 24 de agosto de 2016

“Presidente” (así, entre comillas)

Por: Miguel Vélez (@gmiguelvelez)

1. El zape del ensayista prodigio

Cuando leí el ensayo “Contra la originalidad o el éxtasis de las influencias”, versión mexicana de “The ecstasy of influence: a plagiarism”, publicada originalmente en Harper’s Magazine en el año 2007 por Jonathan Lethem y reeditado en la colección Versus de Tumbona Ediciones, no pude evitar quedar anonadado por la pericia de su autor en la curaduría –o como dice Tumbona, robo a mano alzada- del texto presentado.

Lethem logró, con maña y colmillo, crear una apología sobre la importancia de empaparse de autores, obra y todo lo cercano a lo que se aprecia desde lo subjetivo como interesante en esta vida para después descaradamente robarlo, tomarlo y usarlo en la obra propia.

Esto, como todos los apologetas del copyleft, la libre circulación de los productos culturales y su modo de producción en la era contemporánea, parte desde la premisa de que aquello que se roba debe de sobrepasar lo robado o mínimo ofrecer una nueva perspectiva. Sin embargo, incluso ésta, no es una postura nueva -ni de cerca- para ser un gran ensayo. El elemento que lo hace tan magnífico es el tirabuzón final. El empujón al nihilismo más alejado del puritanismo. El zape del ensayista prodigio. Para el caso: específicamente en la página 50 de la edición de Tumbona, en la que se destaca “Clave: Yo Es Otro” se nos revela que la mayoría del ensayo que acabamos de leer ha sido… sí, plagiado.

2. (F)Alzati o Déjà vu un error en la Matrix

De no ser por las maravillas del internet –y la aún más espléndida falta de cultura política– pocos de mi generación recordaríamos quién es Fausto Alzati. Para pronto, Alzati fue el primer Secretario de Educación Pública del sexenio del entonces presidente Ernesto Zedillo. Cargo que consiguió, entre otras cosas, por haberse doctorado en Economía Política y Gobierno en Harvard, una prestigiosa Yvy League College como de la que el propio presidente Zedillo se había graduado. Hasta aquí todo iba según la historia. Los tecnócratas en el poder, la universidad gringa, ¡vaya! la tesis de Roderic Ai Camp sobre las camarillas mexicanas se cumplía una vez más.

La debacle surgió cuando desde la propia universidad de Harvard empezaron a surgir cuestionamientos. Fausto Alzati Araiza nunca se graduó de dicha institución. Con el conflicto zapatista, el peso por la calle de la amargura y la sombra de Colosio aún pisándole los talones al presidente Zedillo, se tomó la decisión de remover al ahora bautizado “Falzati” del cargo, porque “¡¿Cómo pudo el Secretario de Educación Pública decir que tenía un grado académico que no tenía?!”

Hagamos una elipsis de casi 20 años. Uno creería que un personaje como Falzati murió políticamente al ser descubierto ese diciembre del 94. Mínimo quedarían atrás sus días al frente de CONACYT como en el Sexenio de Salinas o peor tantito de la SEP con Zedillo. Pues no –capta, es México güey–, una vez más Alzati se colaría de entre las tarjas del poder para ser nombrado Director de Televisión Educativa, dependencia de la SEP, con el flamante presidente –bombón– Enrique Peña Nieto. En esa misma facultad, como director, llegaría Alzati a la exposición en homenaje a la muralista mexicana Aurora Reyes y al escuchar el poema “Hombre de México”, escrito por Reyes a Lázaro Cárdenas, gritaría “¡Aurora, mis huevos!” pensando que éste hacía referencia a Peña Nieto.

3. La familia, la propiedad intelectual y CONACYT

Como miembro de la moribunda clase media, estudié una licenciatura, he asistido a un buen número de exámenes profesionales y además he sido partícipe de los barrocos debates de sobre mesa. Venir de una familia de académicos viene con muchas notas al pie. Una de ellas refiere a las cosas de las que uno se entera –los haters dirán que son chismes– y aunque en cierta medida sí son chismes de lavadero, otras historias son auténticos relatos policiacos sobre los menesteres que se viven en el ámbito académico para evitar ser agarrado con los calzones en la mano.

Si usted cree que el fraude intelectual es cosa poco común en nuestro país –o en cualquiera– piénselo de nuevo. Hay mecanismos de robo de propiedad intelectual o de derechos de autor que ni usted ni yo nos podríamos imaginar. Esquemas tan complicados de plagio y de deshonestidad académica que parecieran haber sido esquematizados por los mismísimos Mossack-Fonseca.

CONACYT sabiendo esto, ha creado extensos y variados mecanismos de revisión para detectar a quién no está jugando limpio. Aquellos que han publicado o intentado publicar en una revista indexada, conseguir una beca para posgrado e incluso una beca de CONACULTA saben que el asunto de la meritocracia y sus candados tiene una parte muy fuerte de procesos administrativos que además de justificar la burocracia –checar lo que dice Luhmann sobre la autopoiesis de la burocracia– tienen su razón de filtro. Sin embargo, la quimera que tanta objetividad no contempla es al escritor fantasma.

Para aquellos que no vieron o leyeron el thriller político The Ghost Writer de Thomas Harris, adaptado al cine por Roman Polanski, un escritor fantasma es aquel que es contratado por un político –o académico– para redactar un libro. Éste puede ser una autobiografía –como en el caso de The Ghost Writer– o casi cualquier texto. Desde literatura hasta títulos sobre política pública. En México la práctica es común. De hecho recuerdo que en más de una ocasión me ofrecieron dinero por redactar ensayos académicos –que no hice– en la universidad para entregas de mis compañeros. Igual sucede en las más altas esferas de la política nacional. Usted se habrá dado cuenta que de unas cuantas décadas para acá, nuestros funcionarios públicos pasan de ser licenciados a doctores sin pisar un aula y además exigiendo ser llamados por todos sus “títulos”.

4. La tesis del presidente

No, señor Aurelio Nuño, no es ni intrascendente ni irrelevante el señalamiento que hace el equipo de investigaciones especiales de Aristegui Noticias. Más allá de filias y fobias, si la tesis plagiada de Peña Nieto fuera analizada desde la perspectiva de Jonathan Lethem, sí nos hablaría de algo más grande y que supera lo robado. Hay que verla como la apertura del campo visual que es. La oportunidad de vernos desde nuestra condición ética y educativa –no así la reforma– como un país cuyo gobierno para encumbrarse, hace trampa y se rodea de tramposos.

Sí señor secretario de Educación Pública, es relevante y usted debería de saberlo, siendo que la dirección general de profesiones –órgano que expide las cédulas profesionales- está a su cargo. Ahora, el vocero de la Presidencia de la República puso en entredicho el interés periodístico de una tesis publicada hace veintitantos años. ¿Acaso no le pedimos el cumplimiento de requisitos al médico? ¿Al arquitecto? ¿Al docente de educación básica? Por supuesto que es de interés periodístico que el presidente no cumpla los requisitos para titularse, pero es aún más interesante que se haya recibido de todas maneras.

Porque qué más habríamos de pensar si no es que pagó la tesis, que no la escribió él, que a la Universidad Panamericana sólo le interesa el pago de colegiatura y en realidad no educa a los profesionistas. ¿Qué más podemos pensar en un país en el que el presidente hace trampa?

Así, por supuesto se pinta la “imagen de cuerpo completo” de un presidente que llena su gabinete con individuos como Virgilio Andrade para exculparlo de la Casa Blanca, o Alfredo Castillo que una y otra y otra vez probó que su función es ser el inepto, el patiño, el que no da una y que puede seguir ahí. Individuos como Aurelio Nuño o Murillo Karam que culpan a las víctimas, como esposos golpeadores, porque ¿para qué se meten donde no les llaman?

Sí, el plagio del presidente es de interés periodístico por lo que dice de su ética académica, de su ética laboral y de cómo sistemáticamente –desde que era joven- se rodea de gente y crea situaciones que le resuelvan la vida y le tapen sus faltas. Un junior de Atlacomulco, príncipe del PRI. Una cultura nacional y la innegable crisis del sistema político mexicano.

 

 

* Miguel Vélez es comunicólogo por la UIA Puebla, profesor de inglés, director de una secundaria y autor del libro de poemas “En Caso de Emergencia” (AEMI, 2015).