blogeditor · 18 de julio de 2014
Estoy en San Francisco, California, y en la televisión del bar está Fox News. Sabía de su militancia como medio (son la ultra derecha) y en algún reporte especial de la revista The Economist, para trazar el futuro de las noticias decían, entre otras cosas, que éstas tenderían a foxificarse. Por autoselección nunca había visto un noticiario completo (ni a medias, ni tantito) y quedé francamente sorprendido. Barack Obama había pronunciado un discurso en el que enumeró acciones para salvar a la clase media; tras el clip, la conductora comenzó diciendo “¿cómo es que Obama va a destruir a la clase media?” y ese fue el tono durante una hora: republicanos y especialistas sonrientes le explicaban al público lo que “dijo” Obama.
Pienso que en una democracia más o menos funcional esto es normal: los medios de comunicación asumen posturas públicas y políticas sobre temas y las difunden de manera transparente. Frente a un panorama de acceso igualitario a una gama plural de medios, estas conversaciones ocurren en mismo plano y el sujeto que se informa acabará por ajustar sus preferencias en el mercado de las ideas. Después de casi dos décadas de la caída de los intermediarios para publicar (gracias a internet), parece cada vez más sólido el paradigma de que la transparencia es la nueva objetividad.
[contextly_sidebar id=”I7U51lIJOkQ6M6JWey4qHyXD8Qj1Ih6U”]En México parece complicado porque sucede todo el tiempo. Los medios impresos y algunos consorcios mediáticos tienen en realidad los mismos intereses porque éstos están concentrados; nadie quiere perderse de la publicidad oficial –que tiene un efecto de subsidio a los medios– por lo que vemos poca varianza en la información que nos presentan. Si desde el sector público los incentivos alinean las líneas editoriales, en el plano privado no hay mucha diferencia: o Slim o Televisa, o ICA u OHL y así. Las campañas encubiertas de funcionarios públicos federales para hacerse de cargos públicos en las próximas elecciones en el DF y la cortina de humo en boga acaparan todo el espacio. Las coberturas locales, salvo casos honrosos, han desaparecido a cambio de supervivencia y la información de las realidades estatales se ve casi siempre desde el ojo chilango, o no se ve.
¿Pienso que hacen falta medios como Fox News en México? Sí, en el sentido de la transparencia de la línea editorial. Porque no es lo mismo leer una noticia abiertamente sesgada que leer la misma declaración oficial en medios aparentemente distintos. Que los haya transparentemente de izquierda, de derecha, oficialistas, antioficialistas. Hoy, en cambio, estamos en el peor de los mundos: amparados en la “objetividad” (auspiciada desde las arcas gubernamentales) se ahorcó la pluralidad de voces, puntos de vista, acentos, adversarios, discursos. Vaya, que hasta Carmen quiere pasar por objetiva en lugar de ser transparente.
En la agenda del rescate de lo público se encuentran los medios, ¿por qué? Porque acceder a información tiene una relación estructural con la democracia. ¿Por qué un medio abiertamente militante hace sentido? Porque el periodismo mexicano renunció a problematizar la realidad (apenas se conforma con retratarla a medias) desde lugares particulares, y así cumplir con una tarea esencial: el diálogo y la deliberación de ideas y argumentos distintos. Medios con adversarios claros (eso, creo, permitiría investigar más y mejor) y no con intereses escondidos.
Al salir del bar, pienso que quizá lo que tenemos es una dictadura mediática. Suena exagerado, pero con esto quiero decir que en México, el arreglo de los medios (impresos-tv) con el poder no ha pasado por su propia transición democrática.