Por sus muros los conoceréis

blogeditor · 8 de marzo de 2021

Por sus muros los conoceréis

El 13 de agosto de 1961 empezó la construcción del Muro de Berlín, el cual separaría a la capital alemana en dos:  la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana. Fue el símbolo de la Guerra Fría y, claramente, el símbolo de la confrontación de dos realidades, de dos mundos, de dos visiones.

El famoso Muro fue derrumbado el 9 de noviembre de 1989 y con él se derrumbaron las certezas que el mundo bipolar garantizaba, entre otras, el choque  entre dos hegemonías y sus respectivas esferas de influencia.

Los muros históricamente han representado las diferencias entre países, la protección ante amenazas, la voluntad de aislarse, de protegerse, de impedir el avance de “los otros”. La tragedia del Muro Berlín radicó en que fue una pared que se erigió al interior de un país, de una ciudad y dividió a familias, amistades y personas de un día para otro. Los vecinos se convirtieron de la noche a la mañana en enemigos, en “los otros”, por una pared.

Encontramos muestras de muros que cumplen estas funciones a lo largo de la historia y en más países y regiones de las que quisiéramos. En Belfast, en Irlanda del Norte, están las “líneas de la paz”, o “muros e la paz”, que separan los barrios católicos de los protestantes y cuyo objetivo era limitar los conflictos entre ambas comunidades. Aunque el conflicto que se vivió en los sesenta y setenta ya no se vive con esa crudeza y violencia, el aire sigue cargado con la energía que dejaron la muerte, la confrontación, el dolor y el resentimiento. No hay balas ni bombas molotov ya, pero quedan los recuerdos y la tristeza que se respiran al caminar por las calles y cruzar las líneas.

En Sudáfrica existen aún los muros que separan al país de sus vecinos en  Mozambique, Zimbabue, Suazilandia. El objetivo era evitar que los vecinos de esos países con niveles mayores de pobreza y violencia local saltaran la frontera para buscar opciones de vida en el país con mayor desarrollo.  En torno a esas paredes la violencia tampoco escatimó.

En México tenemos el muro que ha dividido a México de Estados Unidos, el “Muro de la Tortilla” como se le conoce en muchas partes. Ha sido un muro en el que también ha habido violencia, pero que no ha logrado evitar que las y los migrantes lleguen al país vecino. La narrativa sobre el muro ha cambiado dependiendo de los presidentes y gobiernos en turno. La llegada de Trump recrudeció la presencia de esa pared de piedra en algunos tramos y de bardas metálicas con púas en otros y sobre todo, fortaleció una narrativa de confrontación que exacerbó la xenofobia y el odio antimexicano en su país. Fue, sobre todo, un símbolo a favor del odio a lo diverso, a lo otro, a lo no estadounidense y al aislamiento no sólo físico, sino ideológico. El muro de la polarización.

Escribo esto justo hoy un par de días después de que el presidente mexicano, Lopez Obrador, mandara poner vallas  de metal, de varios metros de altura en torno a Palacio Nacional para impedir la llegada de las mujeres que marcharán el 8 de marzo hacia ese recinto. Sus portavoces le han llamado “el Muro de la paz”.

Estas bardas metálicas que normalmente se emplean para contener motines y enfrentamientos con grupos de choque,  resultan insultantes en el contexto en el que se han desplegado y suscitan una serie de preguntas obligadas.

Empiezo con una frase que ha dado vueltas en las redes sociales y que me ha quedado grabada porque sintetiza lo que esto representa: “ Que nunca se nos olvide: Pedimos justicia y nos respondieron con un muro”.

¿Esa es la única respuesta que un gobierno que se autonombra “el más feminista de la historia” tiene ante las demandas de justicia del 51% de lo población? ¿Esa es la respuesta que se tiene ante el reclamo y la solicitud de esclarecimiento y prevención de 11 feminicidios diarios en México?

La barda metálica quedará en la historia de este gobierno y del 8 de marzo en México y el mundo como el  símbolo de un gobierno y presidente cuyos muros ideológicos  son tan altos que le impiden ver la realidad.

Es el  símbolo de la falta de empatía, de la indiferencia, de la sinrazón.

Es el símbolo de la complicidad.

Es el símbolo de la autocomplacencia.

Es el símbolo del pacto patriarcal.

Esta barda es una aseveración: importan más los pactos políticos entre cuates que la defensa de las víctimas; importa más mantener el poder que usarlo para servir; importa más defender tu propia visión del mundo que las vidas de las mujeres.

Los muros se erigen, como ha demostrado la historia, ante el miedo y la amenaza. Se erigen para defenderse de “los otros”. En este caso, se ha levantado  un muro para no ver, sentir, escuchar a “las otras”, a las “enemigas”, “a las manipuladas por los detractores”, a esas que exageran cuando salen con miedo a la calle porque si las violan, la única respuesta que han encontrado y siguen encontrando por parte de las autoridades es, precisamente esa: un muro.

Kennedy dijo ante el Muro de Berlín en 1963 el famoso discurso Ich bin ein Berliner”, “Soy ciudadano de Berlín” expresando su solidaridad hacia los habitantes de Berlín.

El muro frente a Palacio Nacional, ya hoy convertido en un memorial con los nombres de las víctimas de feminicidio en México gracias a las feministas que han ido a pintarlos y nombrarlas para que estén muy presentes y no se olviden, está siendo, sin duda alguna, el detonador de un acercamiento profundo entre mujeres, feministas, aliadas y aliados por la defensa de los derechos de las mujeres. El muro que debería rodear y aislar  a quienes ejercen la violencia y matan, se hizo para alejar a las mujeres,  sus causas y derechos, a las víctimas y a sus familias.

Paradójicamente aísla aún más al habitante del lugar, quien envuelto en sus propios oropeles y fantasmas, pone en evidencia que lo que protege el muro es el machismo institucionalizado en el palacio virreinal en el que vive feliz un presidente disfrazado de austeridad.

Que no se sorprenda si escucha detrás del muro “Todas y todos somos feministas”, “Todas y todos somos ciudadanos del país de la impunidad y la indiferencia”, “Si les ponen un muro a ellas nos ponen un muro a todas y a todos”.

No olvidemos la función de los muros y recordemos el que se erigió para el 8 de marzo del 2021 en la Ciudad de México.

#SiTocanaUnaNosTocanaTodas

#QueCaigaconFuerzaelFeminicida

@LaClau