Redacción Animal Político · 15 de agosto de 2024
El lenguaje no solo moldea nuestra comprensión, sino también nuestra percepción de la realidad, incluso la más íntima. En este universo lingüístico, las palabras que elegimos no solo comunican, sino que también transforman. ¿Y si te dijera que un simple cambio en la forma en que hablamos de temas como la menstruación, la capacidad de gestar y la planificación familiar podría desencadenar una revolución en nuestra percepción de la justicia sexual? Sí, estoy hablando de dejar atrás los términos tradicionales y vieeejos (léase con voz de Wendy Guevara, la que sabe, sabe) y abrazar una perspectiva fresca y liberadora.
Hablamos de embarazo no deseado en la adolescencia en lugar de embarazo no planeado o no intencional porque un embarazo no planeado puede convertirse en deseado, y no buscamos estigmatizar aún más a los embarazos en la adolescencia. También hay embarazos planeados que por alguna situación pueden convertirse en no deseados. Al hablar de un embarazo no deseado destacamos la necesidad de enfocarnos en la prevención, educación sexual integral y acceso a servicios de salud reproductiva; reflejando mejor las circunstancias y desafíos específicos que enfrentan las adolescencias. Pero además nos centramos en la importancia de respetar su autonomía y bienestar.
Hablamos de gestión menstrual en lugar de higiene menstrual porque el término “gestión” abarca una perspectiva más integral de la menstruación. “Higiene” se centra en la limpieza y puede implicar que la menstruación es algo sucio, reforzando el estigma y la desinformación, mientras que gestión menstrual reconoce la necesidad de recursos adecuados, educación y condiciones que permitan a las personas manejar su menstruación de manera segura y digna. Este cambio de terminología promueve una comprensión más holística y respetuosa del proceso menstrual, subrayando su normalidad y la importancia de apoyar a todas las personas menstruantes en sus diversas necesidades.
Otro cambio crucial en nuestro lenguaje es referirse a personas con capacidad de gestar en lugar de utilizar términos que asumen que solo las mujeres cisgénero (aquellas cuya identidad de género coincide con la configuración biológica de su cuerpo) pueden quedar embarazadas y abortar.
Este uso de lenguaje inclusivo reconoce que las personas transgénero y no binarias también pueden tener la capacidad de gestar. Al usar este término, no solo estamos siendo más precisas, sino también respetuosas y conscientes de la diversidad de experiencias humanas. Este cambio ayuda a desmantelar las barreras de invisibilidad y discriminación que enfrentan estas comunidades, promoviendo una mayor comprensión y aceptación. Es por ello que al hablar sobre temas como aborto o menstruación optamos por referirnos a mujeres y personas con capacidad de gestar o menstruar.
Activistas y expertas en sexualidad cuestionan el uso del término “métodos anticonceptivos” y proponen “métodos antifecundativos” como alternativa. La “concepción” está vinculada al dogma católico de la “inmaculada concepción”, mientras que “fecundación” se refiere al proceso biológico de unión entre óvulo y espermatozoide, un concepto más científico y laico. Existen otras expresiones como “planificación familiar” y “control de natalidad”, pero también son problemáticas; el primero excluye a quienes no desean formar familias tradicionales, y el segundo conlleva connotaciones políticas que pueden ser consideradas ecofascistas o clasistas, al impulsar estrategias que históricamente han afectado a poblaciones vulnerables.
A pesar de los esfuerzos por adoptar un lenguaje más inclusivo y preciso, aún queda camino por recorrer para encontrar términos adecuados que abarquen tanto la protección contra infecciones de transmisión sexual como la prevención del embarazo. El término “métodos antifecundativos” también presenta limitaciones, ya que reduce el sexo a una práctica reproductiva y heteronormativa. Es urgente ampliar nuestro lenguaje para hablar de manera más rica y segura sobre la sexualidad.
En el universo de la lingüística revolucionaria, el poder de las palabras no puede subestimarse y quienes nos dedicamos a la lucha por la justicia sexual también tenemos que cuestionar nuestra forma de hablar. Así que, ¿qué tal si dejamos atrás los viejos moldes y abrazamos el poder transformador del lenguaje? Al adoptar nuevos términos como menstruación digna, personas con capacidad de gestar y métodos antifecundativos, no solo estamos cambiando la manera en que nos referimos a la planificación familiar y la salud sexual, sino que también estamos sembrando semillas para construir nuevas mentalidades. Estamos desafiando las normas establecidas y abriendo las puertas a una conversación más inclusiva y libre de estigmas.
¿Estás liste para ser parte de esta revolución lingüística? ¡Súbete, amix! Vamos a hacer enojar a la gente conservadora con nuestro lenguaje cada vez más inclusivo.