Permiso para discriminar

Mala Madre · 24 de mayo de 2011

Permiso para discriminar

Hace unos días un amigo de mi hija de 11 años escribió en el perfil de su face “soy gay”. La respuesta fue abrumadora: “oye, como broma no es graciosa”, le respondió uno. “Bórralo de tu perfil”, exigió otra. El chico contestó que él no lo había escrito y sí… lo borró.

Y que conste que mi hija cursa primaria en una escuela activa, súper open mind, que se precia de promover entre sus educandos el respeto a la diversidad. Y estos chamacos van en sexto grado.

Conozco otro caso. Tengo una amiga a la que quiero y respeto mucho. Esta amiga tiene una hermana lesbiana, que a su vez tiene una misma pareja desde hace unos 15 años. Recién se casaron y mi amiga y su marido fueron a la boda, pero no llevaron a sus hijas. Su argumento para no hacerlo fue no “exponer” a su hermana a que las pequeñas de 12 y 10 años la juzgaran o le dijeran algo que la hiciera sentir mal.

Así que estas escuinclas creen que tienen dos tías, que viven juntas y van juntas a todos lados, incluso a las vacaciones familiares, pero no saben que son pareja porque nadie se los ha explicado de manera abierta.

En el primer caso, el del amigo de mi hija, me dieron ganas de intervenir y poner algún mensaje como “bienvenido a la diversidad”, o “qué buena onda, yo también quiero un hijo gay” o algo parecido, pero prudentemente me amarré las manos y me mordí un cachete. Mi hija ni se enteró del asunto, así que no tuve la oportunidad de ver su reacción.

Si fue una provocación del chamaco para ver qué decían sus amigos o incluso si algún hermano se metió en su face por hacerle la diablura, la reacción de los demás no causará mayor daño. Pero ¿y si lo que escribió es verdad? ¿Si así lo siente? Desde ahora está aprendiendo que corre el riesgo de vivir bajo un estigma, discriminado hasta por su gente más cercana.

En el segundo caso no he tenido el valor de decirle a mi amiga lo que en verdad pienso del tema, porque parto del punto obvio de que ella y su marido no lo tienen claro. La única lesbiana a la que aceptan en su vida es a la hermana, justamente porque es su hermana y la quieren mucho, pero no entienden cómo alguien se puede enamorar de una persona de su mismo sexo. Y por lo mismo la mantienen en el clóset ante sus propias hijas.

Resultado: hace no mucho mi hija me pidió muy seriamente que hablara con mi amiga, porque no le gustó una plática que tuvo con Regina, la hija de la susodicha. Regina piensa que está bien que haya gente gay, “hay que ser tolerantes”, pero ellos también deben respetar a los demás y no “deben andar por ahí, demostrando su amor en público, guácala”. O sea, la niña tiene permiso para discriminar.

Cuando me entero de casos así es cuando entiendo los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, presentada el pasado 12 de abril por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), y que reporta que el 40% de los mexicanos, o sea, cuatro de cada 10, no permitiría que una lesbiana o un homosexual viviera en su casa.

Yo me quedo con el 52.2 % a los que no nos causa conflicto alguno en el caso de las lesbianas, y con el 53.7 % en el caso de los homosexuales.

Ya podrá la escuela de mis hijas tratar de inculcarles a sus alumnos el respeto a la diferencia y ya podrá la realidad ubicar cualquier día de estos a las hijas de mi amiga respecto a la orientación sexual de sus tías, pero si en casa no trabajamos para formar hombres y mujeres que entiendan y respeten que el mundo y las personas somos diversas, difícilmente erradicaremos esta discriminación tan arraigada en nuestra sociedad.

Mis hijas tienen un tío gay y siempre lo han sabido. Lo quieren y lo respetan. Y aunque no lo tuvieran, ellas han crecido sabiendo que en esta vida hay heterosexuales, lesbianas, gays, personas blancas, negras, morenas, que el cielo es azul, que la cecina de Cuatro Vientos es la mejor del país y que cada vez que podemos nos vamos de vacaciones a Acapulco.

Espero algún día tener el valor de hablar con mi amiga y ojalá los papás del amigo de mi hija hayan registrado el incidente y actuado en consecuencia. Esta mala madre lo comentará con la maestra, con la esperanza de que algo se pueda hacer. Si es que hay algo que hacer. Y si no, pues no.