Reflexiones en torno a una enfermera que finge aplicar una vacuna

blogeditor · 14 de abril de 2021

Reflexiones en torno a una enfermera que finge aplicar una vacuna

“Cada vida se revela en sus aspectos menos generalizables como una síntesis de la Historia. Cada comportamiento o acto individual aparece en su forma más específica como síntesis horizontal de una estructura social. Cada individuo es una totalización de un sistema”.

Franco Ferrarotti 1

 

Hace un par de días el país entero convulsionó frente al caso de una enfermera que fingió aplicar una de las vacunas contra el SARS-COV-2 a un adulto mayor. Esto resulta no ser un caso aislado, por lo menos en Latinoamérica, sumándose a incidentes en Villavicencio, Colombia; Sao Paulo, Brasil, y ahora en la Ciudad de México y Sonora.

Y no es para menos; después de un año de contención y protección de los adultos mayores para que no se vean afectados por el virus, después de todo un año de incertidumbre sanitaria, social y económica, saber de la llegada de las brigadas de vacunación a cada una de las alcaldías es una luz al final del camino. Esta luz se ve reflejada en las palabras de agradecimiento de las personas que ya han recibido la vacuna y que de alguna manera sienten alivio; o en la música de los grupos ocasionales que se instalan a las afueras de los centros de vacunación y permiten, aunque sea por unos instantes, olvidar el sonido de las ambulancias a toda velocidad en la madrugada.

El panorama no es nada sencillo. Implementar una estrategia de vacunación que dé cobertura a países con la densidad poblacional de México requiere de una gran estrategia logística, de la disposición y voluntad de cada una y cada uno de los colaboradores del proceso (brigadistas de Protección Civil, cuerpos de seguridad que resguardan el orden), del apoyo de servidores, y sobre todo de las y los profesionales de la salud que, a pesar de todo, no han dejado un solo día sus labores porque hoy es cuando el mundo más los necesita.

El plan de vacunación prioriza a los adultos mayores, porque la información que tenemos hasta hoy respecto a la COVID-19 indica que ellos son una de las poblaciones más vulnerables. Acuden a la vacunación porque hasta el momento ésta es, además de la prevención, la única vía para contener la propagación del virus y disminuir el porcentaje de fallecimientos.

Frente a los casos de profesionales de la salud que han fingido poner vacunas, resulta reduccionista y simplista el atribuir la explicación de este “error” a un aspecto político. Sin duda es un tema que le atañe a la Ética deontológica médica, que trasciende al contexto de lo personal. Intentaré ser un poco más clara. Desde el punto que quiera analizarse (económico, político, de beneficio familiar, entre otros), en cada una o cada uno de los profesionales que se han visto involucrados en el acto de “fingir” poner vacunas existe un espacio de autonomía, en donde el ejercicio profesional y la aplicación de la ética personal recae en ellos y sólo ellos.

El evento de la unidad Macro Vacunadora localizada en la sede de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas unidad Zacatenco, del Instituto Politécnico Nacional, se hace viral gracias a la inmediatez de los teléfonos celulares, a la motivación y entusiasmo de una sobrina que se alegra de ver que su tío recibe un beneficio que muchos estamos esperando, y al maravilloso poder de las redes sociales. Una mirada rápida a los comentarios de internautas permite dar cuenta de la cantidad de calificativos que puede generar una situación así, además de lo florido que puede llegar a ser el lenguaje. En medio de tanto ruido virtual, de tanta rabia por agregarle un elemento más a la incertidumbre, en lo particular y desde una reflexión ética solo queda preguntar: ¿por qué? ¿A cuántos? ¿A quiénes?

¿Por qué? La pregunta va dirigida específicamente a los profesionales de la salud que se han visto en esta situación. ¿Fue producto del agotamiento físico y mental causado por las extenuantes jornadas de trabajo? Sin duda esta es una respuesta posible, sin embargo ¿no sería sensato anunciar tal agotamiento y quizá establecer pequeñas rondas de descanso, aunque sean de 15 minutos? Si bien la sociedad se arroja a pensar en los profesionales de la salud como héroes y heroínas de bata blanca, también es una labor conjunta reconocer la vulnerabilidad presente en todos, y de paso reflexionar sobre nuestro compromiso, como sociedad, con las y los trabajadores del sector salud. Por otro lado, los errores no se enmiendan sólo con presentar disculpas por lo sucedido: es necesario dar respuestas, explicar las razones reales por las cuales suceden este tipo de cosas, cuál es la vía más sólida e inmediata para reparar el daño causado a quien presenta la queja o a las personas potencialmente afectadas, y cuál la estrategia para evitar que este tipo de eventos tan delicados vuelvan a suceder.

¿A cuántos? En líneas previas advertíamos que este evento se hizo viral gracias al poder y el alcance de las redes sociales, al punto de que la grabación fue suficiente para que al adulto mayor le ofrecieran una disculpa y se procediera, ahora sí, a su vacunación. El cuestionamiento va encaminado a saber, a ciencia cierta ¿a cuántos adultos mayores que no contaron con alguien que grabara el momento les fingieron la inoculación?

La tercera pregunta es ¿a quiénes? ¿Existe algún tipo de parámetro para elegir a quién se le debe fingir la vacunación y a quién no? Si mi abuela, abuelo, tía, tío, mamá, papá, hermana, hermano, esposa, esposo no presentaron ni una sola de las molestias, aunque sean las más mínimas ¿debería dudar si efectivamente fue parte de la vacunación o de la simulación?

En muchas ocasiones se ha mencionado que la Ética es un tema especulativo, de largos discursos, sin una solución concreta y expedita para solucionar problemas del aquí y el ahora. En su texto “Para qué sirve realmente la ética”, la filósofa Adela Cortina afirma: “Ojalá la confianza pudiera ser la base de nuestras relaciones, el mundo sería infinitamente más barato en sufrimiento y también en dinero. Recortar en atención sanitaria o en pensiones sería un despropósito, como ya lo es, pero además ni siquiera haría falta el dinero que se despilfarra un día tras otro en gestionar las relaciones cuando reina la desconfianza” 2. Pensando un poco en la misma línea que la experta, diría que, efectivamente, la Ética sirve para disminuir los altos costos que trae consigo la desconfianza. Si bien el compromiso de brindar atención sanitaria en un momento como el actual es uno de los actos éticos más relevantes, también lo es reconocer los límites físicos del cuerpo humano y la consideración de posibles errores producto del agotamiento.

Retomando la pregunta de nuestro título ¿por qué es tan difícil enseñar Ética?, es importante hacer un par de aclaraciones. El que un profesional pase por las aulas de una institución y apruebe con una excelente calificación la asignatura de Ética no garantiza bajo ningún criterio que esa persona actúe de manera ética. Lo único que eso expresa es que identifica algunas de las teorías que dan sustento a las herramientas de toma de decisiones ofrecidas a los estudiantes. Desde otro ángulo, vale la pena aclarar que los ejercicios prácticos de toma de decisiones, como los de análisis de casos, durante la formación de los profesionales de la salud, sólo presentan escenarios posibles y en la seguridad del aula que se resuelven de manera sencilla; sin embargo, estos mismos casos a menudo son los más difíciles de resolver con éxito en la práctica.

La Ética es la elección personal de principios que serán de utilidad para conseguir las metas propias en pro de un plan de vida específico. En función de esta puntualización, las decisiones son tomadas por las personas, con todos los elementos que hacen parte del contexto. Por esta razón, la Ética en las profesiones de la salud trasciende al plano de lo personal.

* Jennifer Hincapie es doctora en Filosofía, coordinadora del Programa Institucional de Ética y Bioética de la Facultad de Medicina, y responsable del Campo de Conocimiento de Bioética del Programa de Maestría y Doctorado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud. Magister y licenciada en Filosofía por la Universidad del Valle de Cali, Colombia.

 

 

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1 Ferrarotti, Franco, Storia e storie di vita, Laterza, Roma-Bari, 1981.

2 Cortina A. ¿Para qué sirve realmente la ética? Barcelona: Paidós: 2013. 7p