Redacción Animal Político · 28 de agosto de 2024
El objetivo de la política está ligado al orden social. En sus orígenes tuvo una estrecha afinidad con la moral y la voluntad, ya que apunta, justamente, al bienestar social; a la realización de actividades cuya finalidad es el bien común, en las que los políticos son los encargados de oficiar como mediadores ante los distintos problemas que surjan en una sociedad determinada.
A partir de esta perspectiva, la formulación de políticas surge para dar solución a las principales problemáticas que emerjan en una comunidad. De esta forma, para Lasswell y Kaplan (1950), 1 una política es un programa proyectado de valores, fines y prácticas. Por lo tanto, las políticas públicas son un conjunto de objetivos, decisiones y acciones que un gobierno lleva a cabo para solucionar los problemas que, en un momento determinado, los ciudadanos y el propio gobierno consideran prioritarios.
Es así que las políticas de salud son una serie de valores (equidad, eficiencia, solidaridad) con base en los cuales se asignan recursos para satisfacer las necesidades de salud de la comunidad. Los hacedores de políticas públicas de salud tienen que dirigir sus acciones bajo una visión bioética, en la que prime la equidad y la justicia, que conduzcan al bienestar local y nacional, mediante planes y programas dirigidos a combatir la injusticia social, la desigualdad en salud, y los determinantes sociales vinculados con la aparición de enfermedades.
Respecto a la política nacional de salud en México, el objetivo principal es garantizar el derecho a la salud de todas las personas, mediante un sistema nacional de salud integrado, que fortalezca lo público y regule lo privado; con un abordaje social y la aplicación de la estrategia de la Atención Primaria de la Salud Integral, fortaleciendo los trabajos hacia la cobertura y el acceso universal de y para la salud, la búsqueda de la equidad, y un ambiente sano y seguro, a partir de la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad, la curación y la rehabilitación.
Estas políticas de salud tienen que estar centradas en cumplir los objetivos que se formulan en sus planes o programas y en ofrecer el acceso, la cobertura y la gratuidad para alcanzar la salud universal.
En cuanto a la gratuidad, en el sector salud que atiende a la población sin seguridad social se siguen cobrando algunos servicios. Por ejemplo, en el Hospital General de México se cobra por el carnet; en el Instituto Nacional de Cancerología se cobra el servicio de cuidados paliativos, porque si bien estos pacientes ya no reciben atención oncológica, tienen que pagar consultas y medicamentos que son muy costosos, como los parches de buprenorfina que se utilizan para controlar el dolor, cuyo precio aproximado es de $3,900.00. Además, algunos trámites también son cobrados, como las constancias para comprobar discapacidad por enfermedad y recibir algún beneficio de los programas sociales. Para algunas personas resulta difícil cubrir estos costos, pues llegan de diferentes entidades del país con apenas lo necesario.
Las políticas de salud se tienen que seguir sustentando en una visión de equidad y justicia, dirigidas a fomentar la gratuidad y la atención a las personas más vulnerables del país, que por sus condiciones de vida no tienen oportunidades para prevenir y atender enfermedades crónicas como el cáncer, la hipertensión o la diabetes.
La indolencia ante el dolor y el sufrimiento de las personas en estos servicios de salud deja en claro que los hacedores de políticas públicas no se han concentrado en lo que hace falta para mejorar la atención y los servicios de salud gratuitos. Como se ha mencionado, las políticas de salud implican una serie de valores, como justicia, equidad y solidaridad, por lo que se tiene que atender la gratuidad.
Otro aspecto relevante al que no se le ha dado atención es la muerte digna; es decir, evitar que personas con enfermedades terminales tengan una muerte con dolor y sufrimiento, y no respetar su decisión de adelantar la muerte cuando es inevitable que ésta suceda.
Las políticas de salud sirven para implementar mejoras en los servicios de dicho sector, a partir de diagnósticos en los que se pueden visualizar las principales problemáticas económicas y epidemiológicas que persisten en los diferentes niveles de las instituciones de salud. A partir de dichos diagnósticos se formulan propuestas y se plantean políticas, siempre teniendo una visión bioética de los principios fundamentales de autonomía, justicia, beneficencia y no maleficencia, además de principios como inclusión social, igualdad de oportunidades, pluralismo, solidaridad, derecho a la información, trato digno, privacidad, confidencialidad, muerte digna, apoyo familiar y acceso al tratamiento de enfermedades detectadas, entre otros. 2
Por todo ello, para la formulación de políticas de salud es indispensable que el tomador de decisiones realice un diagnóstico de salud —que puede ser a nivel comunitario o estatal— con el fin de jerarquizar los problemas y realizar acciones de mejora continua en la atención a la salud de la población del país.
* Norma Alicia Ordóñez Vázquez es doctora y maestra en Ciencias de la Salud en Salud Mental Pública, por el posgrado de la Facultad de Medicina, y licenciada en Psicología por la Facultad de Psicología, ambas de la UNAM. Su desempeño e interés están en la investigación social y de la salud. Ha incursionado en la docencia en el nivel medio básico, medio superior y superior. Realizó una estancia posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética. Actualmente está participando en una investigación sobre la muerte digna en enfermos en etapa terminal como parte de una estancia posdoctoral con la Dra. Elyse Singer.
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1 Lasswell, H. D. y Kaplan, A. 1950. Power and society: a framework for publicinquiry. New Haven: Yale University Press.
2 De los Santos-Briones, S. y Cruz-Lavadores, D. 2005. “Criterios éticos para la formulación de políticas y programas de salud”. Gaceta médica de México, 141 (3): 247-249.