Partería: una alternativa ante la violencia obstétrica

Jorge Avila · 4 de mayo de 2026

Partería: una alternativa ante la violencia obstétrica

La partería es una alternativa en la atención de la salud reproductiva y quienes la ejercen asumen un rol activo en la erradicación de la violencia obstétrica. Sin embargo, la falta de reconocimiento e impulso desalienta la labor de las parteras, reduce las opciones de las mujeres y personas gestantes para decidir cómo atender sus embarazos, partos y puerperios, y deja de lado los beneficios de su inclusión en el sistema de salud.

Durante el taller “Violencia obstétrica. Diálogos interdisciplinarios entre academia, activismos y profesionales del cuidado”, convocado en junio del año pasado por GIRE, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y el Instituto Uehiro de la Universidad de Oxford, se compartieron experiencias y perspectivas sobre los cambios que se requieren para garantizar una atención obstétrica respetuosa de los derechos humanos.

El diseño metodológico y la facilitación del taller estuvieron a cargo de Colmena Consultoras. Asistieron 39 personas de la Ciudad de México y su zona metropolitana, quienes, en cuatro mesas de trabajo multidisciplinarias, abordaron la conceptualización, los alcances y los desafíos de esta problemática, así como las posibilidades y estrategias para prevenirla y eliminarla: 1) personas médicas especialistas en ginecobstetricia; 2) enfermeras obstetras, parteras profesionales y pasantes de la licenciatura en enfermería y obstetricia; 3) enfermeras especialistas perinatales y profesionales del ámbito gerencial; y 4) personas tomadoras de decisiones en el sector salud y en la formación de recursos humanos en salud.

Hubo una gran diversidad de conocimientos y opiniones, incluso entre personas con un mismo perfil profesional o ámbito laboral; el diálogo permitió reconocer las manifestaciones y consecuencias que dicho término busca visibilizar; y mostró un avance en la disposición del personal de salud para la reflexión en torno al tema.

Las personas participantes definieron la violencia obstétrica de manera similar: aquella ejercida a través de actos u omisiones durante el proceso de atención de la persona gestante, que tiene repercusiones físicas, psicológicas o sociales. Asimismo, la reconocieron como una intersección entre la violencia de género y la violencia institucional.

Al mencionar otros conceptos con los que se vincula, se refirieron a aquellos que forman parte de definiciones académicas: institucionalización, medicalización, asimetría de poder, maltrato, uso de lenguaje inapropiado o violento, entre otros. En particular, el grupo de enfermeras y parteras destacó que se trata de una experiencia vivida, con raíces profundas ancladas a determinantes socioculturales, por lo que se asocia con otros conceptos también complejos: culpabilización, jerarquía, cuerpo sustraído, vulneración, castigo o despojo.

Respecto a las implicaciones de emplear el término violencia obstétrica en los contextos laborales y profesionales, la mayoría de los grupos —excepto el de las enfermeras y parteras— señaló de manera similar aspectos positivos y negativos. Entre los positivos se encuentran: visibilizar el fenómeno, empoderar a las personas, mejorar la calidad de la atención y avanzar en la garantía de los derechos humanos de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Mientras que en los negativos: riesgo de criminalización, señalamientos y estigma, judicialización que derive en un ejercicio defensivo de la medicina e invisibilización de la falta de recursos materiales o humanos.

Las parteras y enfermeras explicaron que en su práctica profesional las implicaciones son diferentes y singulares: se reconocen como una alternativa de atención elegida por mujeres y personas gestantes que quieren evitar experiencias de este tipo de violencia y, debido a ello, se asumen como profesionales involucradas de forma activa en erradicarla. Sin embargo, señalaron también que la decisión de acudir con una partera o enfermera obstetra puede convertirse en motivo de discriminación, culpabilización o señalamiento en los servicios de salud:

“Cuando nombramos la violencia, cuando le hacemos frente, se nos violenta de regreso. Nos pone en un lugar vulnerable entre las mujeres y las instituciones, nos genera frustración y cansancio. La violencia obstétrica puede ser tan amplia que a las parteras nos vuelve cómplices cuando laboramos dentro de las instituciones. Hacer evidente la violencia obstétrica y nombrarla es sinónimo de incomodar, ser alarmistas y tiene repercusiones […]”.

Dado que la violencia obstétrica se manifiesta de múltiples formas y obedece a diversas causas y factores, la respuesta debe contemplar distintos niveles de intervención. Por ejemplo, en lo relativo a la formación de personal no médico especializado en atención obstétrica —como enfermeras, enfermeras obstetras, enfermeras perinatales y parteras profesionales—, se destacó la necesidad de fortalecer la integración de equipos multidisciplinarios y se propuso incorporar estos perfiles en posiciones de liderazgo y como docentes dentro de sus propias disciplinas, reconociendo el valor de su enfoque y la experiencia en la atención de los casos de bajo riesgo, así como en la comprensión de los procesos fisiológicos.

En el marco del Día Internacional de la Partera, cabe recordar lo que desde GIRE hemos señalado: la partería es una alternativa para aliviar la carga que la atención del parto imprime al sistema de salud. Considerar las experiencias y propuestas plasmadas en los diálogos interdisciplinarios puede contribuir no solo a hacer frente a problemas estructurales como la saturación de los servicios, sino también a diversificar rutas para la difusión, prevención y erradicación de este tipo de violencia, lo cual incluye el reconocimiento de la labor que realizan las parteras desde distintos espacios y enfoques.

@GIRE_mx