Por desobedecer a sus padres

Redacción Animal Político · 7 de octubre de 2022

“—Díganos, mujer-serpiente, ¿por qué se encuentra en tan lamentable condición?— (…) Y la respuesta que nos hacía temblar:

—Por desobedecer a mis padres”.

 

Antes que el Vampiro de la colonia Roma, antes del final que con un beso sella “Chin Chin el Teporocho”, antes incluso que los “Ojos que da pánico soñar” de José Joaquín Blanco o de sus “Púberes canéforas” estuvo Darío Galicia, Poeta con mayúsculas, precursor del discurso de amor y libertad que hoy es parte de todas las agendas y de la vida del país y ciudadano brillante, llamado a recibir las glorias y el aplauso del gran público y a quien un destino muy triste y oscuro sacó del camino del éxito literario para llevarlo hacia el de la desgracia.

nuestro amor es una fábula

una película que nadie quiere

filmar

dos muchachos

dos cuerpos desnudos en la hierba:

y aire haciendo vibrar

ondas de colores

nuestro amor es una historia

prohibida

y aún así tú y yo

nos besamos en reforma

y en la universidad

ocultos en las sombras

y también cuando

no resistimos

el brillo y la atracción

de nuestros labios

la fuerza de cuatro piernas

y esta honda ternura

y la necesidad de

amarnos

frente a la luz del día

simplemente como dos hombres

que se aman

(“Fábula de amor”, Darío Galicia).

Nada sabía de Galicia hasta que Ana Clavel me contó sobre él y sobre el libro que  preparaba acerca del poeta. Ahora el libro existe y se llama “Por desobedecer a sus padres”, recuento y testimonio del desastrado paso por la vida de un personaje genial. La escena de su época (principios de los setenta, cuando el movimiento poético de los infrarrealistas, rebautizados por Carlos Monsiváis como “los inframentales”) se enriqueció con su presencia, más allá de que Galicia se mostrara receloso hacia ella. Dos libros dejó el poeta y luego, el humo, la desaparición… “Por desobedecer a sus padres” es también la investigación de Ana Clavel, quien muestra al lector una serie de caminos que, al final, alejaron para siempre a Darío Galicia de la creación: ya sea porque efectivamente le haya sido practicada la lobotomía a la que sus padres lo sometieron, se dice, para quitarle “lo puto y lo poeta”, ya sea porque en realidad lo que le pasó fueron un par de aneurismas que estallaron dentro de su cerebro dañándolo irremisiblemente o quizá incluso, alguna otra cosa que también la autora deja entrever dentro de la novela, el hecho es que “luego de lo que le sucedió” el poeta nunca volvió a ser el mismo y se fue apagando, tal como el foco fundido que alguna vez, ya inmerso en una terrible condición de indigencia, trató de vender a un librero Darío Galicia, quien cuando joven pintaba para convertirse en célebre poeta.

Una capa más reserva al lector el libro de Ana y esa es la que concierne al azar y a una especie de delirio a lo Lewis Carroll que impregna la trama: a lo largo del tiempo que le llevó construir la novela, la autora se encontró en repetidas ocasiones con el rastro de Galicia, o con guiños de la fortuna que indefectiblemente la llevaron frente a él y frente a las pistas mediante las cuales fue posible reconstruir algo del pasado brillante de su personaje. Una suerte de espejo desde el que brinca enloquecida una liebre de marzo es también materia que sustenta el trabajo y lo convierte en un relato fascinante.

Nunca sabremos qué hubiera sido de Darío Galicia si la trepanación, la lobotomía, un par de aneurismas o un extraño ribete del destino no se hubieran cruzado con él. Lo que sí tenemos como un hecho tangible es que “Por desobedecer a sus padres” representa el más digno homenaje que rendirle a su memoria, hoy que la libertad que el ejerció contra todos los dictámenes sociales y religiosos gana terreno cada día, haciendo victoriosa su vida y más brillante aún su poesía.

@elimonpartido