Redacción Animal Político · 2 de junio de 2024
Hoy es un día importante para el país porque se decide qué mujer lo gobernará durante los próximos seis años. Coincidentemente también se conmemora el día internacional de las trabajadoras sexuales. En 1975 un grupo de compañeras tomaron la iglesia de Saint-Nizier para protestar contra el abuso policiaco, el maltrato y la criminalización del trabajo sexual en Francia.
Después de casi cincuenta años y del otro lado del mundo las cosas no son distintas de aquel momento histórico. La lucha política de las trabajadoras sexuales en México parece estar difusa dentro de un feminismo mainstream que está más preocupado en asimilar agendas dentro de los gobiernos que compiten por el poder. Un Estado al que no le importan las madres buscadoras, mucho menos las vidas de las trabajadoras sexuales.
Hace pocos días la compositora Vivir Quintana sacaba su nueva canción -“Compañera presidenta”-, una composición que al parecer se convertirá en el próximo himno latinoamericano del feminismo, similar a la canción “Señor Presidente”.
Entre sus versos, Quintana dice “no te olvides de tus ojos de mujer, de tu boca de mujer. No te olvides de tu lucha de mujer“, una frase que curiosamente viene heredada de las mujeres trans* trabajadoras sexuales, como una forma de resignificar los insultos y las violencias que vivimos en las calles.
Pero esa lucha -de mujer- ¿necesariamente escucha las exigencias de las trabajadoras sexuales? Esas mujeres que pertenecemos a la clase trabajadora y que hoy las dos candidatas presidenciables nos llaman para pedir nuestro voto en las casillas, ¿qué clase de mujeres les somos útiles a la clase política y al feminismo blanco? Dudo que las putas.
El que este año una mujer llegue a la presidencia de México no supone nada para muchas compañeras feministas y antipatriarcales. Especialmente cuando los dos perfiles de las candidatas se han quedado cortas en sus propuestas para atender la violencia feminicida y los crímenes de odio en este país.
Ante la indiferencia del gobierno, en el activismo las madres inmaculadas, las estudiantes, las profesionistas, las hijas de familia, todas son merecedoras de dignidad y justicia. Todas excepto las trabajadoras sexuales.
¿Cuántas muertes violentas a mujeres trabajadoras sexuales tienen como primera línea de investigación el feminicidio? ¿Cuántas de nosotras hemos luchado por nuestra vida en las habitaciones de los hoteles o en las calles sin que suceda nada con nuestros agresores?
En el 2021 el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación señala en su encuesta sobre trabajo sexual que más del 60 % de las colegas han sido víctimas de violencia o discriminación por las instituciones. También identifican a los policías, ministerios públicos y personal de salud como los principales perpetradores de estas violencias.
Los contextos de hostigamiento institucional no son cosa nueva para las trabajadoras sexuales.
El pasado 14 de diciembre, irónicamente tres días antes de que se conmemorara el día internacional para poner fin a la violencia a las trabajadoras sexuales, la Fiscalía de Puebla intentó detener extrajudicialmente a 16 compañeras en un hotel del centro con la excusa de llevar a cabo un operativo antitrata en esa entidad.
El operativo fue ilegal, pues no presentó ninguna orden de aprehensión o judicial; los vehículos que pretendían llevarse a las trabajadoras sexuales no tenían placas.
Gracias a la colectiva Chicas de la 14, las compañeras fueron liberadas pero la persecución del gobierno de Puebla ha orillado a que Mariela González, activista y trabajadora sexual, sea víctima de acoso y amenazas. Ella ha denunciado en varias ocasiones ante la Comisión de Derechos Humanos de Puebla y el Mecanismo Federal de Protección a Defensoras y Periodistas el grave peligro que corre.
Pero en este país no pasa nada porque las muertes violentas a las trabajadoras sexuales se sepultan entre los miles de casos de personas desaparecidas y, si tienen suerte, halladas en fosas clandestinas.
Vivir Quintana dice en su canción “compañera presidenta, seas quien seas. Es preciso que te llames compañera…”, pero dudo que esa buena intención poética les alcance para solidarizarse con las putas. Las mujeres que pertenecemos a esa clase trabajadora y que todos los días salimos a las calles de este México para sacar adelante a nuestras familias.
Es la primera vez que una mujer será presidenta en este país. Y antes de llamarle compañera a esa mujer, necesitamos que ella misma se haga la pregunta ¿dónde están las trabajadoras sexuales? ¿Dónde están las mujeres trans? ¿Dónde están las trabajadoras del hogar, las campesinas, las obreras?
Para ser nuestra compañera se necesita primero reconocer el dolor que habitamos las mujeres que encarnamos la otra historia, la subalterna, la que no sale en los libros de texto o en las agendas feministas institucionales. Las que somos ignoradas en la impunidad y la ausencia de nuestros derechos. Las que seguimos buscando que nuestras familias, amigos y el Estado reconozca nuestro trabajo también como un proyecto de vida desde la dignidad.
* Natalia Lane (@natalia_lane) es asambleísta consultiva del COPRED, trabajadora sexual, sobreviviente.