blogeditor · 13 de abril de 2020
La crisis sanitaria global provocada por la pandemia del coronavirus generará una caída de la economía de dimensiones considerables: el confinamiento obligado de personas está provocando un deterioro grave en el consumo, por lo que millones de micros, pequeñas, medianas y grandes empresas tendrán que cerrar sus puertas y millones de empleos se perderán en todo el orbe, lo que producirá una baja aún mayor en la recaudación fiscal de los gobiernos, generando un ciclo vicioso del que sólo es posible salir si se incrementa el número de empresas operando, con trabajo remunerado, que a su vez estimulará mayor consumo y con ello mayor recaudación fiscal.
Si el gobierno se dedica sólo a repartir dinero y no fortalece el intercambio de bienes y servicios entre las personas (es decir, si no fortalece el mercado), el papel moneda circulando no tendrá mayor consecuencia que incrementar el precio de los escasos bienes y servicios disponibles ante el cierre masivo de empresas que los producían. De prolongarse esta “alternativa”, todos recibiremos papel moneda sin valor alguno de intercambio, pero tendremos la certeza de haber logrado una “igualdad” de miserables.
Coincido con todos los nobles propósitos de Democracia Deliberada (DD), expresados en su texto publicado en esta plataforma el pasado viernes. En aras de mayor precisión, me permito enumerarlos y hacer algunas acotaciones desde mi particular punto de vista:
a) Por supuesto que se requiere la intervención decidida del Estado y la acción colectiva (en el entendido que una empresa es una acción colectiva, el mercado es otra acción colectiva; ambas imprescindibles con o sin pandemia); pero no niego ni descarto la necesidad de intervenciones privadas (pensar en cómo vamos a superar esta adversidad es una de ellas; otra, por ejemplo, son las millones de acciones solidarias que familias, vecinos y amigos han venido realizando para mitigar el sufrimiento del otro sin la intervención del Estado) para salir airosos de esta situación. Afirmar que “sólo lo público podrá salvarnos” equivale a esperar a Godot.
b) Sobre aquello de que “el Estado es un instrumento de bien”, precisaría mejor diciendo que, como todo instrumento, el Estado puede ser utilizado para el bien o para el mal. No tenemos garantizado que el Estado, por el sólo hecho de intervenir en cualquier aspecto de la vida pública, generará necesariamente un bien público: hay suficiente evidencia empírica en contrario. El Estado se nutre de la espontaneidad, creatividad y generación de bienes que produce la sociedad. Su intervención, cuando no es adecuada y proporcionada, siempre provoca desgracias, y éstas casi siempre recaen sobre los más pobres. Los primeros indicios de la intervención estatal en México revelan que, ante esta crisis del COVID 19, producirá más estragos que beneficios para los más pobres. Apoyo eso de “Nunca más un plan económico sin que los pobres sean la prioridad”.
c) Como bien lo afirma DD, el Estado requiere de recursos para poder intervenir eficazmente (ya sea para infraestructura o servicios), que los obtiene principalmente mediante el pago de impuestos: si no hay empresas, no hay trabajo, no hay disponibilidad de bienes de consumo y, por lo tanto, no habrá impuestos, y el gobierno no podrá invertir en la infraestructura y servicios necesarios que la población demanda.
d) Considero, igual que DD, que es necesaria una reforma fiscal que le permita al gobierno recaudar más y de manera más eficiente. En el entendido que todos los impuestos los paga el consumidor (las empresas sólo integran el impuesto a un precio que termina pagando el consumidor), esta reforma fiscal debe atender a propiciar más demanda agregada, es decir, más consumo, o sea, más mercado. Introducir mas “impuestos progresivos” que reduzcan la capacidad de las empresas y de sus trabajadores para seguir operando solo generará mayor desempleo, es decir, menos consumo y, por consiguiente, menos mercado. Aprovechar la crisis para acabar con la “ideología de mercado”, como pretende DD, sólo producirá más pobres, pues pobre es aquel que no tiene acceso a… mercados.
e) Estoy de acuerdo con DD en que el endeudamiento es también otra posibilidad para disponer de recursos que nos permitan hacer frente a la crisis. Siempre y cuando haya alguien dispuesto a prestarnos dinero en condiciones benéficas para el país. Para economías como la japonesa o la norteamericana, endeudarse a tasas de interés bajas, el servicio de la deuda no representa mayor carga fiscal. No es el caso de México, cuya calificación de deuda es muy alta, por eso coincido también con el presidente López Obrador en intentar, hasta donde sea posible, no contratar más deuda. Nuestro futuro acreedor valorará muy bien nuestras posibles fuentes de pago y se dará cuenta que Pemex no es opción, pues es insolvente. Por otro lado, la política del gobierno parece tratar de inhibir a toda costa la inversión privada, que sería la fuente posible de impuestos para que el gobierno pueda pagar la deuda que tendría que contratar. Se ve difícil la posibilidad de contraer deuda en las mejores condiciones para el país.
f) Es muy bueno el propósito de construir un sistema universal de salud. Para ello, necesitamos generar más riqueza (es decir, más intercambio de bienes y servicios), para poder construir mejores hospitales y remunerar mejor a doctores, enfermeras y todos los trabajadores del sector Salud. Sobre todo, necesitamos generar más opciones de mercado para los “cerca de 8.8 millones de autoempleados del sector urbano o las micro y pequeñas empresas que no serán cubiertas por los programas existentes”. Para lo cual es urgente e imprescindible extirpar el inveterado deporte nacional de maldecir al mercado, a la propiedad privada y a las utilidades económicas de las empresas, los empresarios, los accionistas y los trabajadores. De la crisis económica por venir sólo nos salva un mejor mercado, junto con un mejor Estado.
Pienso que esta crisis es una gran oportunidad para terminar, de una buena vez, con la pobreza lacerante que padecen millones de familias mexicanas. La absurda discusión enviciada en contraponer Estado y Mercado equivale a tratar de eliminar el oxígeno o el hidrógeno de la molécula del agua, lo cual no sólo es una estupidez, sino una perversión moral.
Ahora, más que nunca, tenemos la oportunidad de superar esta crisis sanitaria y económica mediante la conjunción de inteligencias y voluntades en aras del bien común, que para ser tal, siempre tendrá en cuenta que el destinatario principal del Estado y del mercado son los más pobres y desfavorecidos de nuestra comunidad. Lo contrario no sería bien común, sino rapacidad, despojo, crimen; en suma: barbarie.
Atrincherarnos en ideologías, descalificar la opinión contraria y construirnos chivos expiatorios nos impedirá lograr aquello que noblemente perseguimos todos. Necesitamos ver el rostro del otro, escuchar las razones ajenas, expresar las propias, y quizá la verdadera utopía consista hoy en acordar acciones concretas y específicas para mitigar el sufrimiento de los más pobres.
Necesitamos más Estado y más mercado.
Necesitamos más empresas y más empleos.
Necesitamos más solidaridad y más generosidad.
Quizá todo esto sea utópico y estemos condenados irremediablemente a repetir los errores del pasado, tanto los errores del Estado como las insuficiencias del mercado… Pero no lo creo, porque quizá sea lo único que nos quede por explorar.
* Jesús Ramón Rojo Mancillas estudió Filosofía en la Universidad Pontificia de México. Asesor particular de empresas y organizaciones de la sociedad civil desde el 2008 a la fecha. Integrante del Comité de Inversiones Vitalis, de 2001 a la fecha. En 2007 fue coordinador de asesores del Titular de la Unidad de Promoción Económica y Cooperación Internacional de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y en 2008 fue coordinador de asesores del Director de PROMEXICO y Comisario del Pabellón de México en la Expo -Zaragoza, España. Ha sido consejero estatal y nacional del Partido Acción Nacional, y diputado local por la LX Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa.