Peso sobre peso

blogeditor · 4 de marzo de 2014

Peso sobre peso

Según datos del propio Instituto Nacional de Geografía, el INEGI, sólo cuatro de cada 10 mexicanos y mexicanas en edad de trabajar pagamos impuestos; y es precisamente a este grupo de la población económicamente activa a la que Lolita le está cargando más la mano con la dichosa reforma fiscal.

Es cierto que en esta reforma (algunos le han llamado la “madre de todas las reformas”, lo que denota que fueron criados con pura leche Betty) se eliminaron algunos privilegios fiscales para los grandes contribuyentes, como los empresarios, quienes al tener distintos negocios o changarros, podían (y muchos de ellos lo hacían) compensar las ganancias de algunas de ellas con las pérdidas de las otras (consolidación fiscal). También se eliminó esa gran obra maestra de la literatura fantástica llamada Régimen de Pequeño Contribuyente, o Repeco, en donde los changarros propiedad de algunos Pepes o algunos Toños se la vivían entre la ficción y la realidad simulando que pagaban impuestos, mientras que los gobiernos locales hacían como que los cobraban. El resultado, una evasión de más del 90% en todo el país, como lo demostró un estudio realizado por el Centro de Estudios Estratégicos del Tecnológico de Monterrey (ITESM).

[contextly_sidebar id=”fba69dff2165f37055351a1ada8201fd”]Sin embargo, después de tanta alharaca, gritos y sombrerazos, miles de horas hombre y mujer invertidos en discursos populistas y redentores, y litros y litros de tinta para advertirnos que sin reforma fiscal no hay paraíso, ésta sólo logrará recaudar 550 mil millones de pesos más que el año anterior, lo que le permitirá gastar al estado mexicano en su totalidad la friolera de 4.46 billones de pesos (millones de millones), 8.8 por ciento más que en el 2013. ¿Esto es mucho o poco?, se preguntarán. ¿Que el estado mexicano cuente con 550 mil millones de pesos adicionales significa que estaremos mejor o peor? ¿En qué se va a gastar nuestro dinero?

Para darles un ejemplo. El dinero adicional que permitirá recaudar la reforma fiscal (con moño o sin él) equivale a casi el doble del presupuesto de la Secretaría de Educación, a más de cuatro veces el presupuesto de la Secretaría de Salud, a más de cuatro veces y media del presupuesto de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, y a casi cinco veces el presupuesto de la Secretaría de Desarrollo Social.

Sin embargo, a pesar de que haya quienes se obsesionen con la frase de que “en este año, el gobierno ejercerá un presupuesto histórico por su tamaño”, la cual nos dice muy poco dado que es una tendencia permanente a que el presupuesto crezca y crezca, lo verdaderamente relevante no debe ser sólo su tamaño (algunos seguro eso es lo único que les interesa), sino en qué, quiénes, para qué se gasta y sobre todo, qué impacto social tendrá. Es decir, la calidad del gasto.

Al respecto, reconozco que uno de los principales esfuerzos, y mejor acabados, para explicar en qué se gastan nuestros impuestos es el Presupuesto Ciudadano, realizado por la Unidad de Evaluación del Desempeño de la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Este documento, que ha sido mejorado año con año (y que es preciso reconocer desde la sociedad civil), es un valioso documento que nos permite darnos una idea general de a dónde diablos van a parar esos pesos y centavos que tenemos que pagar mes con mes, año con año a Lolita. Vaya, este documento es como dice la canción de Chava Flores, “Peso sobre peso”, una explicación simple y clara sobre el destino de nuestros impuestos. Creo que esta es una manera sencilla en que la autoridad hacendaria nos vaya convenciendo poco a poco de que paguemos más impuestos.

Valdría la pena, creo yo, que le echaran un ojo a este documento y luego lo comentáramos (no antes de leerlo, por favor) y podamos entonces discutir sobre transparencia, rendición de cuentas, combate a la corrupción y por supuesto, gobierno abierto (tan de moda).

 

@marco_cancino