Policía en México: crisis total

blogeditor · 27 de abril de 2016

Policía en México: crisis total

En varios eventos recientes no sólo hemos visto la tortura a manos de policías, también pudimos comprobar la parsimonia de los perpetradores. Ante millones de espectadores no nada más se ha desnudado la tortura, sino además se ha hecho evidente la rutina de la tortura. Vimos a personas dueñas del auto control absoluto ante el dolor infligido en otro. Profesionales de la tortura que han quedado a la vista.

¿Qué hace la policía en México? No pregunto qué es lo que nos dice que hace, sino lo que realmente hace. La terrible respuesta es que nadie puede contestar esto con certeza. El Estado mexicano no cuenta con las herramientas mínimas indispensables para monitorear la actuación de cientos de miles de personas armadas por él mismo.

La mujer o el hombre representante de la policía que usted se encuentra en la calle, uniformado o no, actúa por debajo de los controles mínimos suficientes para poder reconstruir en alguna base de datos qué hace día a día. Se supone que la principal herramienta proveída por el despliegue policial en la calle es la información. Se supone que las y los policías proveen al Estado información asociada a su experiencia. Y también se supone que el Estado impone vínculos de supervisión de varios tipos sobre la policía misma. En México todo eso está comprometido.

La atroz realidad es que las y los policías, salvo exiguas excepciones, trabajan con la seguridad de que, hagan lo que hagan, no hay herramientas formales que los supervisen y que estén fuera de su influencia. Más bien el quehacer está justamente determinado por la certeza inversa.

[contextly_sidebar id=”4WEG7Ht4BZBHGAPqPHD0FX8MkBpWSOwD”]Las instituciones policiales casi nunca permiten documentar lo anterior y suelen esconderse en la reserva de información. Jamás escuchamos a un mando operativo o bien a un responsable político de la policía (poder ejecutivo) aceptar la debilidad de la supervisión. Pero la dura realidad es inequívoca y alimenta todos los días la que denomino crisis total de la policía.

Sacar a la calle a alguien con poderes policiales sin someterlo a supervisión formal es tanto como tirar el estado de derecho a la basura. Así de simple y así de claro. Por eso el mundo ha creado normas y estándares de control complejos y sofisticados. El quehacer policial, fuera de contención, es veneno puro para la ley y para los derechos humanos.

Quien piense que es posible parar la crisis de los derechos humanos en México sin someter a verdaderos controles a la policía es el más cínico o el más estúpido. Asimismo, quien se opone a la efectiva supervisión, de la misma manera se coloca, quiéralo o no, por lo menos en la ola de la tolerancia de la crisis.

Digan lo que digan los políticos y sin importar cuántas nuevas leyes veamos pasar asociadas al quehacer policial, mientras el Estado mexicano no pueda mostrar que el quehacer de las y los policías está sometido a mecanismos de supervisión que no pueden ser manipulados por ellos mismos, desde la propia policía seguirá fluyendo la gasolina que alimenta el fuego que nos rodea. Por lo demás, sin esa supervisión tampoco sabremos cuáles son las buenas conductas de las y los buenos policías que deben ser reconocidos y premiados.

Las y los responsables políticos y operativos de la policía que todos los días renuncian a imponer la verdadera supervisión son los autores directos de la crisis total de esa institución. El saldo es indiscutible: no hay control formal mínimo suficiente sobre las policías que tenemos. En tal contexto es posible la tortura, como lo es cualquier violación a la ley y a los derechos humanos. Lo dicho, es una crisis total.

 

@ErnestoLPV