El poder y la construcción de la “verdad” en México

Claudia Ramos · 12 de febrero de 2026

El poder y la construcción de la “verdad” en México

El poder produce verdad”.

Michel Foucault, Microfísica del poder

 

Vivimos una época en la que el poder no solo gobierna, sino que también define lo que debemos entender como realidad. Ya no se limita a administrar recursos o aplicar leyes: produce discursos, fija significados y delimita aquello que puede decirse, pensarse o debatirse.

Más que explicar los hechos, se impone una versión única de ellos. No se nos invita a comprender, sino a repetir; no se nos convoca a observar, sino a aceptar lo que se dice desde arriba. La realidad deja de ser el resultado del debate y se convierte en un relato oficial que exige obediencia.

La ley como herramienta de control narrativo

En México, esta lógica se ha manifestado de forma creciente mediante el uso de la ley como herramienta de control narrativo. Lejos de funcionar como un marco común que garantice derechos, el sistema legal es utilizado de manera selectiva para castigar la disidencia y proteger al poder.

La organización Artículo 19 ha documentado cómo este mecanismo se despliega contra periodistas y medios críticos. En su informe anual “Barreras informativas: desafíos para la libertad de expresión y el acceso a la información en México” se exponen los principales obstáculos que enfrentan la libertad de expresión y el acceso a la información en el país, desde agresiones directas contra la prensa hasta la falta de transparencia institucional.

Según este y otros reportes de la organización, entre enero y julio de 2025 se registraron 51 casos de acoso judicial contra periodistas y medios, lo que equivale a la apertura de un nuevo proceso legal cada cuatro días, impulsado con frecuencia por funcionarios públicos. Estas acciones no buscan necesariamente impartir justicia, sino intimidar, desgastar y generar autocensura. El mensaje es claro: cuestionar puede tener un costo.

Autocensura y obediencia al relato oficial

El efecto inmediato es que la discusión pública deja de centrarse en los hechos y se desplaza hacia la obediencia al relato oficial. Cuando preguntar implica riesgos legales, la autocensura se convierte en una forma de supervivencia. Así, lo que el poder niega deja de existir en el debate público, aunque sea evidente para todos.

Escándalos, chivos expiatorios y distracción

Los escándalos que involucran a algunos funcionarios públicos revelan con claridad este mecanismo de construcción selectiva de la verdad.

Ante denuncias graves, el discurso oficial suele prometer investigaciones que no avanzan o presentar resultados parciales donde aparecen chivos expiatorios, mientras las responsabilidades de los altos cargos permanecen intactas.

No se trata de esclarecer los hechos, sino de administrar el daño: proteger, ceder y conceder lo necesario para que la corrupción y la impunidad no alcancen a quienes están vinculados al poder.

En muchos casos, la estrategia se completa con la distracción mediática. Una nueva polémica sustituye a la anterior y el escándalo se diluye en la memoria pública. Así, más que rendir cuentas, el poder reafirma un mensaje implícito, pero contundente: hay quienes están por encima de la ley y cuya verdad no puede ser cuestionada.

Cuando la justicia se subordina al poder

En este contexto, la ley deja de ser un marco común y se convierte en un instrumento político. Ya no importa tanto lo que está escrito, sino quién interpreta, quién acusa y quién decide qué es verdad y qué es falso. La justicia se subordina al relato, y el relato al poder.

Como advirtió Hannah Arendt, el mayor triunfo del poder no es imponer una mentira, sino “destruir la capacidad de distinguir la verdad de la falsedad”. Cuando esa frontera se borra, la ciudadanía pierde no solo información, sino criterio. Y sin criterio, no hay deliberación democrática posible.

Pensar como acto de resistencia

Esta combinación de control legal, mediático y discursivo configura un escenario en el que la libertad de pensamiento se transforma en un acto de resistencia. Pensar críticamente, cuestionar la versión oficial y exigir explicaciones se vuelven prácticas incómodas, cuando no directamente castigadas. Frente a ello, el papel de la ciudadanía es crucial.

No basta con informarse: es necesario defender el derecho a cuestionar, exigir pluralidad y resistir la imposición de una verdad única. La realidad no debería ser aquello que el poder dicta, sino aquello que se construye colectivamente desde la observación, la crítica y la memoria.

* Elio Villaseñor Gómez es director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción del Diálogo A. C. (@Iniciativa_pcd).

 

 

Referencias citadas en el texto:

  • Michel Foucault, Microfísica del poder, Gallimard, París, 1977.
  • Hannah Arendt, Verdad y política, en Entre el pasado y el futuro, Viking Press, Nueva York, 1961.