¿Por qué esperamos a tener cáncer para combatirlo?

Joel Aguirre · 5 de octubre de 2026

¿Por qué esperamos a tener cáncer para combatirlo?

En México hablamos mucho del costo de tratar el cáncer. Hablamos de medicamentos cada vez más caros, de hospitales insuficientes, de la falta de equipos de radioterapia y de especialistas, y de nuevas terapias capaces de prolongar la vida.

Todo eso importa. Pero hablamos mucho menos de una pregunta bastante más incómoda: ¿Cuánto nos cuesta no prevenir el cáncer?

La pregunta puede resultar provocadora porque, cuando una persona desarrolla cáncer, nuestra reacción natural —y correcta— es concentrarnos en cómo tratarla.

Pero quizá estamos comenzando la conversación demasiado tarde. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer estimó que en México se registraron alrededor de 207,000 nuevos casos y más de 96,000 muertes por cáncer en 2022.

Sabemos también que una proporción importante de los cánceres está relacionada con factores potencialmente prevenibles: tabaco, algunas infecciones, consumo de alcohol, obesidad, inactividad física y determinadas exposiciones ambientales.

Entonces vale la pena hacer una pregunta incómoda: ¿cuántos de esos cánceres nunca debieron ocurrir?

No tenemos una respuesta sencilla para México. Y eso es precisamente parte del problema:

 El cáncer que no aparece no sale en la fotografía

La medicina moderna ha logrado avances extraordinarios. Una nueva unidad hospitalaria puede inaugurarse. Un equipo de radioterapia puede fotografiarse. Un nuevo medicamento puede anunciarse. Una cirugía exitosa puede contarse.

Pero existe un éxito mucho más difícil de demostrar: la persona que nunca desarrolló cáncer.

No conocemos su nombre. No ocupa una cama. No necesita quimioterapia. No aparece en las estadísticas hospitalarias.

Quizá por eso la prevención tiene una enorme desventaja frente al tratamiento: sus éxitos son prácticamente invisibles.

Sabemos desde hace décadas que el tabaco causa cáncer. Sabemos que el virus del papiloma humano está relacionado con el cáncer cervicouterino y otros tumores, y que disponemos de vacunas capaces de prevenir gran parte de esas infecciones. 

Sabemos que algunas hepatitis virales pueden favorecer el desarrollo de cáncer de hígado. Sabemos que el consumo de alcohol aumenta el riesgo de varios tipos de cáncer.

Y conocemos cada vez mejor la asociación entre la obesidad y determinadas neoplasias. El problema, entonces, ya no es únicamente descubrir qué causa el cáncer. El problema es qué hacer con lo que ya sabemos. Esta es la pregunta que casi nunca hacemos.

¿Cuánto invertir en tratar la enfermedad avanzada?

Los tratamientos modernos contra el cáncer pueden ser extraordinarios. La inmunoterapia, las terapias dirigidas, la cirugía de alta complejidad y la radioterapia moderna están cambiando la historia de distintos tipos de tumores. Necesitamos acceder a esa innovación.

Pero los recursos de cualquier sistema de salud son finitos. Por ello debemos atrevernos a preguntar: ¿cuánto deberíamos invertir en tratar la enfermedad avanzada y cuánto en evitar que aparezca o que llegue a etapas avanzadas?

No se trata de escoger entre la prevención y el tratamiento; sería una falsa disyuntiva. Quien desarrolla cáncer necesita recibir la mejor atención posible.

La verdadera pregunta es otra: ¿estamos invirtiendo lo suficiente antes de que ese paciente llegue al hospital?

Para responder necesitamos datos. Necesitamos conocer qué intervenciones preventivas funcionan en nuestra población, cuánto cuestan, a cuántas personas alcanzan y qué resultados producen. De lo contrario, seguiremos discutiendo el cáncer principalmente cuando ya lo tengamos enfrente.

Pero hablar de prevención abre de inmediato otra conversación, quizá aún más difícil.

Si sabemos que existen conductas y exposiciones que aumentan el riesgo de cáncer: ¿De quién es la responsabilidad de prevenirlo? ¿De la persona? ¿Del médico? ¿De la familia? ¿De las empresas? ¿Del sistema de salud? ¿Del Estado?

Esa será nuestra siguiente conversación. Porque prevenir significa disminuir probabilidades. No repartir culpas.♦