Por qué soy escéptico sobre la estrategia sueca para el coronavirus

blogeditor · 21 de mayo de 2020

Por qué soy escéptico sobre la estrategia sueca para el coronavirus

Gracias a que algunas noticias han retomado las declaraciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se ha mencionado la estrategia de Suecia como una alternativa viable al distanciamiento físico a gran escala que se implementó en México y otros países. Antes de concordar, es importante tener un debate previo sobre sus ventajas y desventajas, sobre todo porque la situación puede usarse ideológicamente por quienes anteponen la economía a las vidas humanas.

Esta es mi contribución a ese debate.

1. La estrategia sueca

Consiste en solicitar a la ciudadanía reducir su movilidad y contactos sociales, prohibir reuniones de más de 50 personas y cerrar los refugios para gente mayor y las escuelas solamente desde la educación media. Se recomienda mantener distancia sin implementar el confinamiento obligatorio ni cerrar negocios (la ley regula estrictamente los aislamientos obligatorios). Finalmente, incluye aumentar los insumos hospitalarios.

2. La OMS

La estrategia sueca volvió al debate internacional gracias a la mención del doctor Mike Ryan, de la OMS, el pasado 29 de abril. Desde entonces, comentaristas y medios de tendencia conservadora la promocionaron como una alabanza de la OMS a la no implementación de cuarentenas; sin embargo, esta es una interpretación sesgada. Lo que Ryan dijo es esto:

“Existe la percepción de que Suecia no ha implementado medidas de control y simplemente ha permitido que la enfermedad se propague. Nada más lejos de la verdad. Suecia ha implementado una política de salud pública muy sólida en torno al distanciamiento físico, el cuidado y la protección de las personas en instalaciones a largo plazo y muchas otras cosas. Lo que ha hecho de manera diferente es que depende mucho de su relación con su ciudadanía y de la capacidad y voluntad de los ciudadanos para implementar el distanciamiento físico y autorregularse (…)”.

Otro aspecto importante es la “inmunidad de rebaño”. Algunos funcionarios suecos han especulado que su país podría estarse dirigiendo a alcanzar la inmunidad de rebaño, como el doctor Anders Tegnell, jefe de epidemiología, o Karin Olofsdotter, embajadora en Estados Unidos (EU). Pero, según Ryan, “incluso en áreas de transmisión intensa (…) la gran mayoría de las personas siguen siendo susceptibles”; por ello, no hay razón para pensar que ha habido suficientes infecciones para alcanzar pronto dicha inmunidad. Algunas cosas señaladas por Ryan se han interpretado como una sugerencia para tomar a Suecia como un modelo para las sociedades “post-cuarentena”, pero él se refiere a confiar “en sus propias comunidades para implementar el distanciamiento físico”, de forma que “nuestras relaciones físicas y sociales tendrán que ser moduladas por la presencia del virus”.

3. La economía sueca en la pandemia

Quienes defienden la estrategia sueca deben mostrar que tiene alguna ventaja económica o para la salud. En términos económicos, ¿tiene alguna virtud particular? Tristemente, no lo parece. Olofsdotter dijo, el pasado 26 de abril, que el “desempleo, que antes era de 6.5%, ahora es de alrededor del 11% y está creciendo”, y “esperamos que nuestro PIB se reduzca entre un 4 y un 10% para 2020”. Desafortunadamente, tampoco parece que tenga alguna ventaja sanitaria, sino al revés, como ahora veremos.

4. La tasa de mortalidad

Como no podemos comparar el número de muertes entre distintos países directamente —simplemente porque hay países con mayor población que otros—, debemos “controlar” el número de muertes en un país con el número de sus habitantes. La medida usual es el número de muertes por millón de habitantes, o tasa de mortalidad.

En este índice, al 5 de mayo, Suecia estaba peor que EU —considerado el “epicentro” mundial de la enfermedad. De hecho, está en el “top ten” mundial de tasa de mortalidad; aunque, por supuesto, le ganan los tristemente líderes mundiales, como Bélgica, España, Italia o Reino Unido (RU), pero hay que subrayar que está en una escala totalmente ajena a sus pares nórdicos: con 283 muertes por millón, está lejos de Noruega con 40 por millón, o Dinamarca con 90.

 5. Comparando a Suecia con México

Los datos al 5 de mayo indican que México tiene 21 muertes por millón de habitantes, en contraste con los 283 de Suecia. Si hacemos un cálculo elemental del escenario en el que replicáramos su tasa de mortalidad en este país, tendríamos que multiplicarla por los 127 millones de habitantes que hay en México, y la mortalidad sueca equivaldría aquí a casi 36 mil muertes, no las 2 mil 507 que al 5 de mayo tenemos confirmadas. Es decir, tendríamos casi 34 mil personas muertas por no implementar medidas más estrictas de distanciamiento físico.

Falta comparar la prevalencia en ambos países de comorbilidades que aumentan el riesgo de muerte por COVID-19, como obesidad o hipertensión, entre otras. Por ejemplo, en 2017, México presentó una prevalencia de diabetes del 13%, mientras que Suecia reportó casi tres veces menos: 4.79%. Claro que en ambos países las pirámides poblacionales son muy distintas: en México hay más personas de la tercera edad. Pero también son diferentes sus sistemas de salud: por cada mil habitantes, Suecia tiene el doble de médicos y casi el doble de camas que México.

6. ¿Qué razones tenemos para pensar que el distanciamiento físico es eficaz?

Lo que hice arriba es un cálculo muy elemental de “mundos posibles”, extrapolando directamente la tasa de mortalidad de un país al otro, pero hay cálculos más serios, con los modelos matemáticos de la Epidemiología.

La eficacia de la estrategia de confinamiento se ve, por ejemplo, con los reportes del Imperial College (IC). Estos fueron criticados por el doctor Giesecke, exjefe de epidemiología de Suecia, quien los llamó “muy pesimistas”, pero no desarrolló su crítica: Giesecke señala que el equipo del IC da por sentado que la capacidad hospitalaria está fija, cuando en realidad se ha extendido; esto es verdad, pero no ofrece un cálculo del escenario con esta extensión. Giesecke se refería al reporte del 26 de marzo, que muestra que sin una estrategia de supresión, que incluya confinamientos masivos, tanto RU como EU iban a superar por mucho la capacidad de carga de sus sistemas de salud, resultando en muchas más muertes.

Esta predicción es una de las justificaciones más importantes de la estrategia de “aplanar la curva”. Hay que subrayar que este reporte influyó en el cambio de política del RU, que precisamente se parecía a la famosa estrategia sueca, y también que, desafortunadamente, en México estamos lejos de los países de primer mundo, por lo que, con la estrategia sueca, muy probablemente nos hubiera ido peor.

* Carlos Romero es candidato a doctor en filosofía por la UNAM, donde imparte cursos de Lógica y Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras. Entre sus últimas publicaciones están “¿Cómo puede contribuir la filosofía de la ciencia en la crisis del COVID-19?” (Scientia In Verba, 2020) y “Modality is not explainable by essence” (Philosophical Quarterly, 2019). Actualmente prepara un libro de texto sobre Lógica.

 

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