blogeditor · 19 de febrero de 2018

Paraíso de Tuiuti es una escuela de samba que pertenece al Morro del mismo nombre, favela ubicada en el barrio de San Cristóbal: municipio de Río de Janeiro. Comunidad asolada, como muchas otras similares, por la violencia criminal que se atiende desde hace años (en la eufemística jerigonza urbano-policiaca, de uso corriente en lugares como Río) por la Unidad Pacificadora (UPP).
El tuiuiti (o tuyutí) representa al ave símbolo del Pantanal, del destrito de Matto Grosso del Sur: cigüeña jabirú, que -por cierto- se encuentra en peligro de extinción en México. El nombre quizá se refiera, en definición alterna, a la batalla del mismo nombre librada en 1866 por los ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay que se enfrentaban al de Paraguay, durante la Guerra de la Triple Alianza.
La escuela, cuyos integrantes pudieron reponerse del trauma que produjo el accidente de uno de sus carros alegóricos que arrolló a la concurrencia el año pasado, provocando la muerte de una persona y lesiones de varias más, volvió a participar en el Carnaval de Río de Janeiro este año con mucho éxito y un tema harto inquietante.
Su puesta en escena, cuyo título era Mi Dios, Mi Dios, ¿está extinta la esclavitud?, se considera -de botepronto- un parteaguas en la historia de la celebración carioca; una reflexión carnavalesca que no podía sustraerse de la abierta burla política, con dedicatorias puntuales y críticas incisivas.
Ésta es la opinión extraída de la crónica de un diario argentino:
El mito según el cual los brasileños aprovechan el carnaval para olvidar todos sus males fue derribado por las escuelas de samba del Grupo Especial de Río de Janeiro, que el pasado domingo, en su primera noche de desfiles en el sambódromo, criticaron duramente a funcionarios y abordaron problemas graves que atraviese el vecino país.
La escuela Paraíso de Tuiuti, con un desfile titulado “Mi Dios, mi Dios, ¿está extinta la esclavitud?”, denunció el prejuicio y los problemas que aún sufren los negros en Brasil, pese a ser mayoría de la población, exactamente 130 años después de la firma de la ley que abolió la esclavitud.


Esta escuela llevó al sambódromo una enorme carroza representando un moderno navío negrero en el que el presidente de Brasil vestido de vampiro, en una clara referencia a Michel Temer, comanda reformas neoliberales que violan los derechos de los trabajadores.
Acá, el clip oficial de la canción elegida para representar a Paraíso de Tuiuti.
Y la letra, en traducción aproximada, del enredo:
No soy esclavo de ningún señor
Mi Paraíso es mi bastión
Mi Tuiuti, el quilombo de la favela
Es centinela en la liberación
Hermano de ojo claro o de Guinea
¿Cuál será su valor?
Pobre artículo de mercado
Señor, yo no tengo su fe,
ni tengo su color
Tengo sangre rojiza
El mismo que escurre de la herida
Muestra que la vida
se lamenta por nosotros dos
Pero falta en tu pecho un corazón
Al darme la esclavitud
y un plato de frijol con arroz
Yo fui mandinga , cambiada, haussá
Fui un Rey Egbá
preso en la corriente
Sufrí en los brazos de un capataz
Morí en los cañaverales
donde se plantaba gente
¡Ése, Calunga,
éh! ¡Ése, Calunga!
Negro Viejo me contó,
Negro Viejo me contó
¿Dónde vive la Señora Libertad?
No tiene hierro ni feitor
Éh, Calunga
Negro Viejo me contó
¿Dónde vive la Señora Libertad?
No tiene hierro ni feitor
Amparo del Rosario al negro Benedicto
Un grito hecho piel del tambor
En el noticiero, con lágrimas escrito
Un rito, una lucha, un hombre de color
Y así, cuando la ley fue firmada
Una luna aturdida asistió fuegos en el cielo
Áurea hecho el oro de la bandera
Fui a rezar en la cascada
contra la bondad cruel
¡Dios mío! ¡Dios mío!
Si yo lloro, no lleves la maldad
Por la luz del candelero
Libera el cautiverio social
¡Dios mio! ¡Dios mio!
Si yo lloro, no lleves la maldad
Por la luz del candelero
Libera el cautiverio social
El espectáculo abordó las consecuencias –inmediatas, en su tiempo, y futuras para el nuestro- de la Ley Áurea de 1888, que proscribió en definitiva la esclavitud en ese país diecisiete años después de la Ley del Vientre Libre, que eximía a los hijos e hijas de esclavos de esa condición a partir del 28 de septiembre de 1871. La pregunta de fondo, nada retórica terminó siendo: ¿Está la población de origen africano (y por extensión, la de otros sectores vulnerables brasileños), emancipada ya en pleno siglo veintiuno?

77 años. Su esposa trofeo tiene treinta y tres. Se mudaron del Palacio Presidencial porque ‘hay fantasmas’.
La respuesta negativa corrió por cuenta del nefasto presidente accidental Michel Temer, transformado para la ocasión en Drácula neoliberal con investigaciones en su contra truncadas desde octubre de 2017 por obra y gracia de las fracciones –implicadas y cómplices- en el Congreso controlado por él y su mafia de fanáticos compinches. Algo que tampoco nos es extraño, acá en México.


La obra también incluyó una crítica a las multitudinarias movilizaciones en contra, y al eventual impeachment de la ex presidenta Dilma Roussef. Lo efímero contemporáneo, procesado con humor por el filtro de lo trascendente.
La corrupción generalizada, con cárcel para implicados en la iniciativa pública y privada en los casos Lava Jato y Odebrecht (con inexistentes consecuencias, hasta ahora, en la República Mexicana) fueron motivo implicado de la intervención del contingente Tuiuti.
Lo peor de todo, en el entorno ajeno al Carnaval, es que algunos de los peores esperpentos de la política en Brasil gozan de cabal salud y podrían prosperar hasta la cima: tanto como como el ladrón Temer.

Ese país debe contemplar la probable candidatura a la presidencia de Jair Bolsonaro: aprendiz de nazi, apologista de la dictadura y misógino atrabiliario (quien se refirió en 2014 a una colega diputada, crítica de su gestión, ‘explicando’ en entrevista que ella no merecía la pena ser violada por él, pues ‘es muy fea’; sentimiento compartido –en otro contexto, pero con idéntica intención, y en fecha todavía más reciente- el mismísmo presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump).
Bolsonaro: ex militar desquiciado y policía, congresista por el Partido Social Cristiano, favorito de la derecha en encuestas preliminares de preferencia electorales.
Hay otros ejemplos como el suyo.
Retomando la crónica de El Sur de La Plata.
Mangueira, la sexta de las siete que desfilaron esa noche, aludió directamente a la crisis económica del país, que el año pasado comenzó a recuperarse de la recesión más profunda en varias décadas, y a los consecuentes problemas de financiación de las propias escuelas y del carnaval.
La escuela más popular de Brasil lanzó duras críticas al alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella, un pastor de un grupo evangélico que considera el carnaval como pecaminoso, por su decisión de recortar los presupuestos para las fiestas y de darle poca importancia al evento más convocante de Río.

“Pecado es no disfrutar el carnaval”, decía un letrero en una de las carrozas de Mangueira, que exhibió una imagen del alcalde como Judas y del que dijo que “no sabe lo que hace”.
Son los usos profundos de la sátira en fiestas de Carnaval.