blogeditor · 1 de octubre de 2019
Si pudiéramos escuchar lo que sucede en el mar y los peces hablaran, muy probablemente gritarían desesperados por ayuda para no extinguirse.
En general, los ecosistemas costeros se encuentran gravemente afectados por la contaminación, la baja calidad del agua, el cambio climático global, pero sobre todo por la sobrepesca1.
Actualmente, a nivel internacional, muchas pesquerías se encuentran en estado crítico y esto también tiene un impacto en la sociedad.
En México se calcula que la producción pesquera es de aproximadamente 1.5 millones de toneladas anuales con un valor económico por 17,320 millones de pesos (2006 – 2014). A pesar de la importancia de estos recursos pesqueros, al menos el 25% de las especies pesqueras se encuentran deterioradas y un 17% en proceso de colapso (como el abulón, erizo, anchoveta, camarón rosado y mero).
¿Qué hacemos para escuchar a los peces y evitar su extinción? Los Planes de Restauración de pesquerías proveen un marco para comenzar a recuperar estos recursos.
En general, estos planes comienzan con establecer objetivos y metas -a corto y largo plazo- basados en elementos científicos.
Luego se señalan las medidas de manejo que demuestren que se alcanzarán las metas con éxito (restricción y modificación de las artes de pesca, reducción del esfuerzo pesquero, cerrar áreas a la pesca, certificación de pesquerías, comanejo comunitario y restauración del hábitat2).
Finalmente se establece un plan de monitoreo que permita evaluar a las poblaciones de peces y determinar si los planes han funcionado.
Imaginemos que 2014 teníamos un estanque con mil peces que alimentaban a nuestra comunidad, y para 2018 ese mismo estanque tenía 20 peces. Resulta obvio que, si seguimos explotándolos de la misma forma, llegará el momento en que ya no habrá peces.
Entonces escuchamos el grito de auxilio de estos peces y decidimos implementar un Plan de Restauración. Primero debemos determinar cuántos peces quiero tener en cinco y diez años, mil y 2 mil, respectivamente.
Probablemente en dos años tengamos que dejar de pescar, pero para el siguiente par de años sacaremos 50 peces y no sacaremos a ninguno que no haya llegado a su edad reproductiva; al quinto año tendremos mil peces y aumentamos el número de peces que explotamos de manera considerable pero nunca volvemos a pescarlos como lo hicimos antes. Si seguimos así a los 10 años probablemente tengamos los 2 mil peces o muchos más.
Probablemente este supuesto sea la representación más simple de la aplicación de un Plan de Restauración y en su práctica este proceso resulta mucho más complejos.
Sin embargo, existen ejemplos de éxito de pesquerías que han sido restauradas como el anjova –Pomatomus saltatrix– que, a finales de los noventa, se determinó que las poblaciones del Atlántico se encontraban deterioradas pero se implementó un plan de restauración a nueve años y para 2009 se declaró restaurada; o como el callo de hacha de Nueva Inglaterra –Placopecten magellanicus– que también pasó por un proceso de restauración de 1990 a 2001 y actualmente es una de las pesquerías más importantes en el mundo.
Ya hemos hablado de la importancia de implementar una política pública y una reforma que obligue a restaurar las pesquerías en México. Ahora explicamos por qué esta medida es urgente y tiene un impacto real en la vida de las personas, entonces ¿cuándo comenzaremos a hacerlo? Espero antes de que los peces se cansen de gritar por nuestra ayuda.
* Mariana Reyna es bióloga especialista en la elaboración, implementación y evaluación de proyectos de desarrollo sostenible, conservación y cambio climático en sistemas socio-ecológicos marinos y terrestres. Actualmente es directora de ciencia en @OceanaMexico.
Referencias:
1 Jackson et al., 2001. Historical Overfishing and the Recent Collapse of Coastal Ecosystems. Science,
2 Worm et al., 2009. Rebuilding Global Fisheries. Science, 325