Personal sanitario en México: ¿héroes, mártires o humanos?

blogeditor · 11 de mayo de 2020

Héroes sin capa. La retórica demagógica seduce, una vez más, al imaginario colectivo. Lo persuade para imponerle una realidad alterna, ficticia, casi utópica. Desde el inicio de la pandemia se ha reiterado en los discursos de los funcionarios públicos el “papel heroico del personal sanitario en tiempos de crisis”, y terminan con esa estocada verbal, la frase que remata con cinismo lacerante: “no habrá forma de agradecerles todo lo que hacen por su país”.

Los medios de comunicación han revelado el estado de salud del sistema sanitario en México: una insania crónica y degenerativa, intergeneracional, con pésima calidad funcional y deplorable pronóstico a largo plazo. Aceptémoslo, las condiciones laborales del personal sanitario son execrables, y qué decir de lo que se le puede ofrecer a un paciente en unidad hospitalaria pública, antes y durante la crisis sanitaria que nos atormenta. Y de aquí surge ese cuestionamiento incómodo, pero muy necesario: ¿somos héroes o mártires?

La Real Academia Española define al héroe como “una persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble”. Al mártir, como “la persona que muere o sufre grandes padecimientos en defensa de sus creencias o convicciones”. Conveniente caer en ambigüedades nominales, y preferir, por supuesto, la figura del héroe.

El héroe, así como Ulises en la Odisea, o Superman en los cómics, es aquel que, en las condiciones más adversas, con total libertad de albedrío, aún sabiendo que con ello se sacrificara, toma una decisión por un bien mayor: generalmente sale victorioso, con postura triunfal, mirando al cielo mientras recibe vítores por sus acciones extraordinarias. El mártir, y recurramos a la teología, logra su santificación a través de la muerte o tormento, receptor de vejaciones e injusticias, siempre en aras de una creencia o una causa.

No sería tan agradable recurrir a la imagen de un mártir, como la de San Sebastián, desnudo y maniatado a un árbol, para después ser atravesado por decenas de flechas, todo por defender su fe cristiana. Antes las cámaras y el marketing de las redes sociales es mejor colocar a la Liga de la Justicia arrodillándose ante el personal médico, es decir, seres ficticios e invulnerables a cualquier daño físico, vestidos con indumentarias coloridas que a un despojo de humano, desnudo y con un rostro desfigurado por el dolor.

Ahora entiendo lo conveniente de utilizar estos métodos propagandísticos por parte del Estado y sus dependencias, para disuadir a los médicos más jóvenes a participar, casi como la campaña del Tío Sam, en “esta guerra contra la COVID-19”. Así lo hizo el Instituto Mexicano del Seguro Social, en su más reciente convocatoria para que, los médicos residentes, de todas las especialidades, se incorporaran “voluntariamente” a las unidades COVID.

Los oficios, que pueden ser consultados en la página de la Asamblea Nacional de Médicos Residentes, hacen mención de los “beneficios” a los que podemos ser acreedores si colaboramos en los equipos de respuesta hospitalaria. Recibir un diploma como “HÉROE COVID”, un estímulo económico, puntaje extra para la elección de plazas una vez concluida la especialidad y una jornada vacacional extra.

Brillan por su ausencia puntos más urgentes:

¿Habrá un seguro por invalidez o fallecimiento para el médico residente?

¿Los “bonos de riesgo” se ajustan a los niveles reales, considerando las deplorables condiciones infraestructurales, de exposición infectocontagiosa?

¿Serán los mismos estímulos que los de médicos ya contratados, o como médicos en formación, una vez más, debemos conformarnos con lo mínimo?

¿Qué pasa con los médicos residentes que ya forman parte de las áreas COVID y no han recibido estos beneficios?

¿Habrá oportunidad de renunciar si el médico se encuentra rebasado por el desgaste laboral?

Terminemos con este equívoco tan dañino de una vez por todas. No somos ni héroes ni mártires. Humanos, como el resto de la sociedad, con la misma composición biológica y emocional, mortales, con familia y aspiraciones terrenales. Humanos que eligieron dedicar su vida a una tarea específica: la de preservar la salud de la sociedad. Un trabajo como cualquier otro, útil y necesario, también, como el de millones de mexicanos, sin distinción.

Los políticos y burócratas de hospital deberían entender, de una vez por todas, que el personal sanitario que atiende este enigmático patógeno solo comparte con el héroe su abnegación, y del mártir, ser receptor de constantes vejaciones por un la indolencia y apatía gubernamental, que prefiere invalidar sus demandas, todas ellas, justas y razonables. Humanos somos, con el mismo deseo de vivir y ser respetados. Dejemos de engañarnos.

* Carlos Armando Herrera Huerta es residente de 3er año en la especialidad en psiquiatría y miembro del Comité Interinstitucional y Mediático de la Asamblea Nacional de Médicos Residentes.