Redacción Animal Político · 18 de junio de 2024
A pesar de que junio es el mes socialmente asignado al movimiento LGBTIQ+, no podemos olvidar que también se conmemora a las paternidades en muchos lugares del mundo. Para México, esta celebración tuvo lugar el pasado domingo, pero ¿de dónde surge? Su historia se sitúa en Estados Unidos tras la implementación del día de la Madre, fue Louise Smart Dodd y su necesidad por valorar el papel de los padres en las familias tradicionales de la época (pues fue hija de un padre viudo que se hizo cargo de seis pequeños), quién comenzó con la idea conmemorativa.
Sin embargo, el festejo se logró concretar hasta el 19 de junio de 1910 y no precisamente por las mismas razones. Desafortunadamente, el 6 de diciembre de 1907 se suscita una tragedia minera en Monongah, Virginia Occidental, episodio que dejó más de 1000 huérfanos en cuestión de horas. Razón suficiente para repensar el valor de los padres en la sociedad.
En la actualidad, los movimientos feministas y las organizaciones que promueven los derechos humanos han colaborado en los procesos de deconstrucción de las paternidades. No obstante, a pesar de que los contextos han cambiado y hoy existen diversas formas de llevar las realidades dentro de la familia, continúan cuestionamientos al respecto. Por ejemplo, en el Censo de Población y Vivienda del 2020, se estima que en México había 21.2 millones de hombres que se identificaban como padres de al menos una hija o un hijo que reside en la misma vivienda, entonces ¿ser padre se limita a vivir bajo el mismo techo y ser quien lleva dinero a casa?
Poco a poco los varones se han involucrado más en la crianza de sus hijos e hijas, y es justo esta generación comúnmente llamada “millenial”, la que ha abonado a la transformación del imaginario de ser padre. En la encuesta antes mencionada podemos observar que el 25 % de la población que reportó ser papá, tenía entre 30 y 39 años. Desde mi experiencia como hombre de 33 años, padre e hijo, he podido notar el aumento de injerencia y presencia de los jefes de familia en sus hogares. En nuestra niñez, era común que la mayoría de los padres no fueran por sus hijos a la escuela, mucho menos que se les viera en los festivales escolares. Era complicado poder compartir con tu padre los problemas de la escuela, ni qué decir de los problemas personales.
Hoy, en un contexto diferente y con los estigmas cada vez más reflexionados, nos hemos hecho conscientes de las ausencias afectivas que tuvimos. Las actitudes de nuestros padres inmersas en el machismo eran tan normales, que no nos dimos cuenta de los vacíos emocionales que se creaban. La incapacidad de mostrarnos débiles, de llorar, de ser sentimentales o vulnerables, hizo parte de nuestra vida hasta la adultez. No es sino hasta el momento donde todos esos sentires reprimidos nos rebasan (y aún así somos incapaces de mostrarnos desde la sensibilidad con nuestra pareja), que nos damos cuenta la falta o nula educación emocional que tenemos.
Actualmente puedo decir que es más común ver a padres de familia haciendo fila a la hora de la salida de las escuelas, en los festivales o en las juntas bimestrales. Lo mismo pasa con las labores del hogar que históricamente han sido acuñadas al rol de la mujer, ya sea madre, abuela, hija o nieta. Un gran número de padres jóvenes tienen la disposición de pensarse como personas responsables, padres presentes y sobre todo personas funcionales capaces de llevar a cabo cualquier labor de crianza y cuidados. Estos cambios responden al dinamismo social y a las nuevas formas de relacionarnos, fenómeno que sin duda ha marcado un antes y un después en diversos ámbitos de nuestras vidas. El rol de padre no escapó a ello.
Un aspecto importante para repensar la paternidad fue la pandemia causada por el COVID-19, pues permitió reformular la cotidianidad de las familias debido al encierro obligatorio durante el año 2020 y el 2021. En este sentido, resaltó el cambio de esquemas laborales ya que la encuesta realizada por IPADE Business School, reveló que durante la pandemia el 68% de los trabajadores mexicanos laboró bajo el esquema de Home-Office a tiempo completo y otro 11% lo hacia de manera híbrida.
Dentro de este tiempo, es importante resaltar que no todo fue miel sobre hojuelas, ya que dentro de la llamada “nueva normalidad”, el indice de violencia contra las mujeres aumentó. Del 2019 al 2020, hubo un incremento del 4.7% en los casos de abusos en el hogar, lo que reitera el cuestionamiento inicial ¿Basta con ser proveedor para ser llamado padre de familia? ¿No es necesario ser una buena pareja también, un buen padre, una buena persona? Ser padre va más allá de aportar economía y sustento, aunque también hay quienes prefieren deslindarse de sus responsabilidades y ser ausentes.
Prueba de ello son las 4.18 millones de madres solteras y jefas de familia. Mujeres y madres mexicanas que sin duda han sacado adelante a millones de infancias solas. Al respecto, es necesario cuestionar la responsabilidad de los millones de hombres que son progenitores, visibilizar estos temas sin generalizar y sobre todo, respetando y promoviendo la equidad de género. Esto último nos invita a pensar en ¿por qué la encuesta es de madres solteras y no de padres ausentes?. Es tiempo de que los varones de este país asumamos el papel y las responsabilidades que nos corresponden. Pensar en paternidades dignas y justas, es ser resilientes al cambio, tener apertura a la escucha, aceptar nuestro pasado y pensar en el futuro que queremos para nuestras hijas e hijos.
* Moisés Abraham Hernández Lemus es colaborador del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria A. C. (@CDHVitoria).