¿Por qué no decimos “levantado”?

blogeditor · 6 de marzo de 2022

¿Por qué no decimos “levantado”?

Tras una balacera a nuestro edificio en Mazatlán y en un contexto de violencia que nos dejaba más de 6 homicidios diarios en Sinaloa (2010), en Noroeste decidimos dejar de usar “narco-lenguaje”.

Desde entonces no publicamos palabras ni mensajes que promueven la violencia, el crimen organizado o la narco-cultura, o aquellas que hacen apología del delito.

No digo que no lo hicimos antes. Rebasados por la epidemia de violencia que desató la Guerra contra las Drogas de Felipe Calderón, caímos en el juego discursivo de los criminales al igual que el resto de los medios del país. Cometimos excesos y errores: también llevamos el récord de muertos, replicamos íntegros mensajes de narco-mantas y publicamos fotos ofensivas, así como los rostros de presuntos delincuentes presentados por las autoridades (escenografía incluida) en nuestra Nota Roja. Todo eso que ahora se hace en redes sociales sin ningún límite y con las “ventajas” del streaming.

Pero algo aprendimos después de ser atacados y amenazados, de tomar capacitación y de hablar con políticos, empresarios, académicos y organizaciones de la sociedad civil sobre el impacto de nuestras narrativas en la comunidad a la que servimos y de cómo, por qué y para qué publicamos sobre la violencia que nos afecta a todos.

Por supuesto también influyó el cambio en el sistema de justicia penal del modelo inquisitivo al acusatorio; y la amplísima bibliografía de ética periodística que se ha venido agregando a nuestra profesión.

¿En qué terminamos? En unos criterios prácticos, perfectibles y siempre en constante revisión sobre qué y cómo cubrimos y publicamos cuando se trata de violencia. Puede conocerlos aquí. Lo que tampoco garantiza que no nos sigamos equivocando.

En Noroeste decimos “privado de la libertad”, “secuestrado” o “desaparecido” en lugar del genérico “levantado”; decimos “asesinato” u “homicidio” y no “ejecutado”, por citar algunos ejemplos. Lo hacemos así básicamente por dos razones, una periodística y otra ética. Ambas interrelacionadas entre sí.

Desde lo periodístico: no lo hacemos porque unas de las funciones principales del periodismo es el registro de los hechos. Un registro lo más preciso posible para eliminar sesgos y ambigüedades. En el caso de “levantado”, el término es sumamente impreciso y se aplica de manera indiscriminada a una diversidad de circunstancias. “Levantado” existe en el diccionario como participio del verbo “levantar”, pero no existe en la acepción violenta que muchos medios y la gente usan para referirse a alguien que fue privado de la libertad, ya sea para secuestrarlo, asesinarlo o desaparecerlo. Todos esos delitos cuentan con un vocabulario más específico y preciso para describirlos en términos jurídicos. En Noroeste creemos en la necesidad de esa precisión para informar mejor a nuestras audiencias.

La segunda razón es ética: “levantar”, un verbo antes inocuo en este contexto, se convirtió en una palabra que describe un hecho violento, un ataque a la libertad de las personas. El término se impuso en la narrativa diaria de ciudadanos y medios de comunicación que lo usan para identificar una acción de criminales: son los “narcos” los que levantan, “los malos”, “los criminales”. No es el “levantar” que “recluta” del ejército sino un término que entraña una criminalización a priori: “levantan” a los que “andan metidos”, a los que “algo debían”. El resultado de ese “levantón” (en sustantivo) es entonces la normalización: se lo merecían, es “como debía ser”. Los “muertos buenos” y “muertos malos” que Rossana Reguillo explica en Necromáquina (2021). En cambio, un privado de la libertad o un secuestrado implica un delito específico donde la víctima es clara.

Desde el año 1990 a 2021, en Sinaloa han sido asesinadas casi 30 mil personas (INEGI). Al cierre de 2021, en Sinaloa hay 3 personas desaparecidas a diario en el estado y 60% de ellas no son localizadas nunca. De ese tamaño es nuestra violencia crónica y compleja. Una violencia que antes era localizada y que ahora asola a prácticamente todo el país.

Desde el lanzamiento de la Operación Cóndor en 1976, lo “narco” se identifica, tristemente, con Sinaloa. Cualquier sinaloense que viaje al extranjero sabe lo que es que en cualquier lugar del mundo te pregunten por el Señor de Los Cielos o El Chapo Guzmán y no por nuestra música que gana premios Grammy, nuestros beisbolistas que juegan en Grandes Ligas o nuestra comida, que quien prueba adora. El estigma narco nos acompaña, es innegable y doloroso. Un estigma que ya marca a Jalisco, Tamaulipas, Michoacán y Baja California.

Buena parte de ese posicionamiento narrativo tiene que ver con el lenguaje que usamos para describir nuestra violencia, del rol de quienes la producen, pero también de quienes la reproducimos: periodistas y medios de comunicación. El corrido y la ficción del cine o la literatura pueden (y deben) permitirse licencias creativas que el periodismo no. Mi perspectiva es que desde este oficio no solo tenemos la obligación de contar nuestra realidad sino, también, de fijar límites y estándares ético-periodísticos para contar dichas historias.

Esta postura es debatible y cuestionable, por supuesto. No aspiramos a la verdad absoluta ni a la infalibilidad, sino a la reflexión permanente de un oficio que debe ser siempre un servicio que evoluciona. Que cada medio y periodista decida en total libertad.

Sabemos también que estos estándares nos quitan audiencia, reducen el “impacto” sobre todo en redes sociales, y nos hacen más lentos a la hora de publicar. Pero no queremos clics a costa de lo que sea.

En Noroeste creemos que la violencia criminal, gracias a la incapacidad, la omisión y la colusión de las autoridades, ya nos ha quitado demasiado a los sinaloenses y a los mexicanos. Nos ha quitado centenas de miles de personas y nos ha robado la paz. Ha estigmatizado regiones enteras y nos ha sumido en el miedo y la injusticia permanentes. Que no nos quiten la capacidad de llamar a los delitos y las atrocidades que cometen por su nombre.

@AdrianLopezMX