Adiós a los aliados del periodismo crítico: ¿el daño está hecho?

Redacción Animal Político · 29 de marzo de 2025

Adiós a los aliados del periodismo crítico: ¿el daño está hecho?

Se ha hablado del debilitamiento de la independencia judicial, de la fragilidad de la oposición parlamentaria, de las consecuencias de la eliminación de los órganos autónomos, y de la deslegitimación de la sociedad civil organizada. Sin embargo, las consecuencias de la pérdida de este entramado no se agotan en sí mismas, sino que, en conjunto, tienen implicaciones para el funcionamiento de otras salvaguardas democráticas. Una de las más afectadas de este deterorio sistémico es la prensa crítica, inmersa como está en un contexto de alta violencia, no sólo física, sino verbal y simbólica. De acuerdo con la investigación Worlds of Journalism para México, más de la mitad de los periodistas del país ha sido víctima de agresiones verbales o discurso de odio, un tercio ha padecido espionaje o vigilancia, y un cuarto de ellos ha recibido amenazas. Ello, sumado al asesinato de 54 periodistas entre enero de 2018 a marzo de 2025 documentados por Artículo 19

Hay que decir que la violencia contra las y los periodistas en México no es, desafortunadamente, cosa reciente, sino que al menos en la última decada y media se ha disparado de manera alarmante, particularmente en el ámbito estatal. Hay que decir que la violencia se manifiesta de muy diversas variantes, y si bien la forma más visible son las agresiones físicas y verbales, la proliferación de demandas legales por calumnia o difamación y, por supuesto, la limitación de la crítica por la vía de los chantajes monetarios constituyen formas de violentar la prensa libre. Lamentablemente, las medidas gubernamentales adolecen de la desconfianza generalizada, al ser en numerosas ocasiones las propias autoridades la fuente de la violencia, La encuesta aplicada para Worlds of Journalism muestra que menos del 14 % de los periodistas violentados ha encontrado apoyo en las autoridades. 

A pesar del adverso contexto, durante todos estos años diversas publicaciones han resistido los embates y se han mantenido publicando contenido crítico y de cuestionamiento y denuncia sobre los abusos de los poderes políticos y económicos. Hay evidencia que demuestra que un elemento clave detrás de la supervivencia de la prensa crítica en entornos violentos es la presencia de diversos actores que, al proveer de recursos de resistencia a la prensa, se convierten en aliados estratégicos de ésta. 

De acuerdo con una investigación reciente, los contrapesos son clave para la preservación de la prensa crítica. En primer lugar, mayor pluralismo político limita el uso de la publicidad oficial como moneda de cambio y frena la utilización de las demandas judiciales como instrumento de intimidación contra la prensa crítica. Cuando existen congresos locales divididos, el gasto en publicidad sólo alcanza 0.04 % del PIB del estado y dos o menos sentencias por delitos contra la reputación en estados donde aún están tipificados; en cambio, en congresos de mayoría, el gasto en el mencionado rubro puede ser más de tres veces mayor y el número de sentencias por calumnia o difamación alcanza hasta 5 personas al año.

En segundo lugar, también se ha comprobado que un mayor grado de independencia de los poderes judiciales locales está relacionado con un menor número de sentencias por estos delitos. Asimismo, la presencia de organizaciones sociales dedicadas a la defensa de los derechos humanos o la libertad de expresión puede promover que, incluso en contextos violentos, se mantenga el periodismo crítico. Específicamente, la presencia de organizaciones sociales activas puede incrementar el contenido crítico de la prensa local hasta en 15 % comparada con entornos con una o ninguna organización de este tipo. Finalmente, en los estados donde las audiencias tienen hábitos regulares de lectura de noticias, el número de agresiones contra la prensa tiende a ser menor. Esto probablemente está relacionado con que, en aquellos estados en los que la población está más atenta al quehacer de la prensa, los costos de visibilidad por agredir a un periodista son más altos y es más probable que se articulen protestas más amplias. 

Sin embargo, a lo largo de los últimos años, se han ido desmantelando contrapesos esenciales que en algún momento permitieron sostener un sentido crítico desde los medios de comunicación. Con 28 de los 32 congresos locales dominados por una misma fuerza política, una reforma judicial de alta incertidumbre en ciernes y la deslegitimación sistemática de la sociedad civil organizada el panorama se vislumbra muy sombrío para la supervivencia del periodismo crítico y el combate a la violencia contra periodistas. 

El contexto es aún más complejo si consideramos la transformación en el perfil de las audiencias. La percepción distorsionada de la función del periodismo ha llevado a que buena parte de la población vea con escepticismo —o incluso hostilidad— el trabajo de los periodistas, lo cual se convierte en un caldo de cultivo propicio para la manipulación informativa y la multiplicación de cuentas que, a través de las redes, difunden información falsa o malintencionada. Además, el fin de alianzas internacionales, que históricamente sirvieron de apoyo a la prensa independiente, refuerza la vulnerabilidad del gremio.

Frente a este panorama es cierto que el número de agresiones ha disminuido ligeramente en algunos lugares, pero la ausencia de una política nacional clara para abordar el problema sigue siendo alarmante. Aunque la presidenta Sheinbaum se comprometió a revisar el funcionamiento del mecanismo federal de protección a periodistas, intensificar la búsqueda de periodistas desaparecidos en México, y a desarrollar políticas de protección para que evitar la proliferación de zonas silenciadas, a casi medio año de su mandato y cuatro periodistas asesinados sólo en lo que va de 2025 y no hay mejoría visible ni una manifestación clara de voluntad política para incidir sobre el tema.

La tarea es monumental y el camino, incierto. No obstante, es momento de articular esfuerzos desde la ciudadanía, las organizaciones civiles y la prensa misma para recuperar los espacios perdidos y reconstruir los puentes que reconstruyan el vínculo entre periodismo y sus audiencias e incentiven el periodismo crítico. ¿El daño está hecho? Quizá sí, y el entorno es muy adverso, pero aún queda margen para revertirlo.

* Grisel Salazar Rebolledo es académica de Tiempo Completo del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Ibero CDMX. Es investigadora asociada del Seminario Universitario de Transparencia de la UNAM y es integrante del consorcio internacional de investigación Worlds of Journalism.