blogeditor · 3 de noviembre de 2013
Por: Alejandra Spector

Día 3. Buenos amigos
Todos nos estamos sintiendo un poco estresados. Las prótesis de Carlos han estado frotando contra su piel, causando quemaduras dolorosas, la prensa llama sin parar, y el acceso a Internet es irregular. La respuesta a esta historia ha sido surrealista, increíble, sobre todo si tomamos en cuenta el tamaño de nuestro equipo: en total somos siete personas y un perro.
Carlos, Bennett, Fernando y Víctor son los ciclistas y ya son inseparables. Es una amistad sencilla y sin condiciones que es común en la niñez, pero rara vez en los adultos. Conduciendo por delante en una camioneta Dodge 1990 va Joe, el suegro de Bennett, que para cada 10 kilómetros para asegurarse de que tienen suficiente agua, alimentos y medicina. Joe es un científico jubilado de California, un hombre alto y desgarbado, con una larga barba gris cuyo mejor amigo es un chihuahua blanco rescatado de las calles de Los Ángeles que se llama Charlie. Charlie es un perrito dulce, pero nos da la sensación de que él piensa que estamos locos. Por último, estamos Jacqueline y yo. Jacqueline es una fotógrafa talentosa y diseñadora de páginas. Yo también formo parte del equipo, escribo el blog y organizo eventos a lo largo del camino. Nosotros llegamos al destino antes que los ciclistas para que puedan enfocarse en la pedaleada y no los detalles de la campaña.

Llegamos a El Cosmico, un campamiento/hotel pequeño pero bonito en Marfa, Texas y nos instalamos en el lobby para trabajar. La prensa no paraba de llamar, pero no podían sacar sus entrevistas porque los ciclistas se habían retrasado mucho debido a los problemas con las piernas de Carlos y un viento fuerte que los empujaba mientras intentaban pedalear. Una llovizna y tres periodistas les dió la bienvenida, Carlos sonrió pero se veía cansado.

Después de la entrevista teníamos hambre, entonces subimos a la camioneta de Joe y fuimos a uno de los pocos lugares que aún estaba abierto a esa hora. Era más elegante de lo que esperábamos, pero los olores que emanaba de la cocina nos obligó a quedarnos. No pasó mucho tiempo para que fuéramos objeto de la atención de la pareja sentada junto a nosotros. Después de charlar nos enteramos de que habían vivido en la frontera de Matamoros y no eran ajenos a las realidades de la violencia. La mujer empezó a llorar y antes de salir nos desearon buena suerte. Unos minutos más tarde la mesera se nos acercó y nos informó de que habían pagado las cena de todos. Después de todo lo que hemos vivido, a veces nos resulta difícil creer en la bondad humana, pero aquí estaba muy presente. Nos conmovió mucho, Carlos casi lloró.
Volvimos al camping con los corazones y estómagos llenos. Los cuatro ciclistas se metieron a dormir en la misma carpa, la noche estaba muy fría y el calor de sus cuerpos los ayudo soportarlo. Joe y Charlie se acurrucaron en la camioneta, como de costumbre, y Jacqueline y yo temblamos en otra carpa a pesar de las sábanas y mantas extras. El día siguiente íbamos descansar.
Día 4. Halloween

Dedos congelados y la promesa de café caliente nos saca de nuestras carpas temprano. Carlos y yo nos alistamos y apenas tenemos tiempo para comer unos deliciosos huevos fritos de Joe antes de una entrevista con la Radio Pública de Marfa. Es una entrevista intensa de 40 minutos que se complica porque trato de traducir simultáneamente. Cuando termina, Carlos y yo respiramos profundamente y reímos nerviosamente, pero todo el mundo es muy amable y nos asegura que fue muy bien.
Regresamos a El Cósmico y nos topamos con Carlos Spector, abogado de inmigración y fundador de Mexicanos en Exilio. Trae unas cobijas extras y herramientas para arreglar las piernas de Carlos. “Para el hombre robot”, dice alegremente. Nos reímos y Carlos empieza a trabajar, siguiendo cuidadosamente las direcciones de Eddy le entrega su prótesis.

El grupo se separa. Los ciclistas, a excepción de Carlos, exploran la ciudad en bicicleta y nosotros vamos a la estación de radio para más entrevistas y un almuerzo gratis que Food Shark, un restaurante ambulante, había donado. Llegamos justo al momento que un flash mob de niños vestidos como zombis comienzan a bailar Thriller de Michael Jackson. Carlos ríe y dice que “es como estar en una película”, y por alguna razón que aún no entiendo muy bien tengo unas ganas de llorar. Los niños son lindos y adorables y nos acomodan en la plaza para un delicioso plato de cerdo y frijoles. Marfa es pueblito bien chiquito y vemos a casi todos sentados en la plaza. El Cósmico tiene una fiesta de Halloween programada y hacemos planes para ver a nuestros nuevos amigos esa noche.

Ha sido un día fresco y lleno de sol, pero cuando cae el sol es necesario usar una chamarra. El Cósmico se llena de niños disfrazados de brujas y superhéroes que vienen a pedir dulces y los ciclistas van al centro para comprar disfraces. No tienen mucha suerte porque sólo hay una tienda y el pueblo había comprado todo. La fiesta para los adultos se inicia y Carlos se ve súper contento, posando para fotos y disfrutando el espectáculo que es Halloween en los Estados Unidos. El cielo está lleno de estrellas y respiramos aire mucho más limpio del que estamos acostumbrados. Desafortunadamente, tenemos que salir muy temprano el día siguiente, así que nos metemos a las carpas antes de que la fiesta realmente empiece. El equipo técnico reza por una mejor conexión al Internet y estamos agradecidos por las almohadas y cobijas extra. En la mañana esperamos a Fox News Mundo y varios otros ciclistas que nos acompañarán hasta llegar a Alpine. Tratamos de dormir a pesar de la música y ruido que llena un pueblo que es normalmente mucho más tranquilo.
Para la paz y justicia