#PedaleadaPorLaJusticia (Día 5, 6 y 7: Marfa a Langtry 641 km)

blogeditor · 6 de noviembre de 2013

#PedaleadaPorLaJusticia (Día 5, 6 y 7: Marfa a Langtry 641 km)

Por: Alejandra Spector

 

Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds
Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds

No sé donde empezar. No sé donde estoy, estamos perdiendo la noción del tiempo. ¿Estoy alucinando?

Hemos estado en el desierto mucho tiempo, tal vez demasiado tiempo. Es como estar en una novela de Rulfo, los recuerdos empiezan a hablar. Es una tranquilidad sofocante. Los ciclistas batallan contra los elementos, llueve, hay mucho viento, el sol arde. Una palabra que han usado mucho para explicar nuestra situación es: limbo. Una noche cuando no puedo dormir busco la definición y dice que limbo es la orilla del infierno. “Ay, caray”, digo. “Eso es El Paso”.  No sé que tan grande está esa orilla, pero parece que aún no la hemos pasado.

Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds
Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds

[contextly_sidebar id=”7525195a65a883f8307555068984a7d9″]En Maratón, Texas, unas nuevas amistades nos ponen en contacto con el hotel más lujoso de la zona y nos dan dos cuartos gratis. El lugar está precioso, pero en cuanto llegamos los problemas empiezan. Casi no hay Internet en el pueblo, que ha sido un problema desde que entramos a Marfa. Salimos del hotel para buscar un lugar con Internet, pero no sabemos dónde estamos y en toda esa confusión una botella de agua cae encima de la computadora que estamos usando para casi todo. Hay que reconocer que fue un error tonto, pero hemos dormido muy poco y no estábamos pensando bien. Decidimos adelantarnos a San Antonio para poder trabajar y llevar la computadora a la tienda donde tenemos garantía. En el camino el vidrio del carro baja, no lo pudimos subir y parece que va a llover otra vez. ¿Alguien nos echó una maldición?

Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds
Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds

Tomamos la ruta 90 que es una carretera sumamente pintoresca, pero ahí es cuando realmente nos damos cuenta de las lomas y la nada que los ciclistas van a tener que enfrentar en los días que vienen. Llamo a Joe para decirle, parece que no entiende bien. Entiendo eso, es una nada que ya casi no existe en este país.

Llegamos a San Antonio completamente aturdidas y manejamos en círculos por casi una hora, pero por fin llegamos a un hotel y nos instalamos.  Sabíamos que esto no iba ser fácil pero nunca esperamos esto. Quería regresar a mi casa y dejar todo, pero pensé en Carlos y en los Mexicanos en Exilio y eso me ayudó continuar. Dormimos profundamente por casi 8 horas y en esa luz de la madrugada que solo parece salir los fin de semanas todo se veía mejor.

Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds
Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds

El día siguiente no teníamos manera de comunicarnos con el grupo, pero ya habíamos hecho la reservaciones de sus hoteles y entonces no nos preocupamos tanto. Era Día de muertos y la verdad es que era un alivio poder estar sola en ese día. El año pasado Mexicanos en Exilio montó un altar público. Fue la primera vez que algunos enfrentaron las muertes de sus seres queridos. Eran llantos de dolor y coraje que aún reverbera en las paredes del sitio. En comparación, este año estamos haciendo algo de mucho más esperanza, pero hay un poco de nostalgia para ese tiempo. Estamos lejos de casa.

 

Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds
Foto: Jacqueline Armendariz Reynolds

 

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Mexicanos en Exilio  (@mexenex)