Joel Aguirre · 13 de julio de 2026
Por Rebeca Ramos Duarte*
En los últimos años las relaciones internacionales han experimentado un giro de timón histórico. La diplomacia, tradicionalmente dominada por las lógicas del poder militar y económico, ha comenzado a ser cuestionada por una estrategia transformadora: la Política Exterior Feminista. Desde que Suecia acuñó el término en 2014 bajo el liderazgo de la exministra Margot Wallström y su modelo de las “3 Rs” (Rights [derechos], Representation [representación] y Resources [recursos]), varios países han adoptado este marco para reorganizar su política exterior.
Sin embargo, a medida que esta ola se extiende, surge una pregunta crucial: ¿qué relación tiene la diplomacia internacional con las decisiones más íntimas y corporales de las personas? La respuesta es contundente: no puede existir una política exterior verdaderamente feminista sin la garantía de la justicia reproductiva. En un contexto global de acelerada erosión democrática, los derechos sexuales y reproductivos se han convertido en un indicador central de la salud democrática de los países y, al mismo tiempo, en un campo de batalla político y cultural.
Para comprender este vínculo, primero hay que desglosar ambos conceptos:
Más allá del concepto tradicional de “derecho a elegir”, este enfoque —acuñado en la década de los 90 por mujeres afroamericanas— entiende que la reproducción está atravesada por factores sociales, políticos y económicos.
Es el poder y la autodeterminación para decidir si tener o no hijes, cuándo tenerles y bajo qué condiciones criarles. Para ello, el Estado debe garantizar las condiciones óptimas, eliminando las desigualdades estructurales que afectan que las mujeres y personas gestantes controlen su vida.
Es una estrategia de relaciones internacionales que sitúa la igualdad de género y los derechos humanos como ejes centrales de la acción global. No se trata solo de sumar más mujeres embajadoras y por ende mayor representación, sino de defender legalmente sus derechos y asignar recursos específicos, a través de fondos y presupuestos, para garantizar el ejercicio pleno de sus derechos.
Cuando ambos conceptos se cruzan, la diplomacia deja de ser un ejercicio abstracto de relaciones internacionales entre Estados y se convierte en una herramienta viva para defender la autonomía corporal de las personas.
La adopción de la Política Exterior Feminista se inició en 2014 con Suecia. A lo largo de esta década, cada vez más países se han sumado a esta forma de entender las relaciones internacionales y su conexión con el reconocimiento y la garantía de los derechos a nivel interno.
En este marco, los días 2 y 3 de junio de 2026 se celebró en Madrid, España, la V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista, bajo el lema “Construyendo paz y democracia”. Este encuentro de alto nivel movilizó a más de 700 ministros y ministras, representantes de la sociedad civil y activistas de más de 28 países —incluidas naciones tan diversas como México, Colombia, Ruanda, Uruguay y Tailandia—, colocando un tema urgente sobre la mesa: la resistencia colectiva ante el embate conservador global.
Como parte de estos trabajos, el Centro de Derechos Reproductivos, Countdown 2030 Europe y la Red de Mujeres Indígenas y Afrodescendientes con Discapacidad de ALC organizaron la sesión paralela La salud y los derechos sexuales y reproductivos desde una perspectiva interseccional: una prueba de fuego para las políticas exteriores feministas.
Como directora de GIRE tuve el honor de participar en este panel. Ahí compartí la situación que vivimos actualmente en México e intercambié puntos de vista con Catalina Martínez Coral (Centro de Derechos Reproductivos), Filomena Ruggiero (Countdown 2030), Sivananthi Thanenthiran (Asian-Pacific Resource & Research Centre for Women) y Diana Parra Romero (Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia) sobre cómo opera globalmente la reacción coordinada contra los derechos sexuales y reproductivos, su estrecho vínculo con la violencia sexual y de género, y su impacto diferenciado en mujeres que enfrentan múltiples formas de discriminación, así como en las propias activistas y organizaciones.
Durante los dos días de la conferencia se hablaron y examinaron las estrategias de actores autocráticos —tanto estatales como redes internacionales antiderechos muy bien coordinadas— y cómo están instrumentalizando el control reproductivo para desgastar las instituciones, minar el Estado de derecho y sembrar pánicos morales en la opinión pública. El asedio a los derechos reproductivos es, en realidad, un ataque directo a la democracia misma.
Frente a este contexto mundial complejo, los países firmantes de la Declaración política conjunta de Madrid sobre la construcción de sociedades pacíficas y democráticas a través de la igualdad de género, los derechos humanos y una política exterior feminista concluyeron que es urgente actuar mediante mecanismos concretos, como:
Financiamiento flexible y directo: dirigir recursos económicos de la cooperación internacional directamente a los movimientos feministas.
Diplomacia multilateral firme: utilizar las coaliciones internacionales como una barrera de contención frente a los retrocesos legales que pretenden penalizar el aborto o restringir la educación integral en sexualidad.
Enfoque centrado en las personas: adoptar las medidas adecuadas para crear entornos seguros, libres de violencia y propicios para todas las mujeres, adolescentes y niñas.
Desde hace décadas, los movimientos feministas a nivel global hemos insistido en que los derechos reproductivos no son demandas secundarias que deban postergarse en las agendas nacionales ni en las internacionales. Son un elemento fundamental sobre el que se sostienen la libertad y la dignidad humana.
Desde GIRE reconocemos la oportunidad de participar en este espacio multilateral convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España; celebramos y agradecemos a nuestras compañeras del Programa de América Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos por facilitar y organizar espacios de análisis tan necesarios en estos encuentros.
Esperamos que, pese al contexto actual, se logre la consolidación de un bloque sólido de países comprometidos con la Política Exterior Feminista. Frente a un panorama de incertidumbre global, la justicia reproductiva se erige como la prueba de fuego definitiva para medir el progreso real de los derechos humanos y la resiliencia de nuestras democracias. Si una política exterior no defiende la autonomía reproductiva, sencillamente no es feminista.♦
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Rebeca Ramos Duarte es directora de @GIRE_mx. Redes: @rebecabouquets