Redacción Animal Político · 13 de noviembre de 2023
Debido al vacío de información pública sobre el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva para hombres trans y personas no binaries, conocer el tipo de atención que reciben quienes no se identifican como mujeres, pero tienen la capacidad de gestar, es menos factible que en el caso de las mujeres.
Desde GIRE echamos mano de los datos disponibles —provenientes de encuestas como la ENDIREH y la ENDISEG— y con ellos generamos publicaciones que dan cuenta del panorama de los derechos reproductivos en México. Sin embargo, para efectos de conocer las situaciones particulares de las personas gestantes, dichas herramientas presentan ciertas limitaciones.
La ENDIREH —que proporciona información detallada sobre las experiencias de violencia que han enfrentado las mujeres de 15 años y más— incluye un apartado sobre las experiencias durante la atención del último parto con el objetivo de conocer las distintas manifestaciones de violencia obstétrica que han vivido las mujeres en edad reproductiva, pero no cuenta con preguntas que permitan conocer la orientación sexual ni la identidad sexo-genérica de las personas entrevistadas.
La ENDISEG —cuyo objetivo es identificar de la población de 15 años y más aquella que se reconoce a sí misma con orientación sexual y/o identidad de género no normativa o no convencional— presenta información relativa a hombres trans y personas no binaries, pero los desagregados por identidad de género sólo se refieren a las características sociodemográficas (por ejemplo: edad, educación, situación conyugal, religión, tipos de ingresos) y los aspectos relacionados con la sexualidad (por ejemplo: gustos erótico-afectivos y prácticas sexuales).
Ante este vacío de información, los casos que acompañamos son una vía para acercarnos a las experiencias en el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva de las personas con identidades de género disidentes. A continuación, presentamos dos que nos permiten tener una idea de las situaciones que enfrentan en el ámbito de la atención ginecobstétrica.
Isaac
La experiencia en los servicios médicos ha sido desafiante desde que se descubrió como hombre trans. Pensó que las situaciones incómodas y el miedo de asistir a las consultas terminarían al realizar su rectificación legal de nombre y género; sin embargo, los malos tratos se intensificaron.
De acuerdo con su experiencia en la clínica 35 del IMSS en Tijuana, para los hombres trans acceder a servicios de salud sexual y reproductiva es más complicado de lo que de por sí ya es cuando se acude al IMSS. Además de los largos tiempos de espera, Isaac enfrentó el que su cita fuera borrada del sistema de ginecología en varias ocasiones. La subdirectora de la clínica le dijo que lo más probable es que le borraran las citas por creer que se trataba de un error, pues ya está registrado con su nombre legal y con género masculino.
En una ocasión, al solicitar servicios de laboratorio, le entregaron una hoja con instrucciones para la realización de los exámenes clínicos, que decía, entre otras cosas: “No traer pantalón, es necesario traer falda para darle una atención rápida y oportuna”. Isaac consideró potencialmente arriesgado usar una falda y acudió en pantalón, lo que ocasionó que fuera relegado al final de la fila porque, según una enfermera, darían prioridad a las personas que sí habían respetado las indicaciones, es decir, a las que llevaban falda. Luego, cuando recibió sus resultados, vio que en los datos del paciente se le señalaba de género femenino.
Isaac cambió su nombre, recibió terapia hormonal y le hicieron una mastectomía. Creía que con eso “podría vivir escondido y que nada le pasaría”. Pero al ir al médico a atenderse de algo que no tiene nada que ver con ser trans, se dio cuenta de que no es una cuestión de qué tan privilegiado sea alguien por cómo se ve, pues todas las personas trans están en riesgo de vivir cosas así: “La mejor forma de estar a salvo es escondiéndote y no decirle al médico que eres trans. Por eso mucha gente no mete quejas, no va al IMSS o va a un servicio privado, porque entre más escondidos estemos, más seguros. Y eso no debería ser así”.
Ixchel
Es un hombre trans que cursó un embarazo de alto riesgo y llevó su control prenatal en una clínica particular —sensibilizada en temas trans— y también en el ISSSTE, en su clínica familiar y un hospital de segundo nivel.
En el hospital vivió transfobia y le brindaron atención como si fuera una mujer, situación que le preocupaba pues quería que en el certificado de nacimiento de su bebé se le señalara como padre, lo cual no sería posible si el ISSSTE no reconocía su identidad. El Instituto Nacional Electoral era la única institución que hasta entonces la había reconocido; aunque ya contaba con credencial de elector con su identidad masculina —lo que ocasionó que tuviera dos identidades— tuvo que presentarse en los servicios tributarios, laborales y de salud con el género femenino.
Ixchel necesitaba resolver la situación porque no quería continuar presentando documentos con una identidad que no lo representaba, ni correr el riesgo de que, al ser reconocida su identidad, perdiera los beneficios y prestaciones laborales. Asimismo, buscaba que se le garantizara una atención obstétrica libre de violencia y transfobia, y el acceso a la licencia de gestación. Por fortuna, el embarazó concluyó bien y su ginecóloga llenó el certificado de nacimiento con los datos del padre.
Para tener un panorama más certero sobre el acceso de hombres trans y personas no binaries a los servicios de salud sexual y reproductiva es conveniente que el INEGI recabe y publique información relativa a los servicios de salud —desagregada por sexo y género— a fin de tener datos que permitan conocer quiénes y cuántas personas de esta población reciben atención, así como sus experiencias.
Asimismo, es necesario que el Protocolo para el Acceso sin Discriminación a la Prestación de Servicios de Atención Médica de las Personas Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexual y las Guías de Atención Específicas se apliquen de manera adecuada, sobre todo en lo referente a la recolección de información demográfica (sexo, género y nombre con el que la persona desea ser llamada).
Y, por supuesto, que los hombres trans y personas no binaries con capacidad de gestar cuenten con información sobre sus derechos sexuales y reproductivos, así como de los mecanismos para presentar quejas relacionadas con la atención recibida.