El poder de la mente

blogeditor · 7 de abril de 2017

 A la memoria de Sergio González Rodríguez.

 

Quién sabe en qué estaba pensando Enrique Peña Nieto la semana pasada cuando declaró que la crisis sólo está en la mente de los mexicanos. Más allá de que a la letra haya dicho “las cifras hablan por sí mismas, honestamente somos un país que en un entorno mundial difícil sí hemos venido creciendo” y de que el sujeto “país” se le haya perdido (seguramente entre tanto crecimiento de la frase), el hecho de referirse a la mente de los ciudadanos como el territorio en el que está ocurriendo una crisis que no tiene lugar en la vida real pone de manifiesto que por lo menos en Atlacomulco no se leyó (o se ha leído, después de todo, siempre hay chance de cambiar) a Giovanni Sartori, el ilustre politólogo italiano fallecido esta semana.

Para el autor de Homo Videns (entre la respetable cantidad de material que escribió, su obra más célebre, profundamente lúcida y a la par profundamente nihilista en lo tocante a la superficie por todos conocida y de la que emerge nuestra noción principal de contemporaneidad: la pantalla), el análisis derivado de su conocimiento sobre la política, vista como una ciencia ejercida mucho más allá de la continua inauguración de obras viales y que aplica enteramente en este caso era simple en toda su complejidad: los problemas sólo se resuelven si se sabe que existen. “El simplismo los cancela y así, los agrava” (Qué es la democracia, 1993. Editorial Taurus). Así, señalar que la temible crisis que perciben millones en el país sólo es una visión producto de la mente calenturienta de esos millones, pone de manifiesto la distancia inmensa que existe entre la percepción de la clase que gobierna (sin clase, por cierto) este país y de los millones que integran la desprotegida zona de los gobernados.

Llevar a cabo muchos viajes aéreos debe acostumbrarlo a uno a mirar todo muy lejano y muy pequeño. Quizá Sartori añadiría que, en todo caso, el denominado por él como “simplismo pagoda” (aquel que con base en una idea fija permite construir un simplismo mucho mayor y más complejo) es el realmente peligroso. Dicho de otra manera, si volvemos al caso de la reflexión de Peña Nieto: yo sé bien que esto va de maravilla, si ustedes no lo notan (entre otras cosas, quizá, porque a ustedes no les va igual de maravillosamente) el problema son sus mentes y no la realidad. Como diría mi abuelita, quien murió sin haber leído a Sartori: achís.

Todos sabemos que además de ser una tómbola, la vida te da sorpresas, ay Dios. En mi caso la más reciente se divide en mi mente en forma de dos certezas: que el presidente de mi país piensa que todos (o muchísimos, pues) estamos locos, y que Sartori para algunos no es más que una marca de quesos.

 

@elimonpartido