blogeditor · 27 de julio de 2021
Mucho se puede decir de los psicodélicos, drogas que “tienen efectos relacionados con la percepción de uno mismo, de nuestro alrededor y que inducen a estados sensitivos alterados”. A diferencia de drogas como la cannabis o la cocaína, los psicodélicos están fuertemente asociados con una tradición de rituales espirituales practicados por comunidades indígenas desde hace cientos de años. Además de ello, existe evidencia científica que ha demostrado alentadores grados de eficacia cuando estas sustancias se usan como medicina y tratamiento para algunos trastornos mentales.
En una entrevista, el autor del libro How to Change Your Mind: What the New Science of Psychedelics Teaches Us About Consciousness, Dying, Addiction, Depression, and Transcendence, Michael Pollan, dijo que “la idea más errónea que se tiene sobre los psicodélicos es que son drogas que te vuelven loco, pues se ha demostrado que, en muchos casos, estas sustancias pueden volverte más cuerdo”. Dada esta información es conveniente preguntarse de dónde viene esta idea errónea y por qué no se está hablando lo suficiente sobre los usos medicinales y no medicinales de los psicodélicos.
En este sentido, no es de extrañarse que, a pesar de sus distintos usos y beneficios, este tipo de drogas forme parte de una agenda prohibicionista de sustancias en numerosos países, incluido México. Esto es lamentable, puesto que: 1) obstaculiza el desarrollo de nuevos ensayos clínicos sobre las propiedades de los psicodélicos; 2) limita las posibilidades de que puedan ser aprovechados como tratamiento para algunas enfermedades, y 3) impide el intercambio de conocimientos que podría darse entre personas indígenas y la comunidad científica.
Una breve historia de los psicodélicos como medicina
En un estudio sobre las limitaciones de una práctica médica “predominantemente blanca”, que no apoya ni destaca las prácticas curativas de las minorías étnicas e indígenas, los autores hablan de dos olas de investigación psicodélica en el Occidente.1 La primera sucedió entre 1950 y 1985, cuando la psicofarmacología aún no se convertía en una práctica común, de manera que aunque sucedieron importantes avances científicos, éstos carecían de principios éticos, estándares metodológicos y respaldo político.2 Durante este periodo se llevaron a cabo cientos de estudios de terapia asistida por psicodélicos que examinaron los efectos de la mescalina, el LSD, la psilocibina, el MDMA y otras sustancias en el tratamiento de la depresión, ansiedad, trastornos de la personalidad, el trastorno obsesivo-compulsivo, adicciones, e incluso la disfunción sexual.3 No obstante, los autores del estudio sostienen que la contracultura hippie de la década de 1960 en Estados Unidos, de hecho, provocó un acceso desigual a los psicodélicos y que este movimiento motivó la prohibición de estas sustancias volviéndolas un tema tabú entre algunas sociedades.4
La segunda ola comprende desde el año 2000 hasta el presente y se ha centrado en la psicoterapia asistida por psicodélicos, la cual ya se realiza tomando en cuenta estándares éticos y metodológicos estrictos.5 Durante este periodo se han hecho varios descubrimientos tales como que el tratamiento con psilocibina ayuda a tratar síntomas de depresión, la ibogaína los trastornos por uso de opioides, el MDMA el trastorno de estrés postraumático y que la ayahuasca puede asistir la depresión y el alcoholismo de manera positiva.6
En México, el doctor Salvador Roquet fue pionero de la psicoterapia asistida con sustancias psicodélicas durante la primera ola, y hasta su muerte en 1995, llevó a cabo terapias con hongos.7 Y aunque hoy hay quienes llevan a cabo este tipo de sesiones, es peligroso hacerlo debido a que las sustancias no están reguladas. Por otro lado, es sabido que, por cuestiones culturales, los rituales indígenas que involucran el uso de sustancias psicodélicas como el peyote son tolerados por las autoridades. Sin embargo, lo anterior ha ocasionado el surgimiento de un cierto tipo de turismo de drogas en el que las personas pagan por visitar a chamanes de comunidades indígenas para participar en rituales espirituales.
El papel de la sabiduría indígena
Si bien los hallazgos científicos de las últimas décadas en torno a los psicodélicos son alentadores, es importante tener en cuenta que mucho de este conocimiento fue abordado primero por comunidades indígenas de varias partes del mundo. Para el experto en alucinógenos, Dennis McKenna, el conocimiento indígena es una parte esencial para lo que el describe como la “simbiosis” o la forma de coevolución que se ha desarrollado entre humanos y plantas psicodélicas o medicinas chamánicas.8 Este autor, desde una perspectiva filosófica y abstracta, sostiene que la ayahuasca ha sido una maestra para las comunidades indígenas que habitan la Amazonia peruana, pues su consumo le proporciona a estas personas un sentido de comunidad y de pertenencia a la naturaleza. Es así que, en el marco del cambio climático, este investigador también afirma que una de las virtudes de la planta es que renueva la apreciación por la conexión que tiene cada ser humano al mundo natural del que viene.
Entonces, ¿por qué es tan difícil hablar de estas sustancias?
Ya se han expuesto las bondades y diferentes usos de los psicodélicos, no obstante, éstos podrían convertirse en un arma de doble filo. Entablar una discusión sobre la legalización o la regulación de las sustancias psicodélicas es complicado, puesto que para su uso recreacional o terapéutico se requieren profundos conocimientos y experiencia.
La regulación o legalización de su uso medicinal implicaría forzosamente la realización de un análisis detallado sobre los diferentes tipos de psicodélicos que existen, y posteriormente le seguirían estipulaciones muy específicas sobre cómo se regularía cada uno de éstos o incluso sobre si todos estuviesen incluidos en la regulación o legalización. Aunado a lo anterior, sería de suma importancia explicitar las instancias que tendrían la facultad de ofrecer tratamientos médicos, ya que, aunque hay resultados prometedores sobre su uso, también hay evidencia que demuestra que estas sustancias pueden conducir a problemas severos de ansiedad, pérdida de memoria y dificultad para hablar.9
El potencial problema que podría surgir al no explicitar las limitaciones del uso de cada sustancia (ya sea si se regula o legaliza su uso medicinal y/o recreacional) es que se podría llegar a una situación de sobreexplotación de aquellos psicodélicos provenientes de plantas, pues algunas de ellas, como el peyote, tardan hasta 10 años en madurar.
Asimismo, existe otra discusión importante sobre el aprovechamiento de los conocimientos indígenas y la colaboración con estas comunidades, pues hay quienes consideran que el uso de plantas sagradas como el peyote o la ayahuasca constituyen apropiación cultural. Es decir, un uso arbitrario e irrespetuoso de los psicodélicos guiado por una ambición espiritual que no reconoce la difícil realidad a la que se enfrentan las comunidades indígenas que podrían ver amenazadas sus tradiciones, patrimonios y sus cultivos de plantas en caso de que se legalizaran o se regularan sin tomar en cuenta los derechos de estas comunidades.
Conclusión
Aún falta recorrer un largo trayecto para se que puedan tener discusiones más amplias y enriquecedoras sobre las sustancias psicodélicas pues aún prevalecen las ideas erróneas sobre su “peligrosidad”, las cuales obstaculizan el inicio y el progreso de las investigaciones sobre este tema. Por ahora parece que la primera entrada será permitir su uso como medicamento terapéutico, lo cual podría después inducir a que se tolere su uso recreacional. Aunque seguramente, para el caso mexicano, esto pasará mucho tiempo después de que se perciban y analicen los resultados de las políticas en torno a la cannabis.
Si las sustancias psicodélicas se regulan o se legalizan en México será primordial que se tomen en cuenta dos aspectos esenciales. El primero, que se garantice que los tratamientos médicos serán otorgados por personas expertas para así evitar riesgos y salvaguardar la salud, seguridad y dignidad de las personas tratadas. Segundo, que se protejan los derechos, así como el patrimonio de las comunidades indígenas que usan estas sustancias, pues aunque éstas podrían enriquecer a la ciencia al compartir sus conocimientos, también podrían verse muy vulnerables si se ignoran su experiencia y sus tradiciones.
* Paulina Salas Rosales es recién egresada de la Licenciatura en Políticas Públicas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Región Centro en Aguascalientes, donde también se ha desempeñado como asistente de investigación. Sus temas de interés son: consumos culturales, moda rápida, agricultura regenerativa, intercambio cultural equitativo y consumo de sustancias. Tiene especial interés en la construcción de identidades profesionales en el campo artístico.
Las opiniones expresadas en este blog son de exclusiva responsabilidad de la autora o autor y no necesariamente representan la opinión del Programa de Política de Drogas.
Bibliografía y referencias
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1 Jamilah R. George, Timothy I. Michaels, Jae Sevelius, & Monnica T. Williams, “The psychedelic renaissance and the limitations of a White-dominant medical framework: a call for indigenous and ethnic minority inclusion”, Journal of Psychedelic Studies, (2019): 6.
2 J. Harold Ellens & Thomas B. Roberts, The psychedelic policy quagmire: Health, law, freedom, and society, Psychology, Religion and Spirituality (Santa Barbara, CA: Praeger, 2015), 96-99.
3 Franz X. Vollenweider & Michael Kometer, “The neurobiology of psychedelic drugs: Implications for the treatment of mood disorders”, Nature Reviews Neuroscience, 11(9) (2010): 645.
4 Jamilah R. George, Timothy I. Michaels, Jae Sevelius, & Monnica T. Williams, “The psychedelic renaissance and the limitations of a White-dominant medical framework: a call for indigenous and ethnic minority inclusion”, Journal of Psychedelic Studies, (2019): 8.
5 Olivia L. Carter, John D. Pettigrew, David C. Burr, David Alais, Felix Hasler, & Franz X. Vollenweider, “Psilocybin impairs high-level but not low-level motion perception”, Neuroreport, no. 21 (2004): 1949–1950.
6 Jamilah R. George, Timothy I. Michaels, Jae Sevelius, & Monnica T. Williams, “The psychedelic renaissance and the limitations of a White-dominant medical framework: a call for indigenous and ethnic minority inclusion”, Journal of Psychedelic Studies, (2019): 9-11.
7 Jordi Álvarez, “Locura, muerte y amor: el doctor Salvador Roquet, el pionero mexicano de la psicoterapia con psicodélicos”, (2019): 1-4.
8 Dennis B. Mckenna & David J. Brown, “Shamanic Medicines & Eco-Consciousness: a conversation with Dennis McKenna, Ph.D”, Maps Bulletin, xix (1) (1984): 35.
9 Owen Carmichael & Samuel Lockhart, “The Role of Diffusion Tensor Imaging in the Study of Cognitive Aging”, en Brain Imaging in Behavioral Neuroscience. Current Topics in Behavioral Neurosciences, eds. Cameron S. Carter & Jeffrey W. Dalley, vol 11, 6-8 (Berlin, Heidelberg: Springer, 2011).