blogeditor · 11 de diciembre de 2020
Los escenarios de las alianzas electorales para el proceso electoral de 2021 parten de dos premisas: 1) polarización total -en favor o en contra de Andrés Manuel López Obrador- o 2) el reconocimiento a la pluralidad democrática. Ante la primera premisa, las alianzas políticas desestiman causas, programas e ideologías y priorizan la polarización que pone en riesgo la vida democrática de nuestro país o del salvador con capacidad de lograr una “transformación”. La segunda premisa obliga a los partidos políticos a priorizar causas, agendas e ideologías para ocuparse en cómo resolver los graves problemas públicos que enfrenta nuestro país.
La narrativa de la polarización total es la que hoy prevalece en la opinión pública. Por un lado, los partidos políticos tradicionales -PAN, PRI y PRD- han anunciado una alianza electoral para el proceso electoral del 2021, bajo el argumento de defender nuestra democracia ante MORENA y de Andrés Manuel. Los partidos opositores históricos entre sí hoy llaman a la unidad a pesar de las “diferencias irreconciliables” que los enfrentaron en al menos 10 procesos electorales federales. Las cúpulas de los tres partidos priorizan la aritmética electoral, sin entender que el álgebra de sus votantes ha sido antagónica desde sus orígenes. Hoy, los negativos de los tres partidos pesa más que su narrativa de unidad. Los votantes no quieren regresar al pasado que representan estos partidos políticos.
Por otro lado, MORENA y sus partidos satélites (PVEM y PT como aliados y RSP, Fuerza Social y el PES) representa el otro bloque de la polarización. Morena reafirmará su “transformación” liderada por un solo hombre capaz de derrotar a aquella vieja y rapaz mafia del poder, hoy correctamente representada en la alianza PRIANRD. El Verde y el PT con la alianza formal refleja el pragmatismo electoral que negocia, sin tregua ni gloria, puestos y presupuestos. Los partidos satélite jugarán un rol más interesante en el que intentarán quitar tantos votos como les sea posible a la oposición más fuerte en cada elección local o federal. Este bloque representa ese pasado de los partidos que se acomodan con el mejor postor y que abandonan las causas para sustituirlas por intereses pragmáticos. Los personajes políticos cuestionables del gobierno federal y de cada uno de estos partidos sobran como ejemplos: Manuel Bartlett, Irma Eréndira, Elba Esther Gordillo, Pedro Haces, Hugo Erick Flores o Manuel Velasco.
Este escenario de polaridad se cumple sí y sólo sí todos los partidos de oposición van juntos. Es decir, la narrativa de la polarización toma sentido si Movimiento Ciudadano (MC) entra a la misma lógica y toma partido en cualquiera de los dos bandos. La repuesta de MC ha sido no en todos los casos, ni alianzas federales ni alianzas locales, porque apuesta por la segunda premisa: el reconocimiento a la pluralidad democrática. Este camino es más claro si entendemos que, a noviembre de 2020, 62% de la población aprueba la gestión del presidente, pero que más del 50% reprueba la gestión en materia económica, en crimen organizado, atención a la pandemia o combate a la pobreza.
Un porcentaje alto de la población no está inmerso en la lógica de la polaridad y en 2021 juzgarán los resultados del partido actual en el gobierno y de los partidos que ya han gobernado. Su decisión electoral estará entre elegir a los partidos que ya han gobernado y que no han logrado resolver los problemas más graves del país, entre el partido actual con una “transformación” que ha repetido prácticas del pasado y que ha sido incapaz de resolver las crisis económica y sanitaria que enfrenta nuestro país (habrá quienes le den un voto de confianza) y, finalmente, entre una alternativa que busque construir una política de causas y ofrecer una agenda propositiva fuera de la polarización.
Los partidos políticos que logren ofrecer alternativas para atender la agenda de salud y la pandemia, y alternativas para que todas las personas accedan a servicios de salud de calidad, así como aquellos que ofrezcan una salida a las agendas feministas y medioambientales, serán quienes crezcan en 2021. Aquellos que se enfrasquen en la polarización, sólo perderán capacidad y visión para ofrecer alternativas viables.
Por último, la narrativa de la polarización y de las alianzas se rompe en las lógicas locales, en donde los liderazgos importan mucho más por su capacidad para articular a sectores y grupos locales que suman para la resolución de los problemas que enfrenta cada entidad. Las alianzas y la polarización pasan a segundo plano cuando en entidades federativas compiten alianzas distintas a las federales e incluso contrarias, cuando el PRI local está dispuesto a jugar en favor de MORENA o las poquísimas estructuras del PRD que quedan se suman a los partidos satélites de MORENA. Crecer desde lo local con una política de causas abona a la pluralidad democrática que demanda con tanta urgencia nuestro país.