Redacción Animal Político · 5 de noviembre de 2025
El anuncio de los cambios que se preparan para el Paseo de Montejo, en Mérida, Yucatán, merece un análisis cuidadoso. Las autoridades presentan la propuesta como una modernización vial y urbana, pero a la luz de los principios de salud urbana, movilidad sostenible y seguridad vial, estas intervenciones resultan preocupantes. En lugar de apuntalar un entorno verdaderamente habitable y seguro, podrían profundizar viejos sesgos hacia el automóvil privado, la segregación del espacio público y el confort vehicular, debilitando al mismo tiempo el bienestar colectivo.
En resumen, las modificaciones del Paseo Montejo son las siguientes:
A primera vista, podría parecer una solución para “mejorar el flujo”, pero sabemos que más espacio para autos suele generar más velocidad y maniobras de riesgo, afectando a peatones y ciclistas. Las ciclovías implementadas en Paseo de Montejo y el plan más amplio de infraestructura ciclista en Mérida han demostrado que la construcción de carriles seguros para bicicletas promueve un aumento real del uso de este modo de transporte. Según datos de los Conteos Ciclistas realizados en la ciudad, la instalación de una ciclovía de apenas 1.6 kilómetros permitió duplicar el número de viajes en bicicleta en ese corredor. Revertir esta infraestructura o rodearla de más carriles para automóviles no sólo desincentiva la movilidad activa, sino que expone a las personas que ya circulan en bicicleta a un riesgo mayor de accidentes.

El impacto negativo se extiende también al entorno urbano. El Paseo de Montejo es un bulevar histórico, con árboles, jardines y arboledas que proporcionan sombra y un microclima más agradable para quienes caminan. La retirada de jardineras y la ampliación de carriles vehiculares incrementan la superficie pavimentada, elevando la temperatura local, reforzando las islas de calor y aumentando el disconfort térmico para peatones. En un contexto como el de Mérida, con altas temperaturas gran parte del año, esto no es un detalle menor: implica mayor estrés térmico, mayor dependencia del aire acondicionado y menos calidad de vida. Además, la ampliación de carriles para automóviles significa más ruido y más emisiones, deteriorando el espacio público y afectando especialmente a personas vulnerables, como niños, personas mayores o con movilidad reducida.
Más allá de los impactos físicos y ambientales, existe un déficit de participación ciudadana que preocupa. Las transformaciones planteadas parecen responder principalmente a intereses económicos y políticos de unos pocos, incluyendo sectores hoteleros y turísticos, en lugar de priorizar el bienestar de la comunidad. La intervención se plantea sin procesos amplios de consulta ciudadana o participación de colectivos y sociedad civil. Cuando las decisiones se toman desde arriba, sin involucrar a quienes usan diariamente la calle, el espacio público pierde su carácter de derecho colectivo y se convierte en un escenario que privilegia a privados sobre las personas.

En lugar de invertir en más carriles para coches, el Paseo de Montejo debería convertirse en un ejemplo de ciudad saludable y equitativa. Reducir el espacio para vehículos, implementar límites de velocidad efectivos, reforzar la vegetación, expandir ciclovías segregadas y mejorar la calidad del pavimento peatonal son medidas que realmente aumentarían la seguridad, la salud y la calidad de vida de todas las personas. La propuesta actual, en cambio, favorece el tránsito automotor en detrimento de los modos de transporte más sostenibles y seguros, aumentando el riesgo de siniestros, la contaminación, el calor urbano y la exclusión de quienes no usan coche.
La comunidad de Mérida merece un Paseo de Montejo que refleje valores de equidad, sostenibilidad y salud urbana, y no solamente los intereses de unos pocos. La ciudad no necesita más carriles para automóviles; necesita calles que prioricen la vida, la movilidad activa y la participación ciudadana. Solo así podremos transformar un espacio histórico en un lugar habitable, seguro y atractivo para todas las personas.
* Sergio Andrade-Ochoa ( @rat_inside ) actualmente es catedrático-investigador de la Universidad Autónoma de Chihuahua y líder del proyecto de Estrategia Misión Cero. Ha sido reconocido por la International Youth Foundation, Fundación MAPFRE, la Federación Latinoamericana de Asociaciones Químicas, el Gobierno del Estado de Chihuahua, la Secretaría de Desarrollo Social y Rotary International por sus contribuciones en materia de derechos humanos, salud pública, ciencia y tecnología.