blogeditor · 11 de octubre de 2022
En México, la mayoría de las uniones infantiles se presentan en niñas y adolescentes. En 2020 sumamos más de 237 mil niñas y adolescentes unidas con una pareja, más de 28 mil de ellas tenían entre 12 y 14 años. Sabemos que las crisis que generan estrés económico y cierre de escuelas también traen consigo un incremento en embarazos y uniones infantiles, 1 2 por lo que hoy ese número debe ser mayor. Sabemos, también, que generalmente estas uniones se dan con hombres mucho mayores que ellas y que hay niñas menores de 12 años que están en esta condición y que no podemos saber cuántas son y dónde están.
Del total de las niñas y adolescentes que están unidas con una pareja, el 45 % habían sido madres al menos una vez y más de 3 mil 300 de ellas tenían apenas entre 12 y 14 años. Más que solo datos, estos números nos obligan a pausar y reflexionar en los riesgos que significan para la historia personal de la vida de esas miles de niñas y adolescentes en el país y la urgencia de hacer todo lo posible para mitigarlos. Los datos quieren decir, por ejemplo, que muchas de ellas, a una corta edad, ya vivieron violencia obstétrica, 3 abandonaron sus estudios 4 y están destinadas a trabajar de formas no remuneradas a lo largo de su vida. Otras, por ejemplo, muy posiblemente ya pasaron por un embarazo riesgoso, 5 un abuso sexual 6 y enfrentaron la muerte de la hija o hijo que tuvieron por complicaciones. 7 También, hay quienes ya viven violencia dentro de sus hogares o son más vulnerables a enfrentarla en algún momento de su vida. 8
Por situaciones como estas es que hemos urgido, a gobierno y sociedad, a repensar el presente que las niñas de este país enfrentan, de buscar formas para no apresurar sus procesos y respetar las distintas etapas de su desarrollo. Para que esto suceda, son sus contextos los que deben ser propicios para ello y son esos contextos los que deben evitar que las niñas o adolescentes sean unidas a la fuerza, o sean orilladas a decidir que unirse es su mejor o única alternativa.
Lo anterior, porque hoy sabemos que algunas de las niñas y adolescentes que están unidas con una pareja, por poner algunos ejemplos, son orilladas a hacerlo con alguien por estrategias económicas familiares, o porque tuvieron un embarazo temprano y su valor en la sociedad y el de su familia está en juego; o porque en su comunidad unirse con un hombre adulto es la práctica habitual 9 y se percibe como la forma para acceder a mejores condiciones de vida; o incluso algunas porque ven esa unión como la salida para escapar de un contexto de violencia al interior de sus hogares. Es decir, que las trayectorias de vida de las niñas y su situación conyugal están condicionadas por su género y por su edad, que las causas son variadas y que se sostienen en la normalización, aceptación y transferencia intergeneracional de profundas desigualdades. Son ellas quienes pagan el costo más alto.
Cambiar estos contextos es complejo, pero debe ser posible. Se deben activar todos los mecanismos posibles para garantizar que la mejor alternativa sea otra, que estar unida con una pareja pueda esperar y que sepan que su valor en la sociedad ya no está atravesada por esa variable. En su lugar, que tengan tiempo libre para descubrirse; que la escuela sea un espacio seguro donde se fomenten sus curiosidades, que puedan encontrar información integral sobre sexualidad sin prejuicios; que conozcan mecanismos amigables y efectivos para acceder a protección si se sienten inseguras y que tengan acceso a todos los servicios de salud sexual y reproductiva; que ellas y sus familias tengan un ingreso seguro y acceso a seguridad social, y que la crianza basada en la ternura y el respeto sea la norma en todos los hogares. A pesar de que en México ha habido esfuerzos para que sea así, todavía estamos muy lejos de lograrlo.
Es necesario fortalecer estrategias de política pública y un plan de acción inmediato que busque activamente una comprensión más profunda de las causas del matrimonio infantil, desde el nivel nacional hasta el municipal, y entonces se fortalezcan estrategias diferenciadas que las aborden, con presupuestos robustos y claros. Al día de hoy, no hay una estrategia integral clara para ello.
En la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENAPEA), sin embargo, sí se menciona la necesidad de generar acciones orientadas a la prevención de la violencia sexual, los matrimonios, las uniones y los embarazos forzados en menos de 15 años. Son este tipo de procesos que se deben monitorear y fortalecer para situarlos como un componente principal y no secundario, pues los embarazos infantiles son causa y consecuencia de las uniones infantiles. Hace unas semanas, el informe hecho por El Colegio de México sobre Embarazo Temprano en México, detallaba que en ocasiones hay grupos estatales que dirigen acciones de la ENAPEA a la población adolescente, sin “acciones específicas para quienes experimentan más vulnerabilidad en cuanto a embarazos tempranos, violencia sexual o matrimonios forzados”. 10
Por otra parte, recordar que modificar los números de uniones infantiles solo se podría lograr con una sociedad activa, crítica y dispuesta a abrir conversaciones incómodas para cuestionar lo que esta situación que hemos normalizado por muchos años, representa para todas las niñas y adolescentes del país. Entonces también para buscar soluciones colectivas.
Estamos convencidas que destapar estas causas y comprenderlas de mejor manera llevará a esas estrategias más puntuales. Además, que la comprensión de ellas solo será adecuada si se toman en cuenta sus percepciones, si se identifica lo que ven y escuchan desde edades tempranas, tanto ellas como sus pares, y las personas de su entorno; si entendemos cómo decodifican los discursos que usamos en los espacios donde se desarrollan, y evaluamos si estamos afectando o fomentando su agencia. A 10 años de la creación del Día Internacional de la Niña, recordamos que es con ellas que podremos adecuar sus contextos, y asegurarnos que vivan cada etapa de su desarrollo libres, seguras y protegidas.
* Mariana Beeu Pría Esesarte es coordinadora de Incidencia Política de Save the Children en México (@SaveChildrenMx), organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo. Ayuda a los niños y niñas a lograr una infancia saludable y segura. En México, trabaja desde 1973 con programas de salud y nutrición, educación, protección infantil y defensa de los derechos de la niñez y adolescencia, en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas.
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1 UNICEF (2021), 10 million additional girls at risk of child marriage due to COVID-19.
2 Save the Children, Human Rights Center, Toward an End to Child Marriage: Lessons from research and practice in development and humanitarian sectors.
3 INEGI (2022), Encuesta Nacional Sobre la Dinámica de las Relaciones en las Hogares (ENDIREH 2021), Comunidad do de prensa número 485/22 p. 28.
4 INEGI (2020), Tabulados del Censo de Población y Vivienda 2020.
5 UNFPA. (2020), Consecuencias socioeconómicas del embarazo adolescente en México, 2020.
6 INEGI (2021), Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2021), p. 99.
7 Organización Mundial de la Salud, El embarazo en la adolescencia.
8 Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (2017), El matrimonio infantil afecta gravemente los derechos de niñas, niños y adolescentes.
9 El Colegio de México, Pfizer (2022), Embarazo temprano en México. Un análisis de la implementación descentralizada de la ENAPEA.
10 Ibid.