Redacción Animal Político · 6 de mayo de 2024
Por primera vez en la historia de México, dos mujeres se disputan la presidencia del país. Este hecho sin precedentes, no sólo marca un hito a nivel nacional, sino que también resuena en el ámbito internacional. Desde una perspectiva global, resulta paradójico que México, siendo uno de los países con mayor índice de violencia de género en el mundo, se encamine a ser uno de los primeros países liderados por una mujer presidenta. También resulta sorprendente que las dos coaliciones con mayores posibilidades de ganar la presidencia hayan elegido a dos mujeres para competir por este cargo.
Para entender la trascendencia de este momento, es importante considerar el contexto histórico e internacional. A pesar de los avances en materia de igualdad de género, la presencia de mujeres en la más alta esfera del poder político sigue siendo una rareza en muchos países. Pongámonos en perspectiva. La primera vez que una mujer fue electa democráticamente como Jefa de Estado fue en 1980 en Islandia, y desde entonces, sólo un tercio de los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas han seguido el camino. Hasta ahora, México había sido la excepción. 1
La disparidad de género en jefaturas de Estado y de gobierno es un problema global, incluso en los países más desarrollados y más avanzados en términos de equidad de género. ¿Por qué persiste esta aparentemente “impenetrable” desigualdad política? Tomemos el ejemplo de Estados Unidos. En 2016, por primera vez, una mujer contendió para la presidencia, pero su camino estuvo plagado de sexismo y misoginia. Nos referimos a Hillary Clinton, sobre quien la ministra y emblemática feminista Ruth Bader Ginsgburg expresó que el sexismo fue un “factor realmente importante” en en su derrota ante a Trump en esas elecciones.
La destacada profesora de la Universidad de Cornell, Kate Manne, en un artículo para Politico, menciona un estudio que aborda la percepción de la aptitud de los candidatos presidenciales en Estados Unidos en función de su género. Este estudio reveló que las candidatas presidenciales eran percibidas como menos calificadas que los candidatos masculinos con credenciales similares. Además, se observó que un considerable porcentaje de votantes mostraba preferencia por candidatos masculinos sobre candidatas de su propio partido, como Hillary Clinton y Elizabeth Dole, lo que subraya la influencia de los estereotipos de género y el sexismo en las elecciones y en la percepción de las mujeres en cargos públicos. 2.
Un ejemplo ilustrativo es el caso de Jacinda Ardern, quien ejerció como Primera Ministra de Nueva Zelanda. Durante su mandato, se vio enfrentada a preguntas invasivas y sexistas, como el por qué se pintaba el pelo, si había propuesto matrimonio a su esposo, o si había elegido su carrera por encima de formar una familia. Aunque oficialmente renunció a su cargo en enero de 2023, alegando agotamiento o burnout, existen fuertes rumores que sugieren que la creciente cantidad de amenazas en su contra durante los últimos tres años de su mandato fueron un factor determinante para su renuncia.
La influencia del sexismo en la percepción y evaluación de las mujeres en la política es un fenómeno documentado. Estudios han demostrado que las candidatas presidenciales son juzgadas con mayor dureza que los candidatos masculinos, incluso cuando tienen credenciales similares. 3 Este sesgo de género también se manifiesta en la forma en que se critica la apariencia física o el “carisma” de las candidatas, aspectos que rara vez, o con menos peso, se mencionan en relación con los candidatos masculinos. 4
En el caso de México, es crucial reflexionar sobre cómo el sexismo y la misoginia pueden influir en la evaluación de las candidatas presidenciales actuales. Como lo hemos visto en los debates presidenciales, Claudia Sheinbaum, enfrenta críticas por ser percibida como “seria”, “difícil”, o “poco empática”; incluso fue referida por su contrincante como “Dama de hielo”. Por otro lado, Xóchitl Gálvez ha sido objeto de burlas por su aspecto físico, sus orígenes indígenas, y su pasado empresarial (incluso, infantilizándola por su pasado como vendedora de gelatinas).
Es importante reflexionar si las candidatas están siendo juzgadas y evaluadas de la misma manera que se haría con los hombres, o si las críticas que enfrentan son aplicables también a estos últimos. Estas críticas, basadas en estereotipos de género, resaltan la necesidad de un análisis objetivo y con perspectiva de género al evaluar a las candidatas durante el proceso electoral.
Para mejorar nuestro proceso de evaluación de candidatas, es fundamental cuestionar y reconocer nuestros propios sesgos y prejuicios de género. Al hacerlo, podemos valorar las propuestas de las candidatas en función de su capacidad, experiencia y visión para abordar los desafíos más urgentes que enfrenta México. Es crucial incorporar una perspectiva de género que destaque la importancia de una agenda feminista como parte integral de la política de cualquier líder. Esta perspectiva debe abordar temas críticos como el cambio climático, la seguridad y la violencia de género, los cuales requieren una atención prioritaria en cualquier agenda política.
La presencia de dos mujeres en la contienda presidencial es un símbolo de esperanza para México y una victoria en términos de representación sustantiva. Conforme a la OCDE, México está posicionado dentro de los 5 países con mayor representación de mujeres en la política. Lo cual resulta sorprendente en un país donde 11 mujeres son asesinadas al día por razones de género . Vale la pena cuestionar, ¿cómo llegamos a este momento histórico?
El camino hacia esta igualdad se ha trazado con el tiempo, y sus cimientos tienen nombre: paridad de género. Todo comenzó en 2002, cuando la ley estableció la cuota de género en el Congreso con una representación de 40 % de mujeres. En 2019, la histórica reforma constitucional “paridad de género en todo” amplió a 50 % en los tres poderes. Las cuotas transformaron el poder político de nuestro país; ahora las mujeres formamos parte de la mitad del Congreso, con 4 mujeres en la Suprema Corte, y muy pronto, con una mujer al frente del Ejecutivo.
La participación de dos mujeres en la carrera presidencial no se debe a la influencia del presidente López Obrador (como algunos alegan), sino que es el resultado de años de esfuerzos de parte de activistas y mujeres políticas por alcanzar la paridad de género. Las leyes de paridad son un avance importante en la representación política en México y no deben subestimarse.
Sin embargo, aunque la participación de dos mujeres en la contienda presidencial es un hito para México, no podemos conformarnos. Tener una presidenta mujer no garantiza automáticamente una agenda feminista o de igualdad de género. En las elecciones de junio, debemos mantener un ojo crítico en las agendas de ambas candidatas, conscientes de nuestros sesgos de género y dispuestas a desafiar estereotipos. Llevar a cabo un análisis adecuado de las candidatas presupone varias etapas de concientización:
Primero, es fundamental adoptar una perspectiva de género durante el proceso electoral para identificar y abordar los sesgos y prejuicios que influyen en la forma en que evaluamos a las candidatas. Aunque exista paridad de género, la tendencia cultural de asignar roles públicos a los hombres y privados o domésticos a las mujeres persiste. Por lo tanto, es necesario cuestionar nuestros sesgos de género al referirnos a las candidatas, evitando perpetuar estereotipos y aplicar cargas que no impondríamos a los candidatos varones. Esto nos permitirá realizar críticas más justas hacia las candidatas y sus propuestas.
Segundo, debemos analizar a las candidatas más allá de su condición de ser mujeres; es decir, evaluar qué propuestas tienen en los ámbitos más críticos para la sociedad mexicana, ya sea los temas más profundos como la inseguridad e impunidad, o los más recientes y combatibles, como la escasez de agua o la necesaria reforma fiscal. En este sentido, debemos cuestionarnos ¿qué podemos esperar de una candidata a la presidencia respecto a la agenda feminista? Si bien la violencia de género debe ser parte urgente e innegociable de la agenda de todos los representantes políticos, el hecho de tener dos candidatas mujeres no garantiza automáticamente una agenda incluyente que aborde problemas interseccionales desde el respeto de los derechos humanos, la lucha contra la violencia de género y la protección del medio ambiente. Debemos exigir a las candidatas que se pronuncien respecto a estos temas.
Tercero, es imperativo exigir a las candidatas propuestas que abarquen políticas públicas o iniciativas de ley dirigidas a aumentar la representación de mujeres en el sector público, que tengan una postura que valore las cuotas de género y que incentiven mecanismos para proteger a las víctimas de violencia de género, tanto en general como en el ámbito político.
Está en nuestras manos hacer de este proceso electoral uno del que nos sintamos orgullosas y que pase a la historia como tal. Depende de nosotras exigir propuestas concretas a favor de la igualdad de género, el medio ambiente y los derechos humanos. Como ciudadanas y ciudadanos, debemos estar a la altura de este momento trascendental. Si bien el cimiento para un México más igualitario ya ha sido plantado, ahora es nuestra responsabilidad asegurarnos de que la construcción avance en la dirección correcta.
* Denisse G. Gómez es abogada egresada de la Universidad Panamericana y maestra en Derechos Humanos por la Universidad de Columbia en Nueva York. Actualmente, es Chief of Staff de We are all Human, organización dedicada a la inclusión laboral de las personas hispanas en Estados Unidos basada en Nueva York. Andrea Cordero es abogada egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México y maestra en Derecho por la Universidad de Columbia en Nueva York, es Fulbright y Harlan-Friske Scholar. Antes de unirse como asociada a Galicia Abogados en la Ciudad de México, trabajó en Sidley Austin, una de las firmas más prominentes de Nueva York donde participó activamente en iniciativas y redes para promover el desarrollo profesional de las mujeres.
1 Según el Pew Research Center, actualmente, sólo 13 países tienen a una mujer al frente de su gobierno.
2 Paul, D., & Smith, J. L. (2008). Subtle Sexism? Examining Vote Preferences When Women Run Against Men for the Presidency. Journal of Women, Politics & Policy, 29(4), 451–476.
3 Ibid.
4 Heilman, M. E., Wallen, A. S., Fuchs, D., & Tamkins, M. M. (2004). Penalties for Success: Reactions to Women Who Succeed at Male Gender-Typed Tasks. Journal of Applied Psychology, 89(3), 416–427.