blogeditor · 31 de octubre de 2013
Por: Alejandra Spector

El timbre del teléfono nos despierta a las 6 de la mañana, sacándonos de camas calientes que aún no queremos dejar. Era la prensa queriendo una entrevista. Alguien calentó café, un espejismo de una cuidad nos guiñó del horizonte. La entrevista tomó mas de lo previsto, el sol empezó a salir de las montañas, el aire ya no se sentía tan frío… íbamos tarde. Por fin pudimos salir. Los nervios del día anterior habían disminuido con el reconocimiento del trabajo que esperábamos. Esto no va a ser fácil.

Cuando Carlos nos propuso la idea todos se emocionaron. No nos sorprendió cuando el público respondió de la forma en que han respondido, nosotros sabemos que es él. Su naturaleza simpática y humildad es sincera y lo queremos mucho. Desde el principio entendimos que esto iba ser algo grande e importante, pero la verdad es que no estábamos listos para todo lo que viene con una campaña tan grande.

Mexicanos en Exilio representa 250 individuos en el proceso de asilo político, y casi todos fueron casos que hicimos sin cobrar. Tenemos un abogado que representa a todos y tres empleados que no trabajan tiempo completo. Hacemos este trabajo por el amor de nuestra comunidad, pero el amor no es suficiente; algo de esta magnitud requiere mucho trabajo. Mientras Carlos entrenaba horas extras nosotros trabajamos más, llamando a la gente, hablando con la prensa y tratando de juntar los fondos necesarios para empezar. Caímos varias veces, pero cada vez nos hemos levantado. A veces dormimos poco, pero cuando sabes por qué estás trabajando, resulta mucho más fácil. En el transcurso del día Carlos empezó a sentir dolor en sus piernas, pero cuando sugerimos que parara, río, se puso unas curitas y continuó.



El grupo está sacando un ritmo, dependiendo uno de los otros y aprendiendo cómo trabajar como apéndices del mismo cuerpo. Cuando el día termina todos se reúnen para discutir qué vieron, con quién hablaron y la agenda para el día que sigue. Todos están felices. Desde la habitación del hotel donde estamos escuchamos las voces de los ciclistas, hablando fuerte y carcajeando, no pueden dormir por la emoción y endorfinas. Nosotros tampoco podemos dormir debido al dolor que tenemos en la cabeza, un resultado de estar en frente de una pantalla por once horas, pero de todas formas continuaremos.
Para la paz y justicia
Mexicanos en Exilio (@mexenex)