blogeditor · 8 de junio de 2012
Por: Zaira Razú Aznar (@zairazua)
¿En qué creen? Ahí viene la parte difícil. A estas alturas parecería que ya no hay una creencia común entre los integrantes del movimiento. Después de las asambleas universitarias y de la constante presión que han ejercido en el movimiento distintos medios de comunicación para que éste defina UNA postura (exigencia que no considero acorde a su naturaleza), el movimiento –dicen – ha perdido coherencia. No sé si el movimiento (éste o cualquiera) alguna vez tuvo coherencia; desde el principio no se definía si era antiEPN o no o si la protesta debía ser en contra de Televisa o en contra de un sistema (gobierno) que no había hecho nada por impedir el oligopolio televisivo (todo lo contrario, de hecho).
Tengo claro que lo que a mí me llamó la atención fue la exigencia por aumentar la competencia en los medios y sé que muchos de mis conocidos se pusieron la camiseta de 132 por la misma razón. También creo que lo que le dio fuerza al movimiento no fue eso, sino la bandera antiEPN. Dudo que el movimiento se hubiera convertido en lo que es, si en la visita de Peña Nieto a la IBERO se hubieran reunido los alumnos con pancartas que dijeran : “No al oligopolio televisivo”; “Exigimos competencia en los medios”; “Dividamos entre más el espacio radioeléctrico”. Creo que en ese caso mucha gente hubiera dicho: Tienen razón, el oligopolio televisivo está muy mal. Ni Coldwell hubiera hecho sus nefastas declaraciones, ni se hubiera convocado a nadie a decirle que no eran ciertas. Fin de la historia.
No fue así, los estudiantes salieron a recordarle a Peña Nieto la ley de transparencia que vetó, Atenco, el aumento en la tasa de feminicidios en el Estado de México, Montiel, Moreira, Ulises Ruiz, Mario Marín y muchos etcéteras. Al mismo tiempo, salieron a recordarle que era el candidato favorito de Televisa y que el poder de Televisa era lo suficientemente grande como para decidir, mediante la desinformación, al siguiente presidente de México. Televisa puede tener un candidato favorito si le da la gana (o si le dan los 600 millones de pesos que eso cuesta). El problema que saltó en la IBERO es que en México, ser candidato favorito de Televisa, tiene consecuencias que no tendría si no hubiera un duopolio televisivo.
Regresando al tema de la creencia común, creo que es “algo” que tiene que ver con abrir la competencia en los medios, “algo” que tiene que ver con que Peña Nieto está donde está porque Televisa lo puso y, sobre todo, muchos “algos” que tienen que ver con un descontento generalizado, así, sin nombre ni apellido, con la situación política, económica y social del país. Entonces la gente sale a marchar, unos tienen claro que su bandera es una mayor competencia en los medios, otros tienen claro que es que quieren que pierda Peña Nieto, otros están hasta la madre de la guerra, otros creen que debería haber cambios sustantivos en el modelo económico actual, otros no saben que quieren pero saben que no quieren lo que hay … y salen.
Por eso no creo que tengan razón los que dicen que salir a marchar las calles no sirve de nada. Me parece una apreciación miope y simplista de las consecuencias que puede tener un movimiento social. De entrada, y para nada es poca cosa, los jóvenes (y aquí, por supuesto, hablo sólo de los que me rodean: no, no tengo una muestra representativa) están más politizados que en mucho tiempo. Por primera vez, en lo que llevo de estar obsesionada con el tema, tengo la impresión de ver ciudadanos y no zombies.
Además, sí creo que la causa principal sigue siendo la apertura mediática. Es cierto que se han metido otros puntos en la agenda que quizás deberían mantenerse fuera y perseguirse desde otros frentes, pero no creo que dichos puntos hayan totalizado el discurso ni se hayan vuelto los más importantes del movimiento. Estoy determinada a no ponerme purista con esto: es un movimiento social, hay miles de voces, ni modo. Y si me sigo considerando parte del movimiento, me sigo sintiendo con una capacidad (aunque sea pequeñita) de cambiarle el rumbo junto con otros que piensen como yo. O sea, no me voy a poner purista ni fatalista. Valoro tanto este “despertar” que estoy dispuesta a ceder en coherencia con tal de ganarle a la apatía. Vale más tropezar, caer y volver a pararse en la búsqueda de ciudadanía activa que mantenerse siempre en pie por un afán utópico de pureza.