Política y fútbol

blogeditor · 28 de noviembre de 2020

Política y fútbol

La política es como el fútbol. No sólo por las pasiones que surgen de cada juego o por los partidos contra rivales acérrimos, sino por la similitud en la estructura del juego. Cuando una persona entra a un equipo de fútbol o a un partido político se dice en el argot popular que “se pone la camiseta”.  Vistes la camiseta, abrazas su color y, con ello, todo lo que el equipo significa: su historia, sus tradiciones, sus jugadores y jugadoras pasados y presentes, su forma de juego, su dirección técnica y todas sus áreas, sus porras y sus hinchas, a su cantera y sus talentos en formación, su estadio y, por supuesto, a su afición.

Las reglas del juego son claras. Todos los equipos y jugadores deben respetarlas. Existen jueces o árbitros encargados de velar que dichas reglas se cumplan y que el juego transcurra sin contratiempos. Toda la afición espera un juego honesto, entretenido, apasionado y, sobre todo, justo, el famoso fair play. No siempre se gana, pero siempre se espera que todos los equipos, ganadores y perdedores, reconozcan los resultados. En el triunfo, los equipos deben innovar, mejorar la dinámica de juego y entrenar, sin confiarse, para mantenerse como punteros en la siguiente temporada. Ante las derrotas, los equipos deben preparase, identificar qué hicieron mal, estudiar las estrategias y tácticas de los otros equipos y encontrar formas de remontar en un nuevo juego o una nueva temporada. Esto sin olvidar que deben entusiasmar a la afición y a sus hinchas para que éstos sigan el juego y se involucren.

Las porras son los simpatizantes, quienes están en cada juego. Son quienes hinchan, esos incondicionales de un equipo de fútbol. Un buen equipo mantiene una buena relación con las porras: les da pases para el estadio toda la temporada, los busca para confirmar su asistencia en partidos importantes y, en ocasiones, hasta participan en la integración o creación de porras nuevas.

Los hinchas son quienes miden el ánimo del juego, son quienes le gritan hasta groserías al contrincante y quienes pelean abiertamente las pasiones. En política: los propaganderos. En las porras hay liderazgos, pero la máxima es apoyar al equipo a muerte. Con la camiseta hasta el final. Quienes cambian de porra son juzgados y no siempre bien recibidos. Cambiar de camiseta, irremediablemente, tiene costos.

No todos se sienten cómodos siendo porra. Hay quienes prefieren jugar o quienes pueden ser parte de la dirección técnica. La dirección técnica es el símil a las dirigencias de los partidos. Son quienes tienen visión de juego en la cancha; quienes diseñan la estrategia y las tácticas del equipo; quienes miden el ánimo de los juegos y quienes integran las áreas de apoyo de la directiva, ya sean las áreas de comunicación, de táctica, de relación con la afición, de análisis y estrategia, de búsqueda de talentos o de cuidado y atención a jugadores.

Una buena directiva funciona para garantizar tener los mejores jugadores en la cancha con el máximo rendimiento y con la mejor estrategia posible para ganar en el juego.

La banca es importantísima. Es el espacio en el que los potenciales jugadores están listos para brincar a la cancha, que con un breve calentamiento son capaces de remontar partidos y cambiar los resultados con pocos minutos de juego. Lo importante es que estén preparados en todo momento.

Los jugadores son los que ganaron un proceso de (s)elección. Son los tomadores de decisión del Legislativo o el Ejecutivo que se acomodan en la cancha estratégicamente. Cada juego sería el símil de una batalla política por ganar una agenda pública desde el legislativo o el ejecutivo. Los jugadores se acomodan y ejecutan sus estrategias y tácticas. La expectativa es que el espectáculo se dé con buenas jugadas -con argumentos, con fair play, con evidencia- de forma que el público observe el intercambio con reconocimiento por la dinámica del juego. Gana quien anota más goles, pero también gana quien inspira a la afición y a otros equipos a seguirlos.

La pelota no se mancha, diría el grande Diego. Los jugadores pueden fallar. Habrá alguno o algunos en cada equipo que no nos convenzan y que incluso nos disgusten, pero el juego es lo más importante. El juego siempre sigue con los jugadores que decidieron brincar a la cancha.

También existe el draft del fútbol. El espacio de caza de talentos. Cuando se acerca una nueva temporada, la búsqueda de nuevos jugadores arranca. La identificación de talentos es un arte. Quienes ya hacen política y quieren entrar vs quienes quieren hacer política y probarse en las canchas. Los talentos están por doquier, pero requieren procesos de inducción para vivir -y sentir- la camiseta y acoplarse en la cancha con jugadores de antaño que tienen experiencia de juego y maña dentro de las canchas.

Hay equipos que son cañeros; con dinosaurios con mucho colmillo que con una sola entrada de amarilla pueden dejar a jugadores fuera temporadas completas. Hay otros equipos que no se encuentran en la cancha: juegan por la derecha con jugadores que son zurdos o van todos detrás de cada balón sin capacidad de distribuirse de manera estratégica en la cancha.

La afición son aquellos que no pertenecen ni al equipo ni a las porras ni a los hinchas con la camiseta; sólo le van a un equipo. Todos los equipos quieren más afición, por un lado significan más apoyo tanto emocional como monetario. Significa que la confianza de la afición reditúa en mayor capacidad de inversión y, por tanto, en mayor capacidad de acción para buscar talentos, para comunicar mejor y, para pronto, para mejorar la calidad de la representación pública.

Hoy, me inspira un equipo al que decidí entrar a la dirección técnica. En Movimiento Ciudadano asumí las responsabilidad de que las áreas de la dirección técnica funcionen para que el director técnico tenga más elementos para guiar con mejor visión a un equipo. Es un equipo con una dinámica ágil en su juego en las canchas y con capacidad de adaptación con extraordinarios jugadores. No siempre, como en todos los equipos, todos los jugadores caen bien, pero no se puede negar su calidad.

Yo hoy quiero que este equipo inspire y entusiasme para dar una sorpresa entre tanto equipo rancio del pasado o equipos que repiten estrategias y dinámicas del pasado. No quiero equipos que rompan las reglas y jueguen con 20 jugadores en cancha, ni mucho menos equipos que amenacen a los árbitros y, con ellos, eviten sanciones justas o lastimen el fair play. Ello sólo provoca que la afición se canse del juego y no lo disfrute. Baja el número de hinchas -creyentes de la democracia- y de afición y se queda todo en juego abandonado y vacío, por el resto de equipo no puede jugar con quien no respeta las reglas.

Mi esperanza es que el juego justo regrese, el fair play sea una realidad en nuestra dinámica cotidiana. Que los equipos entusiasmen con grandes encuentros y con grandes jugadores que sepan jugar en equipo. La calidad de nuestra democracia va en ello.

@luisffernandez