Por qué debemos reconocer el feminicidio de Victoria Salazar

blogeditor · 14 de abril de 2021

Por qué debemos reconocer el feminicidio de Victoria Salazar

Hace tres semanas, el 27 de marzo de 2021, Victoria Salazar, una mujer salvadoreña de 36 años que había migrado a México en busca de mejores oportunidades para su familia, fue asesinada por la policía en Tulum. Fue detenida por el cargo de desorden público, ya que Victoria estaba dentro de una tienda de conveniencia en aparente estado de ebriedad, agarró un garrafón de agua vacío y estaba dando vueltas dentro de la tienda. Esto detonó una llamada a los agentes de policía, quienes la detuvieron violentamente, la esposaron y la inmovilizaron contra el suelo, y una oficial presionó su rodilla contra la parte superior de la espalda de Victoria, fracturándola y matándola.

En respuesta a este hecho, los cuatro policías involucrados fueron acusados ​​de feminicidio. Esto desató la discusión sobre si el asesinato debía ser llamado un feminicidio o no. Según el Código Penal del Estado de Quintana Roo, ninguno de los supuestos para llamarlo feminicidio 1 se sostiene: historia de violencia en la familia, el trabajo o la escuela, signos de violencia o acoso sexual, mutilaciones degradantes, prostitución forzada o trata de personas o que existiera una relación entre el agresor y la víctima.

Para entender por qué este caso es efectivamente un feminicidio, primero es importante decir que la ley es un instrumento imperfecto para la adquisición de justicia, y así como surgen los fenómenos sociales y sus definiciones y entendimientos cambian con el tiempo, la ley debe revisarse y adaptarse. La ley en este caso transmite una idea limitada de lo que es la violencia de género y por tanto lo que es un feminicidio: equipara la violencia de género a un componente principalmente sexual o (erróneamente llamado “pasional”), no como lo que es: la interacción de sistemas de opresión que colocan a una mujer en una posición de vulnerabilidad y que culmina con su asesinato. En su interpretación más amplia, el feminicidio es cualquier muerte que resulte en un contexto de subordinación femenina, y por lo tanto incluye homicidios, suicidios y cualquier acción u omisión que conduzca a la muerte de una mujer que sea el resultado de la violencia o la discriminación de género (Carcedo, 2010). Adicionalmente, otras autoras (Manjoo, 2012) establecen la categoría de feminicidio directo e indirecto, siendo el primero relacionado a violencia de pareja, asesinatos relacionados con la identidad de género y la orientación sexual, y asesinatos relacionados con la identidad étnica e indígena; mientras que los indirectos son relacionados con violencia obstétrica, muertes vinculadas a la trata de personas, narcotráfico, crimen organizado y actos u omisiones deliberados por parte del Estado. Manjoo sostiene que este concepto podría ser útil a nivel internacional para mantener a los estados responsable de no prevenir los delitos, como es el caso.

En el caso de Victoria, esto puede explicarse mejor desenredando todos los factores agravantes que hicieron vulnerable a Victoria a una mayor exposición a la violencia. Un error importante al tratar de entender el feminicidio de Victoria es que, aparentemente, no hay una “dimensión de género”, y se intenta separar las dimensiones de la identidad de Victoria (una mujer migrante de El Salvador, morena, de bajos ingresos), como si, al no agregar un componente sexual o a todas luces misógino a la mezcla, éste dejase de ser un feminicidio. En realidad, estas opresiones si bien no son aditivas, son indivisibles.

Victoria fue atravesada por su género cuando fue aprehendida por estar intoxicada siendo mujer (las mujeres no deben beber), especialmente mujeres de color de bajos ingresos que no son turistas en Tulum, un lugar en México reservado para los ricos y los extranjeros y los cuerpos racializados solo mientras sirven a los anteriores. Algunos han argumentado que “si Victoria hubiera sido una mujer blanca, no la habrían matado de esa forma, por lo tanto, no es una cuestión de género”. Ser discriminada como mujer va más allá de ser discriminada como mujer blanca, pero dado que éste es el reclamo de discriminación estándar, el caso de Victoria necesita representar a todas las mujeres para demostrar una dimensión de género y así se le descalifica.

Otro punto que ha sido cuestionado en cuanto a caracterizar el feminicidio es que Victoria fue asesinada por una mujer policía, lo cual es parte del protocolo de detención. Victoria enfrentó un uso excesivo de la fuerza mientras estaba borracha, porque, aunque no ofreció ninguna resistencia, su cuerpo era grande (las mujeres deberían ser delgadas, otro elemento que influye dentro del género y más allá de la mera sexualidad) y permitió que se ejerciera más fuerza sobre ella, nuevamente, en una posición menos aventajada. Victoria es considerada una inmigrante y por ello en desventaja; sin embargo, esto sigue la misma lógica unidimensional de que, debido a que los inmigrantes suelen ser hombres, no hay discriminación adicional en el hecho de que Victoria fuera una inmigrante mujer sola con dos hijas. Esta aparente contradicción no es más que otra manifestación de las limitaciones conceptuales de los análisis de un solo tema que justamente trata de impugnar el marco de interseccionalidad.

El estado, la policía y la ley le fallaron a Victoria al no permitir que se protegiera a una mujer en múltiples desventajas. Pero también las autoridades migratorias, que aunque le otorgaron un permiso de refugiada hace cinco años, no le brindaron ningún tipo de seguridad en este país. Para entender los feminicidios se necesita un enfoque de la ley de abajo hacia arriba, uno que combine todos los grados y formas de discriminación para desafiar varios sistemas de opresión enredados. Si bien existe debate sobre si incluir todas las muertes de mujeres en esta categoría podría ser una denuncia hacia el patriarcado, por otro lado -se dice- podría obnubilar los tipos específicos de violencia a las mujeres. Para muchos, esto significa que, al no ser un tipo de feminicidio, generalmente el que se relaciona con la violencia de pareja, no se estaría llevando debido proceso y podría resultar contraproducente. En este sentido, el reconocer que una muerte es resultado de una estructura patriarcal no excluye las agravantes de cierto tipo violencia de género, solo hace necesario un análisis más a fondo para bosquejar que los caminos de la violencia de género son más extensos de lo que se pensaba.

Victoria y otras mujeres que han sido asesinadas merecen mejores narrativas que abarquen la interseccionalidad de sus vidas y muertes, así como sistemas legales que protejan a todos, pero especialmente, a las personas víctimas de discriminación múltiple.

* Alma Juárez Armenta (@bichiswichis) es estudiante del doctorado en Salud Pública en la Universidad de California, Berkeley.

 

 

 

Referencias:

Carcedo, A. (2010). No olvidamos ni aceptamos: femicidio en Centroamérica, 2000-2006. Asociación Centro Feminista de Información y Acción (CEFEMINA).

Crenshaw, K. W. (2017). On intersectionality: Essential writings. The New Press.7.

Manjoo, R., & McRaith, C. (2011). Gender-based violence and justice in conflict and post-conflict areas. Cornell Int’l LJ, 44, 11.

 

 

1 Artículo 89.