blogeditor · 14 de noviembre de 2016
Por: Guillermo J. Garcia Sanchez (@guillermojgarci)
El próximo 20 de enero Donald J. Trump será el presidente de Estados Unidos. Trump ganó. Los demócratas progresistas y la cultura de inclusión perdió. Tendremos que vivir con esa realidad por al menos cuadro años. Podemos seguir pasmados por lo que pasó y criticando a los funcionarios mexicanos sobre lo que hicieron o no hicieron para ayudar a prevenir la llegada del magnate. Mejor respiremos hondo y reflexionemos colectivamente. Es más constructivo pensar en qué sigue para México y en qué debería estar haciendo el gobierno para enfrentar esta nueva realidad. Se me ocurren una infinidad de cosas, pero por lo menos les comparto dos inmediatas que pueden combatir actos del gobierno de Trump, que ha anunciado en el plan de acción para los primeros 100 días de gobierno su gobierno.
1) Proteger a los connacionales vulnerables a la deportación
Aunque el gobierno de México siempre ha tenido un gran equipo consular encargado de proteger a los connacionales en EUA, la política de Trump amerita una nueva estrategia. En su campaña amenazó con hacer dos cosas: deportar a todos los indocumentados y repeler la orden ejecutiva de Obama que suspendía la deportación de los dreamers (hijos de migrantes ilegales que llegaron como menores de edad a EUA). Para ninguna de esas dos acciones necesita del apoyo del Congreso. De los dos grupos, los dreamers y sus familiares son los más vulnerables puesto que para poder formar parte del programa de Obama tuvieron que salir de las sombras. Alrededor de 665,000 hijos de migrantes se arriesgaron a entregar datos personales, como su domicilio, contactos y teléfonos, a cambio de la promesa de que no serían deportados. Con Trump hay altas posibilidad de que no se respete la promesa. Estas familias son la primeras en estar en la lista de deportables de Trump puesto que saben quienes son y donde están.
México necesita estar preparado para ayudar a esas familias en el proceso de repatriación que no puede parar si Trump decide cumplir con su promesa. Hay que prepararnos para el peor escenario. Desde ayudarles a restablecerse en México, hasta apoyarlos en los procesos legales que emerjan para tratar de pelear la decisión o a reaplicar a visas desde México si es que la nueva política de Trump lo permite. Muchos de estos jóvenes tienen buenos niveles de preparación, y sería una pena que México no aprovechara su reinserción, aunque sea temporal, para beneficio del país.
De entrada la Secretaría de Relaciones Exteriores debería de detener los recortes de personal consular en EUA que anunció hace unos meses. Se van a necesitar esa plazas para acompañar a la comunidad en el drama que se avecina. Asimismo, Secretarías como la de Educación y Desarrollo Social deberían empezar a preparase para ayudar a los menores deportados a integrarse a programas educativos y sociales. Actualmente existen 500,000 niños mexicano-americanos que fueron deportados a México por la situación migratoria de sus padres, y que no se han podido integrar al sistema educativo nacional por su falta de dominio del español, de los contenidos educativos mexicanos y complejos trámites de revalidación escolar. Hoy por hoy son capital humano que no se ha podido reintegrar al país académicamente hablando. Ahora que entre Trump no podemos darnos el lujo de seguir sin un programa que integre a esos connacionales y capitalice sus niveles educativos y su dominio del inglés.
2) Prepararse para los litigios del TLCAN y de la OMC
Una de las promesas de campaña de Trump fue la renegociación de los acuerdos de libre comercio, en especial el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). De hecho hay quienes dicen que esta promesa fue la que le ayudó a ganar los estados que le dieron la elección (Pensilvania, Michigan, Wisconsin y Ohio). Trump puede denunciar el tratado e intentar negociar uno nuevo. Sin embargo, eso generará costos económicos catastróficos en el corto plazo puesto que industrias estadounidenses y las comunidades que dependen directamente del comercio con México se vería fuertemente afectadas. Al menos 9 millones de empleos norteamericanos dependen del TLCAN según las cifras oficiales. Asimismo, una renegociación implicaría un proceso legislativo con el Congreso estadounidense que se podría ver afectado precisamente por las compañías interesadas en mantener el TLCAN. Veo difícil que en el corto plazo Trump elija ese camino. Lo que sí puede y sería consistente con sus promesas de campaña es empezar una guerra de litigios en paneles arbitrales del TLCAN y la Organización Mundial del Comercio contra México, China y quien se le ponga enfrente. Para eso no necesita negociar ni pasar por el Congreso, y sería consistente con su cultura personal y de negocios altamente litigiosa. Aunque pierda algunos de esos arbitrajes en el corto plazo podría subir aranceles argumentando que México y los vecinos no están cumpliendo con su parte del TLCAN o del GATT. Además un litigio siempre es llamativo en los medios de comunicación y Trump podría usarlo para demostrar que está defendiendo a los estadounidenses con todos los medios disponibles.
En México la Secretaría de Economía es la encargada de los litigios del TLCAN. El gobierno de México debería estar pensando en cómo equipar la dirección general encargada de los litigios con gente especializada en procesos internacionales de comercio y de inversión. Deben apostarle a generar el capital humano dentro de la SE, y no sólo a subcontratar despachos internacionales para que les lleven el litigio. Los segundos son más caros y no necesariamente piensan en el mejor interés del Estado y en la política económica a largo plazo, sino en ganar el caso concreto cueste lo que cueste.
La peor estrategia es la de seguir pensando que no va a pasar nada. Que todas sus declaraciones son palabras al aire necesarias para ganar la elección. Eso es un error. Hay que preparase para lo peor. La historia nos lo dice. Quienes se preparan para la tormenta y los tiempos violentos, sobreviven a la catástrofe. Quienes meten la cabeza en el hoyo como avestruz, son arrastrados por el viento y devorados por los demagogos. Estas son dos propuestas concretas, pero estoy seguro que muchos tendrán más. El foro está abierto y la tormenta ya llegó. Es momento de proponer, moverse y dejar la atrás el trauma electoral.
* Guillermo J. Garcia Sanchez es candidato a Doctor en Leyes por la Universidad de Harvard e investigador visitante en la Universidad de Georgetown.