Redacción Animal Político · 23 de marzo de 2023
Ser mujer en México implica muy probablemente haber experimentado violencia de género en el hogar, en los lugares de trabajo y en la sociedad en general. Estas violencias agregan una capa de riesgo y vulnerabilidad a las mujeres privadas de su libertad, pues en la mayoría de los casos, las mujeres han sufrido opresión mucho antes de su confinamiento.
Aunado a los eventos de violencia que pudieron haber vivido las mujeres previo a su detención, existe una alta probabilidad de que las mujeres vivan violencia sexual, emocional y física en el momento en que son detenidas y cuando llegan a prisión. Según los datos de Amnistía Internacional, afirman que de 100 casos documentados de mujeres que fueron detenidas, 72 afirmaron haber sufrido actos de violencia sexual durante o en las horas siguientes a su detención y 33 denunciaron haber sido violadas.
Estos eventos de violencia usualmente resultan en un trauma psicológico, el cual afecta de manera directa a nivel fisiológico, pues los fragmentos del trauma no procesado se quedan almacenados en el cerebro y se manifiestan en el cuerpo. De la misma forma, el trauma puede resultar en una desconexión entre la memoria y el sentimiento. A causa de esto algunas mujeres tienen recuerdos sin sentimiento y otras tienen sentimientos sin memoria.
Así, dentro del contexto penitenciario, es común ver que la mayoría de las mujeres se han disociado de sus cuerpos y emociones como resultado de algún trauma o la suma de diversos traumas que, además, se ven agravados por el abuso de alcohol y / o drogas, por vivir en un ambiente penitenciario y adherirse a una “cultura del interno”.
Por lo tanto, no es de extrañar que exista un movimiento importante a nivel internacional para la aplicación de prácticas que trabajen el trauma a nivel psicocorporal (como lo es el yoga) en las poblaciones penitenciarias, con el fin de promover un tratamiento para el estrés postraumático. Al respecto, un artículo de revisión en el Journal of Correctional Health Care señaló lo siguiente: “Fue a principios de la década de 2000 cuando se dieron a conocer enfoques más espirituales para la prevención y rehabilitación del delito, lo que llevó a prácticas más holísticas dentro de las cárceles y prisiones en la actualidad”. 1
Son varios los estudios que han evaluado mejoras en el estado de ánimo y el comportamiento de las personas privadas de libertad que han sido parte de los programas que ofrecen enfoques holísticos. La Universidad de Oxford en el Reino Unido realizó un ensayo controlado aleatorio (ECA) con 167 participantes en 7 prisiones británicas. La intervención consistió en un programa de yoga de 10 semanas que incluía no solo posturas y ejercicios físicos, sino también prácticas de respiración, relajación profunda y meditación. Su estudio, publicado en el Journal of Psychiatric Research en 2013, mostró mejoras significativas en las medidas de estrés y angustia, así como en las medidas del estado de ánimo positivo y el rendimiento cognitivo. 2
En La Cana estamos convencidas de que la práctica de yoga es fundamental para procesar los efectos del trauma psicológico en mujeres privadas de su libertad. A través de un enfoque holístico, la práctica de yoga puede ayudar a las mujeres a reconectar con sus cuerpos y emociones, reducir los niveles de estrés y ansiedad, mejorar el estado de ánimo y el rendimiento cognitivo. Es por eso que hemos creado una alianza con Prison Yoga Project, con la finalidad de llevar talleres de yoga a diferentes centros penitenciarios y que las mujeres puedan tener al alcance la posibilidad de empezar a construir una versión de ellas más compasiva y consciente.
* María Sotres es Directora de Educación, Arte, Cultura y Deporte de La Cana (@LaCanaMx).
1 Derlic, D (2020). A Systematic Review of Literature: Alternative Offender Rehabilitation—Prison Yoga, Mindfulness, and Meditation. Journal of Correctional Health Care.
2 Participation in a 10-week course of yoga improves behavioural control and decreases psychological distress in a prison population.